El presidente Barack Obama anunció en El Salvador que EE.UU. proporcionará $200 millones de dólares como parte de un programa para combatir el narcotráfico y el crimen organizado en Centroamérica.
Según el presidente, el programa debe contribuir a los esfuerzos de seguridad en la región en virtud de una estrategia conjunta que los países del área desarrollarán por sí mismos en los próximos meses.
De acuerdo con la Casa Blanca, entre los participantes en la iniciativa figurarán México, Colombia, Chile, España, Canadá, y también la Unión Europea y el Banco de Desarrollo Interamericano.
En una rueda de prensa al término de una reunión de más de una hora con el mandatario salvadoreño, Mauricio Funes, Obama resaltó la idea de tener fronteras más seguras combatiendo la pobreza y los factores sociales que lanzan a los jóvenes en brazos del crimen organizado.
Al referirse a la inclusión de El Salvador en el programa de Socios para el Crecimiento, el presidente señaló que los dólares son importantes, pero tienen que ir de la mano de reformas institucionales. “No se puede seguir esperando que el desarrollo venga de afuera”, dijo.
También anunció otra iniciativa para un mejor control fronterizo, la “Alianza para los Cruces” y dijo que EE.UU, colaborará con los pases en la región “para hacer las fronteras más eficientes y más seguras, de modo que alentemos el comercio y el crecimiento económico en lugar de limitarlo”.
Obama resaltó la idea puesta de relieve por el presidente Funes de eliminar las causas que hacen pensar a la gente que tiene que ir “hacia el norte” para poder alimentar a sus familias, y dijo seguir creyendo en la necesidad de que EE.UU. realice una reforma migratoria integral. “No va a ser fácil”, dijo, pero indicó que confía que a la larga pueda lograrse.
Por su parte, Funes dijo que la pobreza y la exclusión social han propiciado el terreno fértil en la región para los delincuentes y narcotraficantes, y señaló que hay que invertir más en políticas de prevención, pero también atacar la demanda de narcóticos. “Si consumo no hay oferta”, subrayó.
A raíz de la llegada de Obama a San Salvador se registró un sismo de 3,1 grados en la escala de Richter, sin mayores consecuencias, puesto que las autoridades no reportaran ni daños ni víctimas,
La casa Blanca informó que la visita de Obama fue recortada unas horas y que el presidente regresará el miércoles por la mañana a Washington. La hora de partida será a las 11.00 horas locales (17.00 GMT), en lugar de las 13.30 horas previstas en el programa original.
El adelanto de la partida motivó la cancelación de una visita al sitio arqueológico Joya de Cerén, y en su lugar Obama sostendrá una teleconferencia con sus asesores antes de regresar a Washington.
La llegada
El presidente de EE.UU. fue recibido por el mandatario Mauricio Funes, en la Casa Presidencial salvadoreña para discutir temas de interés bilateral y afianzar la relaciones entre los dos países.
Acompañados por sus respectivas esposas e hijos, ambos mandatarios se saludaron y, posteriormente, entraron al Palacio para la reunión, después de la cual ofrecerieron la conferencia de prensa conjunta.
Obama y su esposa, Michelle Obama, partieron de Santiago de Chile para la última escala de su gira por América Latina en San Salvador.
El alcalde de San Salvador, Norman Quijano dio la bienvenida a la familia presidencial, entregó las llaves de la ciudad al presidente Obama y lo declaró visitante ilustre y huesped de honor.
La agenda incluye una cena oficial en el palacio presidencial salvadoreño. La señora Obama también se reunirá durante el día con jóvenes salvadoreños.
La visita a la Catedral Metropolitana y a la cripta de monseñor Oscar Romero, planeada para el miércoles 23 de marzo, se realizará esta misma tarde, según informaron autoridades hondureñas.
Espacio dedicado al seguimiento y análisis de distintos temas de la agenda internacional, que presta especial atención a los países de América Latina frente a los desafíos y oportunidades de la dinámica globAL.
20 mar 2012
Con dinero de EE. UU., Colombia entrenaría a otros países en seguridad
El país ha capacitado a unos 11.000 uniformados de Centroamérica que sufren el narcotráfico.
Una partida de 18 millones de dólares asignó la Comisión de Apropiaciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos para que Colombia entrene a policías y militares de Centroamérica y el Caribe en la lucha contra el narcotráfico.
De ser aprobados estos recursos por el Congreso, se convertirían en una ayuda adicional a la que Washington entrega a Colombia cada año y que para el 2013, según la propuesta de la Casa Blanca, sería de 330 millones de dólares.
Lo que el programa de seguridad busca es que Colombia, dada la gran experiencia en la lucha contra el narcotráfico, comparta sus conocimientos con otros países que hoy sufren ese flagelo.
A la fecha, el país ha entrenado a unos 11.000 policías y militares de Centroamérica, particularmente de México, Honduras y Guatemala.
El gobierno colombiano venía insistiendo en este tema desde hace dos años, y en abril pasado, durante la Cumbre de las Américas en Cartagena, los presidentes Barack Obama y Juan Manuel Santos lo retomaron. Los mandatarios hablaron de los términos, pero no de los fondos para financiar el programa.
EE. UU. ya había aportado algunos fondos para este programa (ayudó en la construcción de una academia para el entrenamiento), pero fueron recursos menores y sacados de la ayuda regular.
Pero los recursos adicionales para Colombia pueden ser aún más. El presupuesto aprobado por la Cámara incluye 30 millones de dólares adicionales -si se compara con la solicitud de Obama a comienzos del año-, con lo que la ayuda subiría a 360 millones en el 2013. Al Ejército, por ejemplo, se le eleva en un 25 por ciento (de 30 a 40 millones).
Fuente: http://www.eltiempo.com/politica/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-11831403.html
Una partida de 18 millones de dólares asignó la Comisión de Apropiaciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos para que Colombia entrene a policías y militares de Centroamérica y el Caribe en la lucha contra el narcotráfico.
De ser aprobados estos recursos por el Congreso, se convertirían en una ayuda adicional a la que Washington entrega a Colombia cada año y que para el 2013, según la propuesta de la Casa Blanca, sería de 330 millones de dólares.
Lo que el programa de seguridad busca es que Colombia, dada la gran experiencia en la lucha contra el narcotráfico, comparta sus conocimientos con otros países que hoy sufren ese flagelo.
A la fecha, el país ha entrenado a unos 11.000 policías y militares de Centroamérica, particularmente de México, Honduras y Guatemala.
El gobierno colombiano venía insistiendo en este tema desde hace dos años, y en abril pasado, durante la Cumbre de las Américas en Cartagena, los presidentes Barack Obama y Juan Manuel Santos lo retomaron. Los mandatarios hablaron de los términos, pero no de los fondos para financiar el programa.
EE. UU. ya había aportado algunos fondos para este programa (ayudó en la construcción de una academia para el entrenamiento), pero fueron recursos menores y sacados de la ayuda regular.
Pero los recursos adicionales para Colombia pueden ser aún más. El presupuesto aprobado por la Cámara incluye 30 millones de dólares adicionales -si se compara con la solicitud de Obama a comienzos del año-, con lo que la ayuda subiría a 360 millones en el 2013. Al Ejército, por ejemplo, se le eleva en un 25 por ciento (de 30 a 40 millones).
Fuente: http://www.eltiempo.com/politica/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-11831403.html
14 mar 2012
Triángulo norte, vital en lucha antidrogas
El funcionario para asuntos de narcotráfico de Estados Unidos visitará Guatemala, El Salvador y Honduras.
El subsecretario de Estado de la Oficina de Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley, William Brownfield, anunció ayer una gira para finales de marzo en los países del llamado triángulo norte: Guatemala, El Salvador y Honduras. El funcionario estadounidense es uno de los responsables de la ejecución de la Iniciativa Regional de Seguridad para América Central (CARSI, en inglés), que prevé donar $361 millones a una región considerada como importante ruta de cocaína hacia Estados Unidos.
Brownfield, quien visitó El Salvador en febrero de 2011, dijo, a través de una videoconferencia, que espera reunirse con autoridades de los tres países. Especificó que ofrecerá helicópteros a Honduras para el combate al narcotráfico. En ese país visitará la cárcel de Comayagua, donde murieron 361 internos en un incendio el pasado 14 de febrero.
El funcionario agregó: “Los tracks (sic) de radar indican que la gran mayoría del tráfico aéreo y más de la mitad del tráfico marítimo de la droga ilícita que entra a América Central entra por Honduras y Guatemala”.
Brownfield dijo que CARSI implica un apoyo a los siete países de Centroamérica, a través del Sistema de Integración Centroamericana, pero puntualizó que el interés de Estados Unidos se centrará en el triángulo norte. “Admito que vamos a concentrar nuestros esfuerzos en este momento en los tres países que sufren las consecuencias peores que cualquiera de los otros de la violencia, de la tasa de homicidios y del tráfico de la droga ilícita”, dijo.
El subsecretario, quien fue embajador en Colombia entre 2007 y 2010, previó que en algunos años, como consecuencia “lógica”, el narcotráfico podría movilizarse al Caribe ante la presión que se ejercerá, según él, a través de CARSI en Centroamérica.
Brownfield, al igual que otros funcionarios del Gobierno estadounidense, se mostró contrario a la iniciativa de despenalización de drogas que ha propuesto el presidente de Guatemala, Otto Pérez. Sin embargo, apuntó que si se debate sobre el tema, habrá que hacerlo con propiedad. “Lo que necesitamos, si queremos tener un debate, son personas pragmáticas, ofreciendo un ejemplo claro, detallado. ¿Qué quiere decir descriminalización o legalización? ¿Qué categoría?”, manifestó.
19 feb 2012
América Latina rompe el tabú de la despenalización de la droga
(Especial para Infolatam por Rogelio Núñez)-. Las ideas de cómo combatir las drogas están cambiando de forma significativa en América latina. Hasta ahora era inaudito oír hablar a presidentes en ejercicio sobre la posibilidad de la despenalización de la producción, del tráfico y del consumo de la droga. En el último año, sin embargo, varios mandatarios en ejercicio se han unido a las posturas que sostienen expresidentes y académicos en favor de la despenalización.
Este movimiento en pro de la despenalización ha abierto de par en par una puerta que lleva a discutir un cambio de táctica en el combate a las drogas. Algo que ya en noviembre pasado proponía Juan Manuel Santoscuando afirmaba que era “hora de volver a pensar en la guerra contra las drogas…Un nuevo enfoque debe tratar de tomar distancia de la ganancia de violencia que viene con el tráfico de drogas … Si eso significa la legalización, y el mundo piensa que es la solución, voy a darle la bienvenida no estoy en contra de ella”.
El último en sumarse a esa posición ha sido el de Guatemala,Otto Pérez Molina quien propuso el sábado pasado despenalizar las drogas, tema que llevará a la próxima reunión de seguridad con líderes centroamericanos: ”es llevar el tema a la mesa de la discusión. Esto no significa que se va a tomar una decisión. Ya no sería un delito transportar o trasladar la droga. Todo esto tiene que estar regulado”.
Pérez Molina y Santos rompen un tabú
Pérez Molina explicó que la lucha contra el narcotráfico supone costos muy altos para los estados latinoamericanos y sólo neutraliza el problema sin lograr erradicarlo: ”con toda la tecnología y los recursos y millones de dólares que dio Estados Unidos el problema no ha disminuido. Se habló del éxito del Plan Colombia pero lo único que hicieron los grandes carteles fue neutralizarlo”.
Esto no hace sino volver los ojos hacia la responsabilidad que tiene el principal consumidor, Estados Unidos, en el tráfico de drogas: “estamos trayendo el tema al debate. Hoy (ayer) la reunión es para fortalecer los mecanismos para luchar en contra del crimen organizado, (pero) mientras el consumo no se logre reducir, el problema (del tráfico de drogas) va a seguir”.
El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, a la derecha, y el presidente de El Salvador, Mauricio Funes
Inmediatamente la Embajada de Estados Unidos en Guatemala emitió un comunicado asegurando que Washington “continúa oponiéndose a tales medidas, porque la evidencia muestra que nuestro problema compartido de la droga es una gran amenaza a la salud pública y a la seguridad”.
De todas formas, Estados Unidos ha reconocido la parte de culpa que le toca en todo este asunto.
La secretaria de Estado de EE UU, Hillary Clinton ha admitido la corresponsabilidad que le toca a Estados Unidos en el combate a las drogas: “aceptamos nuestra cuota de responsabilidad, como dije hace un año, en este mismo escenario, EU es su socio y los apoya. Sabemos que la demanda de drogas es el combustible de este comercio, que las armas facilitan la violencia en México y EU tiene que hacer y está haciendo su parte para encarar estor retos”.
Pero Pérez Molina ha recordado que el gran consumo de la droga está en Estados Unidos, por lo que “hay una corresponsabilidad que no está balanceada”: ”Yo sé que aquí tomamos el atrevimiento de sacar el tema, y lo que tenemos que hacer es sentarnos y discutirlo. Lo de la droga es un asunto que implica a todo el mundo y que afecta a gran escala. Va a llevar mucho tiempo discutirlo”.
Como señala Alfredo Kaltschmitt en el diario Prensa Libre “son los países que generan el 90 por ciento de la demanda de drogas los que deben legalizar la producción, distribución y uso de las mismas. Y destinar los 40 millardos que cuesta la guerra antidrogas en prevención y tratamiento. Un cambio que, como insisten tantos intelectuales, beneficiaría al mundo entero”.
Esta postura del guatemalteco ya fue puesta sobre la mesa por el prsidente colombiano Juan Manuel Santos para quien el tema debe dejar de ser considerado un tabú: “como presidente de Colombia y con la autoridad que me da como colombiano, este tema no puede seguir siendo un tabú. Discutamos alternativas”.
Santos respondió así a planteamiento sobre la despenalización expuesto por el escritor y ex vicepresidente nicaragüense Sergio Ramírez(“sé que esta no puede ser una opinión de Estado y un presidente de la República no puede expresarla. Pero como yo soy un ciudadano común y corriente, yo sí puedo. La solución es despenalizar la droga. Hay que despenalizarla”).
A esto Santos respondió que no que no está en desacuerdo con ello: “y lo digo como presidente de la República: esa solución sería aceptable para Colombia, si el mundo entero la toma”.
Incluso el Gobierno brasileño de Dilma Rousseff analiza la posibilidad de despenalizar el consumo de algunas drogas, pero sólo anunciará su decisión luego de un análisis «profundo», al tiempo que prepara un programa de combate al crack, «la peor droga», dijo el ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo: «Estoy a favor de que se discuta el asunto. Tenemos que discutir ese tema de forma abierta, sin dogmas. Existen argumentos positivos de los dos lados».
Las duras críticas de Felipe Calderón
Estas posturas de algunos presidentes en ejercicio favorables a despenalizar la producción, tráfico y consumo de drogas, son algo novedoso en la región donde lo común era hasta ahora que los expresidentes tras dejar el cargo se mostraran favorables a la despenalización, algo que durante sus mandatos no habían expresado.
Los expresidentes César Gaviria, Ernesto Zedillo y Fernando Enrique Cardoso lanzaron esta propuestacomo líderes de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, un grupo integrado por 17 personalidades de la región que pretende impulsar una nueva estrategia en la guerra contra los estupefacientes.
“Estoy a favor de la despenalización de todas las drogas”, declaró Cardoso en entrevista al diario Folha de Sao Paulo: ”cuando digo despenalizar, defiendo que el consumo no sea más considerado un delito, que el usuario no pase más por la policía, por el tribunal, por la cárcel. Pero la sociedad puede mantener penas que ayuden a la persona a salir de las drogas, como llevarla al hospital por un tiempo o trabajo comunitario”.
El colombiano César Gaviria incide en que ”el problema es que las actuales políticas están basadas en los prejuicios y temores y no en los resultados…En muchos estados de EU., como es el caso de California, han comenzado a cambiar la política federal en cuanto a la tolerancia de la marihuana para fines terapéuticos, y en Washington hay un cierto consenso de que la actual política (de represión) está fracasando”,
Los estadounidenses Bill Clinton y Jimmy Carter han mostrado igualmente su respaldo a estas tesis.
Quien más crítico se ha mostrado con estas tesis de los expresidentes ha sido Felipe Calderón al resaltar una paradoja: “hubiera sido deseable que todos ellos hubieran puesto en práctica lo que ahora dicen como expresidentes. Yo prefiero más bien actuar ahorita…La verdad es que hay una característica, y yo prefiero actuar como presidente y ellos prefieren actuar como expresidentes. Es una diferencia”.
Y luego recordó: “estoy haciendo como presidente lo que debo hacer y yo mis opiniones las vierto como presidente. Segundo, yo no creo en alternativas tan radicales, por ejemplo, hablan de despenalizar el consumo. Señores eso está hecho, ya lo hice y ¿cuál es el resultado?, no hay ningún resultado significativo”.
Más allá de la verdad que esconden estas palabras lo cierto es que el tema de la despenalización se ha colocado plenamente sobre la mesa, que lo están haciendo presidentes en ejercicio poco sospechosos (un derechista como Pérez Molina y quien más golpes ha asestado a la narcoguerrilla de las FARC como Santos) y que Estados Unidos está siendo señalado como la parte fundamental a la hora de solucionar el problema.
Toda esta corriente de cambio la reconocen hasta figuras que rechazan la despenalización, como la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla: “esa es una discusión que no es nueva, se ha venido planteando en distintos foros, de manera que no veo yo por qué en Centroamérica no se pueda plantear también el debate, pero claro que es un debate que implica un abordaje serio, muy riguroso, a efectos de no verlo simplemente como una medida paliativa y simplista porque no lo es”.
9 ene 2012
Brasil, las debilidades de una superpotencia regional
Por Rogelio Núñez
Una potencia mundial que aspira a jugar un papel relevante en el concierto internacional debe partir por controlar su propio territorio y las fronteras con los países vecinos. Ese es la premisa por la que se mueve la política de seguridad en Brasil en estos momentos. El gobierno de Dilma Rousseff sabe que el mundo va a estar mirando a su país en esta década - Mundial de Fútbol de 2014 y Juegos Olímpicos de 2016- y que, además, Brasil está en los principales foros internacionales donde se decide el destino del mundo (el G-20 y las cumbres de los BRICS).
Por todos estos motivos, el ejecutivo de Rousseff es consciente de que es necesario hacer efectiva la presencia del Estado brasileño en todo el territorio. No pueden quedar, como ocurre en estos momentos, zonas de penumbra donde no llega el Estado y donde el crimen organizado reina a su antojo, habiéndose transformado en una especie de Estado dentro del Estado.
Eso ocurre en las grandes urbes brasileñas, Río de Janeiro y Sao Paulo en especial, como muestran excelentes películas como Fuerza de Elite (I-II), Y también ocurre en las fronteras de Brasil con sus países vecinos, unas fronteras enormes -16 mil kilómetros-, que el propio gobierno define como "porosas" y que debido a su gran extensión se han convertido en un coladero para el contrabando, el tráfico de armas y de blancas y, cómo no, de drogas. Allí actúa con una enorme impunidad el crimen organizado.
Brasil y las nuevas amenazas
En ese contexto se inserta la Estrategia de Defensa Nacional de Brasil puesta en marcha en 2008, durante el gobierno de Lula da Silva, donde se plantean cuáles son los nuevos riesgos que, como nación, afronta Brasil. Ya no son los escenarios clásicos (guerra como algún vecino, especialmente con Argentina), sino que sobre la mesa hay nuevas amenazas: el terrorismo y el narcotráfico.
Un terrorismo que amenazaría las enormes reservas petroleras brasileñas del Atlántico Sur y un narcotráfico que actúa en las fronteras y en la Amazonía. Por eso, estas dos regiones se han convertido en las dos zonas de mayor importancia estratégica para el futuro y en las preocupaciones más fuertes en materia de defensa que afectan al gobierno brasileño.
El año pasado Dilma Rousseff anunció además el Plan Estratégico de Fronteras que tiene un objetivo muy claro y explícito, como confesó el vicepresidente Michel Temer: "queremos hacer una ocupación más efectiva en las fronteras".
Este plan de fronteras ha tenido tres fases hasta el momento. Empezó con el Ágata 1, en el norte, en la frontera brasileña con Colombia y Perú. Luego llegó el turno para el Ágata 2, al sur, en las fronteras con Paraguay y Argentina. Y la última, Ágata 3, se ha desarrollado en el centro-oeste, con Perú, Bolivia y Paraguay.
Esto ha supuesto la mayor movilización militar en la lucha contra el narcotráfico con la participación de 6.500 soldados y un fuerte apoyo logístico, debido a que es necesario controlar una enorme línea fronteriza.
En la misma línea que el vicepresidente Temer, el ministro de Defensa Celso Amorim señaló que "(Ágata 3) es un elemento de disuasión que demuestra que el Estado brasileño existe y que actuará. Además de la reducción inmediata de la delincuencia, lo más importante es demostrar la presencia del Estado en la frontera".
Los retos del liderazgo brasileño
Brasil ha comenzado la década en una magnífica posición. Es, claramente, la única superpotencia sudamericana, reconocida internacionalmente como una potencia emergente, la sexta economía mundial y un país que camina hacia convertirse en una sociedad de clases medias.
Sin embargo, el Estado brasileño es un gigante con pies de barro pues no es capaz, en ciertos lugares, de garantizar la seguridad de sus ciudadanos y hacer efectivo el monopolio de la violencia legítima.
Para el futuro, el reto brasileño es no sólo consolidar y profundizar su crecimiento económico, como siempre se señala, sino ser capaz de hacer efectiva la presencia de Estado hasta el último rincón del país: impidiendo la penetración por el norte de la narcoguerrilla de las FARC, del narcotráfico en las fronteras de Perú y Bolivia, y del contrabando en la propia Bolivia y en Paraguay.
Para ello, ciertos modos y maneras brasileños deben cambiar: en primer lugar, el estilo de liderazgo brasileño en Sudamérica debe transformarse pues se ha extendido la sensación de que existe una prepotencia brasileña en las relaciones con la región, lo que muchos califican como "imperialismo brasileño".
En segundo lugar, la modernización de las Fueras Armadas y el impulso a la industria militar debe ir acompañada de un proceso similar y coordinado por el resto de países de la región. No como una escalada armamentista sino como un ejercicio de coordinación y colaboración en pro de la seguridad regional.
Y en tercer lugar, Unasur debe cumplir, de hecho ya ha empezado a hacerlo, un papel muy importante para lo solucionar los dos problemas antes descritos. En ese foro la diplomacia brasileña hacia la región debe hacerse más transparente y menos conspirativa, estableciendo medias de confianza mutua.
Además, Unasur debe ser el foro donde se discutan abiertamente la magnitud y el alcance del rearme y la modernización, así como de la coordinación en la lucha contra el crimen organizado.
Es en ese ámbito es donde el liderazgo brasileño en la región debe crecer y consolidarse. Porque si Brasil desea ser una potencia mundial debe, en primer lugar, hacer efectivo el control sobre su propio territorio. En segundo lugar, ser reconocido por sus vecinos como líder regional. Sólo apoyado en esos dos pilares será capaz de dar el salto al tablero mundial, donde con la retaguardia asegurada podrá jugar un papel relevante.
En caso contrario, Brasil será un gigante con pies de barro, cuya fachada "imperial" se derribaría al primer soplo de viento adverso.
Por todos estos motivos, el ejecutivo de Rousseff es consciente de que es necesario hacer efectiva la presencia del Estado brasileño en todo el territorio. No pueden quedar, como ocurre en estos momentos, zonas de penumbra donde no llega el Estado y donde el crimen organizado reina a su antojo, habiéndose transformado en una especie de Estado dentro del Estado.
Eso ocurre en las grandes urbes brasileñas, Río de Janeiro y Sao Paulo en especial, como muestran excelentes películas como Fuerza de Elite (I-II), Y también ocurre en las fronteras de Brasil con sus países vecinos, unas fronteras enormes -16 mil kilómetros-, que el propio gobierno define como "porosas" y que debido a su gran extensión se han convertido en un coladero para el contrabando, el tráfico de armas y de blancas y, cómo no, de drogas. Allí actúa con una enorme impunidad el crimen organizado.
Brasil y las nuevas amenazas
En ese contexto se inserta la Estrategia de Defensa Nacional de Brasil puesta en marcha en 2008, durante el gobierno de Lula da Silva, donde se plantean cuáles son los nuevos riesgos que, como nación, afronta Brasil. Ya no son los escenarios clásicos (guerra como algún vecino, especialmente con Argentina), sino que sobre la mesa hay nuevas amenazas: el terrorismo y el narcotráfico.
Un terrorismo que amenazaría las enormes reservas petroleras brasileñas del Atlántico Sur y un narcotráfico que actúa en las fronteras y en la Amazonía. Por eso, estas dos regiones se han convertido en las dos zonas de mayor importancia estratégica para el futuro y en las preocupaciones más fuertes en materia de defensa que afectan al gobierno brasileño.
El año pasado Dilma Rousseff anunció además el Plan Estratégico de Fronteras que tiene un objetivo muy claro y explícito, como confesó el vicepresidente Michel Temer: "queremos hacer una ocupación más efectiva en las fronteras".
Este plan de fronteras ha tenido tres fases hasta el momento. Empezó con el Ágata 1, en el norte, en la frontera brasileña con Colombia y Perú. Luego llegó el turno para el Ágata 2, al sur, en las fronteras con Paraguay y Argentina. Y la última, Ágata 3, se ha desarrollado en el centro-oeste, con Perú, Bolivia y Paraguay.
Esto ha supuesto la mayor movilización militar en la lucha contra el narcotráfico con la participación de 6.500 soldados y un fuerte apoyo logístico, debido a que es necesario controlar una enorme línea fronteriza.
En la misma línea que el vicepresidente Temer, el ministro de Defensa Celso Amorim señaló que "(Ágata 3) es un elemento de disuasión que demuestra que el Estado brasileño existe y que actuará. Además de la reducción inmediata de la delincuencia, lo más importante es demostrar la presencia del Estado en la frontera".
Los retos del liderazgo brasileño
Brasil ha comenzado la década en una magnífica posición. Es, claramente, la única superpotencia sudamericana, reconocida internacionalmente como una potencia emergente, la sexta economía mundial y un país que camina hacia convertirse en una sociedad de clases medias.
Sin embargo, el Estado brasileño es un gigante con pies de barro pues no es capaz, en ciertos lugares, de garantizar la seguridad de sus ciudadanos y hacer efectivo el monopolio de la violencia legítima.
Para el futuro, el reto brasileño es no sólo consolidar y profundizar su crecimiento económico, como siempre se señala, sino ser capaz de hacer efectiva la presencia de Estado hasta el último rincón del país: impidiendo la penetración por el norte de la narcoguerrilla de las FARC, del narcotráfico en las fronteras de Perú y Bolivia, y del contrabando en la propia Bolivia y en Paraguay.
Para ello, ciertos modos y maneras brasileños deben cambiar: en primer lugar, el estilo de liderazgo brasileño en Sudamérica debe transformarse pues se ha extendido la sensación de que existe una prepotencia brasileña en las relaciones con la región, lo que muchos califican como "imperialismo brasileño".
En segundo lugar, la modernización de las Fueras Armadas y el impulso a la industria militar debe ir acompañada de un proceso similar y coordinado por el resto de países de la región. No como una escalada armamentista sino como un ejercicio de coordinación y colaboración en pro de la seguridad regional.
Y en tercer lugar, Unasur debe cumplir, de hecho ya ha empezado a hacerlo, un papel muy importante para lo solucionar los dos problemas antes descritos. En ese foro la diplomacia brasileña hacia la región debe hacerse más transparente y menos conspirativa, estableciendo medias de confianza mutua.
Además, Unasur debe ser el foro donde se discutan abiertamente la magnitud y el alcance del rearme y la modernización, así como de la coordinación en la lucha contra el crimen organizado.
Es en ese ámbito es donde el liderazgo brasileño en la región debe crecer y consolidarse. Porque si Brasil desea ser una potencia mundial debe, en primer lugar, hacer efectivo el control sobre su propio territorio. En segundo lugar, ser reconocido por sus vecinos como líder regional. Sólo apoyado en esos dos pilares será capaz de dar el salto al tablero mundial, donde con la retaguardia asegurada podrá jugar un papel relevante.
En caso contrario, Brasil será un gigante con pies de barro, cuya fachada "imperial" se derribaría al primer soplo de viento adverso.
* Rogelio Nuñez es Doctor en Historia de Iberoamérica.
Miembro del Observatorio de Seguridad y Defensa de América Latina (OSAL).
Miembro del Observatorio de Seguridad y Defensa de América Latina (OSAL).
22 dic 2011
Guatemala espera fin de embargo militar de EE.UU
Guatemala, 22 dic (PL) El restablecimiento de la ayuda militar estadounidense a Guatemala puede darse en 2013, en tanto Washington mantiene sus condiciones para lograrlo.
Las autoridades norteamericanas implantaron un embargo en esa materia en la década de 1980, cuando consideró al Gobierno un violador de los derechos humanos, con lo cual les niegan al país participar en su programa de financiamiento castrense.
Desde entonces prohíbe cooperación de todo tipo con el Ejército de esta nación centroamericana, incluido el suministro de armamento.
Ahora el presidente Alvaro Colom anunció avances en el Congreso de aquel país en la intención de levantar esa medida, pero está supeditado a varios aspectos.
Tras su visita reciente a Washington, Colom dijo que representantes del gobierno le dieron a conocer la posibilidad en el poder legislativo de iniciar el proceso para ello, lo cual pudiera culminar en 2013.
Para llegar a ese término se impone mantener los avances en la lucha contra el crimen organizado y la defensa a los derechos humanos, así como diseñar una estrategia conjunta.
Sobre esto, analistas resaltan los riesgos por cómo los resultados serán evaluados a partir de la perspectiva unilateral estadounidense.
Desde la imposición de la medida, en pleno apogeo del conflicto armado interno, el gobierno norteamericano ha puesto requisitos para poder optar por aquel programa de financiamiento, varios de los cuales Colom asegura se cumplieron durante su gestión.
Mencionó la liberación de archivos militares, especialmente los contentivos de los planes llamados Firmeza 83, Sofía 82 y Operación Ixil, diseñados por el Ejército en su combate a la guerrilla que condujeron a un buen número de matanzas de la población indígena.
Igualmente, se refirió al comienzo de procesos judiciales para militares de la época acusados de genocidio en aquellas masacres cometidas durante la guerra.
Respecto a la lucha contra el crimen organizado, el mandatario destacó el gran incremento en su administración en las capturas de narcotraficantes e incautaciones de drogas y bienes de esas bandas.
En este tema, la oficial Agencia Guatemalteca de Noticias (AGN) cita un documento según el cual el levantamiento del embargo sucederá si el Ejército tiene una misión definida y centrada en la seguridad fronteriza y las amenazas en la sociedad guatemalteca.
Además, pasa por la implementación de una estrategia de reforma que tenga apoyo de la sociedad.
Esta tarea, afirma la AGN, le competerá al próximo gobierno, a partir del 14 de enero de 2012, que también deberá mantener lo logrado en la administración de Colom.
Quien lo sucederá en el cargo, el exgeneral Otto Pérez Molina, reconoció los avances y previó un fortalecimiento en esas áreas durante su mandato, por lo cual dijo no habrá problemas en cumplir los requisitos impuestos.
Recordó que en estos años Guatemala no ha necesitado de Estados Unidos para adquirir armamento, pero el levantamiento del embargo servirá para tener acceso a programas de aquel país.
De ellos mencionó entrenamiento castrense, venta de equipo y armas a mejores precios, y asistencia militar mediante donaciones.
7 dic 2011
Los BRICS entre geoeconomía y geopolítica
Por Tiberio Graziani
En otoño de 2011, el analista Jim O’Neill del Banco de Inversiones Goldman & Sachs, sobre la base de datos macroeconómicos de algunos países emergentes, en particular concernientes a la demografía, la tasa de crecimiento y los recursos naturales estratégicos, certificaba con el acrónimo BRIC un nuevo agregado de potencial geoeconómico. Los países que fueron tomados en cuenta eran, como ya se sabe, Brasil, Rusia, India y China. Según O’Neill estas naciones verosímilmente habrían dominado la economía mundial del siglo que está iniciando. Por consiguiente se hacía necesario englobarlas en la economía mundial hegemonizada, después del colapso soviético, en el sistema occidental bajo conducción americana. Los países BRIC, como sucesivamente se los denominó, buscaban desde aquel momento, pero unilateralmente, una propia colocación geopolítica en el tablero global. Algunos de ellos, en particular Brasil, India y China, intentaban aumentar sus propios niveles de libertad en el campo mundial haciendo hincapié en una articulada serie de alianzas económicas y comerciales en el ámbito regional e internacional. Las tasas de crecimiento elevadas de estas naciones-continentes, indudablemente, constituía el combustible necesario para un nuevo rol en el escenario post bipolar. También Rusia, bajo la dirección de Putin, intentaba reafirmar, cuando menos en el espacio ex-soviético, su propia primacía, después de la desastrosa presidencia de Yelsin.
En el transcurso de pocos años, la nueva agregación geoeconómica se ha convertido, de simple hipótesis analítica, útil para la descripción de los escenarios económicos-financieros del siglo XXI, en un actor global de hecho. La agenda de los valores del forum de los países BRIC a esta altura contiene todos los puntos cruciales de la economía mundial: desde la cuestión climática a la de la cesta de las divisas, desde aquella concerniente a los procesos de modernización y desarrollo innovador a los que atañe a la seguridad de particulares sectores industriales; además de estos temas, los BRIC se pronuncian con inmediatez y determinación, también por lo que concierne a los dossier “calientes”, como aquellos que tienen que ver con los conflictos internacionales. Durante el 2011, tan sólo para ofrecer algunos ejemplos, los BRIC han tomado partido sobre los casos de agresión a Libia y sobre el aislacionismo de Siria, principalmente actuado por los euroatlánticos, el haber expresado su voto a favor del reconocimiento de Palestina en el ámbito de la UNESCO y haber solicitado la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU. La coordinación entre los países del club BRIC, fortalecida en 2010 con la inclusión de Sudáfrica[1], ha asumido por consiguiente un carácter cada vez más “político”, al punto de de incidir profundamente sobre los actuales equilibrios mundiales. Desde una perspectiva general podemos observar que la sola constitución del nuevo club de hecho ha acelerado la transición hacia el sistema multipolar e introducido las premisas para su consolidación a nivel continental. La agrupación BRICS parece confirmar, además, la hipótesis geopolítica, adelantada en estas mismas páginas[2], según la cual los pilares del nuevo ordenamiento in fieri estarían constituidos por América indiolatina y por Eurasia.De hecho, los BRICS no sólo influencian, como ya se sabe, a los sectores económicos, financieros e industriales[3], sino también a aquellos geoestratégicos y, por último, a los que conciernen al orden jurídico internacional.
El club BRICS y el ámbito geoestratégico
Por lo que se refiere el ámbito geoestratégico, vale la pena considerar que la coordinación entre los países BRICS representa de hecho un eje casi diagonal – proveniente del lado oriental del hemisferio septentrional (Eurasia) al occidental del hemisferio meridional (América indiolatina) – que podríamos definir “asimétrico”, respecto a aquellos definidos respectivamente por la trayectoria horizontal (Este – Oeste) y vertical (Norte – Sur), a los que nos había acostumbrado la prensa de propaganda de los períodos bipolar y unipolar. Este eje asimétrico NE – SO, articulado en tres núcleos constituidos respectivamente por el polo eurasiático, por el vértice sudafricano y por el polo brasileño, previsiblemente desmembrará, en el medio y largo plazo, las líneas de intervención del sistema occidental bajo conducción americana, aún hegemónica desde un punto de vista militar.El orden BRICS, por ahora solamente diplomático y económico, sin embargo, debido a su potencial militar[4] y por su posición geoestratégica, podría constituir una primera respuesta organizada hacia la “marcha” de los EUA que, avanzando a lo largo de la directriz “horizontal” atlántico mediterránea, intenta dirigirse hacia los países de Asia Central. La presión estadounidense hacia la masa euroafroasiática, vale la pena recordarlo, ha adquirido en los últimos doce años un carácter marcadamente militar. La militarización de la política exterior del sistema Usacéntrico, actuada por la varias administraciones de allende el océano, desde Bush padre a Obama, constituye el principal elemento de la praxis geopolítica de todo el sistema occidental, tendiente a la fragmentación de particulares áreas estratégicas como las del Cercano Oriente y el Norte de África[5].
En otoño de 2011, el analista Jim O’Neill del Banco de Inversiones Goldman & Sachs, sobre la base de datos macroeconómicos de algunos países emergentes, en particular concernientes a la demografía, la tasa de crecimiento y los recursos naturales estratégicos, certificaba con el acrónimo BRIC un nuevo agregado de potencial geoeconómico. Los países que fueron tomados en cuenta eran, como ya se sabe, Brasil, Rusia, India y China. Según O’Neill estas naciones verosímilmente habrían dominado la economía mundial del siglo que está iniciando. Por consiguiente se hacía necesario englobarlas en la economía mundial hegemonizada, después del colapso soviético, en el sistema occidental bajo conducción americana. Los países BRIC, como sucesivamente se los denominó, buscaban desde aquel momento, pero unilateralmente, una propia colocación geopolítica en el tablero global. Algunos de ellos, en particular Brasil, India y China, intentaban aumentar sus propios niveles de libertad en el campo mundial haciendo hincapié en una articulada serie de alianzas económicas y comerciales en el ámbito regional e internacional. Las tasas de crecimiento elevadas de estas naciones-continentes, indudablemente, constituía el combustible necesario para un nuevo rol en el escenario post bipolar. También Rusia, bajo la dirección de Putin, intentaba reafirmar, cuando menos en el espacio ex-soviético, su propia primacía, después de la desastrosa presidencia de Yelsin.
En el transcurso de pocos años, la nueva agregación geoeconómica se ha convertido, de simple hipótesis analítica, útil para la descripción de los escenarios económicos-financieros del siglo XXI, en un actor global de hecho. La agenda de los valores del forum de los países BRIC a esta altura contiene todos los puntos cruciales de la economía mundial: desde la cuestión climática a la de la cesta de las divisas, desde aquella concerniente a los procesos de modernización y desarrollo innovador a los que atañe a la seguridad de particulares sectores industriales; además de estos temas, los BRIC se pronuncian con inmediatez y determinación, también por lo que concierne a los dossier “calientes”, como aquellos que tienen que ver con los conflictos internacionales. Durante el 2011, tan sólo para ofrecer algunos ejemplos, los BRIC han tomado partido sobre los casos de agresión a Libia y sobre el aislacionismo de Siria, principalmente actuado por los euroatlánticos, el haber expresado su voto a favor del reconocimiento de Palestina en el ámbito de la UNESCO y haber solicitado la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU. La coordinación entre los países del club BRIC, fortalecida en 2010 con la inclusión de Sudáfrica[1], ha asumido por consiguiente un carácter cada vez más “político”, al punto de de incidir profundamente sobre los actuales equilibrios mundiales. Desde una perspectiva general podemos observar que la sola constitución del nuevo club de hecho ha acelerado la transición hacia el sistema multipolar e introducido las premisas para su consolidación a nivel continental. La agrupación BRICS parece confirmar, además, la hipótesis geopolítica, adelantada en estas mismas páginas[2], según la cual los pilares del nuevo ordenamiento in fieri estarían constituidos por América indiolatina y por Eurasia.De hecho, los BRICS no sólo influencian, como ya se sabe, a los sectores económicos, financieros e industriales[3], sino también a aquellos geoestratégicos y, por último, a los que conciernen al orden jurídico internacional.
El club BRICS y el ámbito geoestratégico
Por lo que se refiere el ámbito geoestratégico, vale la pena considerar que la coordinación entre los países BRICS representa de hecho un eje casi diagonal – proveniente del lado oriental del hemisferio septentrional (Eurasia) al occidental del hemisferio meridional (América indiolatina) – que podríamos definir “asimétrico”, respecto a aquellos definidos respectivamente por la trayectoria horizontal (Este – Oeste) y vertical (Norte – Sur), a los que nos había acostumbrado la prensa de propaganda de los períodos bipolar y unipolar. Este eje asimétrico NE – SO, articulado en tres núcleos constituidos respectivamente por el polo eurasiático, por el vértice sudafricano y por el polo brasileño, previsiblemente desmembrará, en el medio y largo plazo, las líneas de intervención del sistema occidental bajo conducción americana, aún hegemónica desde un punto de vista militar.El orden BRICS, por ahora solamente diplomático y económico, sin embargo, debido a su potencial militar[4] y por su posición geoestratégica, podría constituir una primera respuesta organizada hacia la “marcha” de los EUA que, avanzando a lo largo de la directriz “horizontal” atlántico mediterránea, intenta dirigirse hacia los países de Asia Central. La presión estadounidense hacia la masa euroafroasiática, vale la pena recordarlo, ha adquirido en los últimos doce años un carácter marcadamente militar. La militarización de la política exterior del sistema Usacéntrico, actuada por la varias administraciones de allende el océano, desde Bush padre a Obama, constituye el principal elemento de la praxis geopolítica de todo el sistema occidental, tendiente a la fragmentación de particulares áreas estratégicas como las del Cercano Oriente y el Norte de África[5].
Desde el punto de vista diplomático, económico y militar el club BRICS se presenta desequilibrado a favor de su componente eurasiática. Esta situación por lo menos abre dos posibles escenarios. Por un lado el desajuste podría representar, ya desde el medio plazo, un factor de tensión en el interior de la coordinación política de la nueva agregación, con una vuelta hacia el amparo estadounidense por parte de Brasil y tal vez de Sudáfrica. Una segunda perspectiva, tal vez la más realista, evalúa el actual desequilibrio como motivo de aceleración de la integración pro continental de América meridional, fundada en el polo Brasil-Argentina-Venezuela. En este último caso, por otra parte deseable, puesto que reforzaría el escenario multipolar en fase de consolidación, el elemento más débil de la actual composición del conjunto BRICS, es decir, la República Sudafricana, asumiría, en virtud de su particular posición geográfica, una evidente función de equilibrio geoestratégico en el interior del nuevo sistema mundial.
Un nuevo modelo de cooperación multipolar
Por lo que concierne a la incidencia por parte de los países del BRIC en el orden jurídico internacional, concordamos con lo que asegura Paulo Borba Casella, profesor de derecho internacional en la Universidad de São Pulo (Brasil), según el cual nos hallamos ante un modelo de cooperación innovador, independiente y original. Para el docente brasileño, “el carácter innovador de la perspectiva BRIC reside en el hecho de que estos países se pueden ocupar de sí mismos y al mismo tiempo formular un nuevo modelo de inserción internacional y de cooperación. La perspectiva es ésta. Lo que se precisa es ponerla en práctica”[6]. El club de los países BRICS de hecho introduce una praxis de cooperación que, respetando las identidades culturales de sus propios miembros, no se conjuga a la perfección con los planteamientos universalistas de las estructuras internacionales como, por citar algunas de ellas, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), basados, como es sabido, en criterios individualistas y mercantiles propios de las concepciones de carácter occidental.
El nuevo club, aun cuando haya surgido por evidentes razones económicas, sin embargo parece evolucionar hacia una concepción más concreta de las relaciones entre los Estados, fundada en un sustrato cultural afín que podríamos definir de tipo solidario[7], atento hacia la “cosa pública” y a los intereses concretos de las variadas comunidades etnoculturales que pueblan las respectivas naciones. La nueva perspectiva que el modelo BRICS introduce, forzosamente chocará con la otra “reglamentación mundial” (la global governance de la escuela angloamericana) la cual “radica en la concepción individualista de la sociedad y en el pensamiento único “democrático”, rehusando las diversidades culturales de las distintas poblaciones (aunque no en términos instrumentales como el de la doctrina del “choque de civilizaciones”)[8]. De hecho, el nuevo modelo de cooperación promovido por los países BRICS atestigua el fin o la reorientación de la ONU y la decadencia o la reestructuración de las organizaciones mundiales como el FMI, el BM y la Organización Mundial de Comercio.
*Tiberio Graziani es director de “Eurasia” y presidente del IsAG – Instituto de Altos Estudios Geopolíticos y de Ciencias Auxiliarias.
Un nuevo modelo de cooperación multipolar
Por lo que concierne a la incidencia por parte de los países del BRIC en el orden jurídico internacional, concordamos con lo que asegura Paulo Borba Casella, profesor de derecho internacional en la Universidad de São Pulo (Brasil), según el cual nos hallamos ante un modelo de cooperación innovador, independiente y original. Para el docente brasileño, “el carácter innovador de la perspectiva BRIC reside en el hecho de que estos países se pueden ocupar de sí mismos y al mismo tiempo formular un nuevo modelo de inserción internacional y de cooperación. La perspectiva es ésta. Lo que se precisa es ponerla en práctica”[6]. El club de los países BRICS de hecho introduce una praxis de cooperación que, respetando las identidades culturales de sus propios miembros, no se conjuga a la perfección con los planteamientos universalistas de las estructuras internacionales como, por citar algunas de ellas, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), basados, como es sabido, en criterios individualistas y mercantiles propios de las concepciones de carácter occidental.
El nuevo club, aun cuando haya surgido por evidentes razones económicas, sin embargo parece evolucionar hacia una concepción más concreta de las relaciones entre los Estados, fundada en un sustrato cultural afín que podríamos definir de tipo solidario[7], atento hacia la “cosa pública” y a los intereses concretos de las variadas comunidades etnoculturales que pueblan las respectivas naciones. La nueva perspectiva que el modelo BRICS introduce, forzosamente chocará con la otra “reglamentación mundial” (la global governance de la escuela angloamericana) la cual “radica en la concepción individualista de la sociedad y en el pensamiento único “democrático”, rehusando las diversidades culturales de las distintas poblaciones (aunque no en términos instrumentales como el de la doctrina del “choque de civilizaciones”)[8]. De hecho, el nuevo modelo de cooperación promovido por los países BRICS atestigua el fin o la reorientación de la ONU y la decadencia o la reestructuración de las organizaciones mundiales como el FMI, el BM y la Organización Mundial de Comercio.
*Tiberio Graziani es director de “Eurasia” y presidente del IsAG – Instituto de Altos Estudios Geopolíticos y de Ciencias Auxiliarias.
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