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29 nov 2013

Índice de Seguridad Pública. Centroamérica:Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá (2013)















Editorial: RESDAL 2013
Buenos Aires, Argentina.

Esta publicación presenta información actualizada y organizada sobre la seguridad pública en Centroamérica, con los casos de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá.                                                       

La obra se basa en la recolección de datos disponibles, trabajos de campo y entrevistas con la diversidad de actores que intervienen en las diferentes fases de la seguridad. La sistematización de información aquí presentada busca poner "orden" en el "caos" y es una herramienta útil tanto para la investigación como para la toma de desición. Desarrolla el control político-institucional de la seguridad pública, la vinculación con el sector justicia, los organismos policiales, la actuación del Estado frente al delito, programas de prevención, presupuestos, la participación de las fuerzas armadas, seguridad privada, e información sumaria sobre la delincuencia y sus principales características.

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21 nov 2013

Honduras advierte de peligro sobre la paz en Centroamérica por compra de aviones de El Salvador

La canciller Mireya Agüero dijo que "estamos renovando la petición de Honduras para que dicte medidas para la aplicabilidad del fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya".

La canciller hondureña Mireya Agüero dijo este jueves que en las reuniones con los miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se ha advertido de la peligrosidad para el mantenimiento de la paz y la seguridad en la región con la compra de aviones de parte de El Salvador en el marco del reclamo de soberanía de isla Conejo .
"El incremento de poder militar de El Salvador y la ruptura del balance de fuerzas en un marco mediático es un tanto peligroso, por lo que estamos renovando la petición de Honduras para que dicte medidas para la aplicabilidad del fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya ", argumentó.
Agüero recordó que en el pasado se han reportado alguno incidentes en el Golfo de Fonseca ,"precisamente porque El Salvador se ha resistido a observar el régimen de co-soberanía en la zona y a negociar la proyección de los espacios marítimos en el océano Pacífico ".
Agregó que en este contexto la compra de aviones se ha planteado ante los miembros del Consejo, basado en las reclamaciones de las "altas autoridades" de El Salvador, "primero diciendo que no tenían la capacidad militar para reivindicar la soberanía sobre la isla y luego anunciando la compra de un escuadrón de aviones militares de ataque".
La diplomática hondureña dijo que estas acciones han causado sorpresa y preocupación en Honduras, porque "brinda a El Salvador una capacidad militar que decía no tener en el marco de tensiones de una disputa inexistente".
El Salvador solicitó en una carta a la ONU que Honduras desocupe la isla inmediatamente , pero el presidente Porfirio Lobo ha dicho que las tropas catrachas continuarán en el sitio y la defenderán "a costa de lo que sea" .
Ante esta situación, Honduras se ha acogido al artículo 94 de la Carta de las Naciones Unidas , que le da facultades al organismo para que haga recomendaciones o dicte medidas en el caso de la controversia que un Estado que se comprometió a cumplir con una sentencia emitida por la CIJ , como lo hizo El Salvador y que "efectivamente dejó de cumplir con las obligaciones que le impuso el fallo".
Sin embargo, Agüero calificó de positivos los encuetros bilaterales, incluyendo el realizado con el presidente del gabinete del Consejo de Seguridad y representante Permanente de la República Popular de China, embajador Liu Jieyi , a quien se le explicó la misma situación. Luego de esta jornada de reuniones bilaterales, el Consejo decidirá qué sigue, pero Honduras ha recalcado que la inaplicabilidad pone en precario el sistema de aplicación del derecho internacional y se crea una potencial amenaza a la paz y la seguridad en Centroamérica.
"Hemos explicado ante el Consejo que estamos abiertas a recibir las recomendaciones, como amante de la paz y cumplidor de todas las sentencias, nos gusten o no nos gusten, por lo que esperamos que dicte medidas para que se llegue a la ejecución del fallo", comentó.
Para este jueves la misión hondureña se reunirá con los embajadores de Rusia, Australia, Azerbaiyán, Luxemburgo, Pakistán, Corea del Sur, Nigeria y Luituania , con lo que finalizarán los encuentros bilaterales. Asimismo se volverá reunir con el presidente del Consejo de Seguridad de la ONU y Representante Permanente de la República Popular de China, embajador Liu Jieyi .
El Salvador solicitó en una carta a la ONU que Honduras desocupe la isla inmediatamente , pero el presidente Porfirio Lobo ha dicho que las tropas catrachas continuarán en el sitio y la defenderán "a costa de lo que sea" .

autor

ElHeraldo.hn

5 jul 2013

El Salvador: asesinan a 55 personas en una semana

Luego de un descenso en los crímenes por un acuerdo de paz entre pandillas, se registró un incremento en los homicidios. Entre el sábado y el domingo hubo 32 muertes 
Crédito foto: reuters


Al menos 24 personas fueron asesinadas el miércoles en El Salvador, cifra que supera los 5 homicidios diarios que se han registrado en los últimos meses por la "tregua" entre pandillas, informó una fuente oficial.

El miércoles se registraron 24 homicidios en el país, confirmó a la agencia internacional Efe un portavoz de la Fiscalía, sin dar detalles.

Mientras, el director del Instituto de Medicina Legal (IML), José Miguel Fortín, indicó a la prensa que "el día de ayer fue un miércoles negro", ya que sólo en San Salvador hubo "23 homicidios", y a nivel nacional el total fue "un poquito menos de 30 homicidios".


El armisticio entre las principales pandillas que operan en el país para no asesinarse entre sí, que se inició en marzo de 2012, ha disminuido los homicidios diarios de alrededor de 14 a 5, según las autoridades de seguridad.

Sin embargo, desde el viernes pasado se ha registrado una inesperada suba de los homicidios en El Salvador, según datos oficiales y recuentos de medios locales.

El ministro de Justicia y Seguridad Pública, Ricardo Perdomo, reconoció este martes que entre el viernes y el domingo pasados fueron asesinadas al menos 32 personas.



Fuente: EFE

29 jun 2013

Costa Rica, el país sin ejército más seguro de Centroamérica

(EFE)

Forma parte de Centroamérica, una de las regiones más violentas del mundo por las "maras" (pandillas) y los narcotraficantes, pero Costa Rica, que carece de ejército, afronta la delincuencia con una receta distinta a la de sus vecinos que por ahora parece dar buenos resultados.
Mientras en Honduras se asignan soldados para cuidar a los ciudadanos que viajan en autobús, y en El Salvador se promueven treguas entre las pandillas juveniles para disminuir los asesinatos en las calles, Costa Rica apostó por la inteligencia policial para revertir la creciente inseguridad que vivía.
El ministro de Seguridad, Mario Zamora, declaró en una entrevista con Efe que la estrategia costarricense es distinta a la de sus vecinos fundamentalmente por la carencia de fuerzas armadas desde 1948.
Costa Rica cuenta con apenas 14.000 policías para velar por los casi 4,5 millones de habitantes, y aun así, de acuerdo con el Índice de Paz Global de este año, es la nación más pacífica de Centroamérica y la tercera de Latinoamérica, después de Uruguay y Chile.
Los números respaldan esos datos: en 2011 la justicia registró 81.612 delitos en Costa Rica, y en 2012 un total de 76.701, un 12 % menos.
La tasa de homicidios en 2012 fue de 9,1 por 100.000 habitantes (en 2011 era de 11,2), mientras que en otras naciones del istmo centroamericano, como Honduras, llega a 85,5 según registros de organismos de las Naciones Unidas.
El año pasado Guatemala se perpetraron 32 asesinatos por 100.000 habitantes, aunque esa cifra es mejor a los 37 de 2011.
La tregua entre las llamadas "maras" salvadoreñas, vigente desde marzo de 2012, ha permitido que la tasa de homicidios baje de 70 a 30 por cada 100.000 habitantes, pero aún está lejos de los niveles de violencia de Panamá y Nicaragua, con una tasa de 18 y 11 asesinatos, respectivamente.
Para Zamora, las cifras demuestran que una estrategia de "más inteligencia y menos balazos" puede dar buenos resultados.
En Costa Rica, entre 2011 y 2012, los robos de vehículos bajaron un 14,5 %, los asaltos un 12,57 % y los robos a las viviendas un 9,4 %, según cifras oficiales.
"Hace un par de años la expectativa era que la inseguridad era incontrolable e irreversible, pero hemos demostrado lo contrario", agregó el ministro.
"Costa Rica hizo algo diferente, aumentó el profesionalismo de sus oficiales y la inversión en equipo, pero sobre todo empezamos a aplicar criterios científicos para entender el fenómeno de la delincuencia", detalló.
Para el ministro, la clave de los buenos resultados costarricenses radica en que "nos apartamos por completo de los criterios tradicionales de seguridad nacional y pasamos a operar con criterios de seguridad ciudadana, es decir con focos de atención, rangos horarios y movilidad de los oficiales".
Algunos de los cambios en el funcionamiento de la policía incluyen el cierre de delegaciones para tener a más oficiales moviéndose por las calles, así como un aumento de los retenes en carretera y el uso de herramientas tecnológicas como mapas digitales que permiten un monitoreo en tiempo real de los delitos.
El presupuesto que destina Costa Rica a la seguridad ha aumentado; este año se destinaron 347 millones de dólares, 40 millones más que en 2012, pero para Zamora la clave está en la modificación de las tácticas policiales.
"Nunca en tan poco tiempo se ha hecho tanto y en tantos frentes", sostuvo.
La otra herramienta que, a juicio de las autoridades, ha tenido un impacto positivo en la seguridad es la creación de tribunales de flagrancia, capaces de juzgar el mismo día a un delincuente que sea atrapado "in fraganti".
Zamora apuntó que antes de la existencia de estos tribunales solo el 3 % de casos que la policía presentaba al sistema judicial terminaban en una sentencia penal. Hoy la cifra supera el 90 %.
"Hemos mejorado en la eficiencia del sistema con una receta que no aumentó el nivel de violencia ni la represión; no ha sido a balazos, la fórmula es lo que marca la diferencia, acá no aplicamos la conocida frase de el fin justifica los medios", subrayó.
Los costarricenses parecen darle la razón al ministro, pues una encuesta de CID Gallup publicada en febrero reveló que mientras en 2010 la inseguridad era considerada el mayor problema del país, este año pasó al tercer lugar.

4 jun 2013

¿Por qué bajan los homicidios en Centroamérica?


Por Francisco Javier Bautista Lara | Blog-Ciudadano
En 2010 las muertes por la violencia delictiva en Centroamérica llegaron al nivel más alto (18 mil). Al año siguiente bajaron en Guatemala, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, y en 2012 volvieron a bajar en todos, excepto en Honduras. La reducción del 14% es insuficiente, pero alentadora, los resultados más visibles fueron en El Salvador y Guatemala. Costa Rica se ubica como el único país con tasa de 8 muertes por 100 mil habitantes, debajo de 10 que la OMS considera epidémica; Nicaragua un poco menor de 12.
Analicemos las causas de la reducción. Las muertes, en relación con las circunstancias que la provocan, pueden clasificarse en tres categorías: a) relacionadas a conflictos de convivencia (violencia comunitaria, intrafamiliar y de género) -la mayor proporción-, b) relacionadas a pandillas delictivas -la segunda mayor magnitud-, y c) consecuencia del crimen organizado, principalmente narcotráfico. Ellas tienen causalidades similares y distintas.

La región observa durante los últimos años lo siguiente:

1. El crimen organizado es transnacional y regional, obedece -particularmente el narcotráfico-, al mercado: oferta, demanda, rutas, riesgos y precios. A partir de la crisis económica que afectó a Estados Unidos, principal mercado de demanda, muchos consumidores, al reducirse su poder adquisitivo (elasticidad-precio de la demanda), sustituyeron cocaína por drogas adulteradas y sintéticas más baratas, muchas producidas en territorio norteamericano y fronterizo. Posiblemente el tránsito se disminuya y la violencia por controlar las rutas se modere. La primera causa general a considerar es que hay modificación de las características del mercado transnacional de drogas.
2. Las pandillas observan agotamiento, sus principales líderes son mayores de cincuenta años, algunos presos aunque capaces de dirigir operaciones criminales, enfermos por los estragos de la violencia y la vida desordenada. Consecuencia del conflicto armado, de la desigualdad socioeconómica, de la exclusión, desarraigo por inmigración, desintegración familiar y deterioro social, agravado por la manera coercitiva de abordar el problema que recrimina la pobreza y penaliza sin incidir sobre las causas. Las treguas en El Salvador (2012) y posiblemente en Honduras (2013) -sostenibilidad está por verse-, reflejan desgaste de grupos delictivos, de la sociedad e instituciones. Tiene efectos regionales; son fenómenos sociales y no físicos.
3. La desigualdad y la exclusión, causan violencia. La carencia de mecanismos para solucionar los conflictos y la insuficiente presencia institucional, los agrava. Los esfuerzos internacionales, de integración regional, de los gobiernos nacionales y locales de impulsar programas de apoyo a sectores vulnerables como en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, aunque no resuelven el grave problema acumulado, permiten paliarlo. Nicaragua muestra indicadores de reducción de la pobreza. La economía de Panamá, la más dinámica de la región, en condiciones de “empleo pleno”. La estabilidad macroeconómica y financiera, el crecimiento económico en Nicaragua y Costa Rica, a pesar de la crisis que afectó a la región, sumado al apoyo del ALBA, al acceso de varios países al petróleo venezolano en condiciones preferenciales y a la demanda de productos agropecuarios que reactiva el sector, evidencia resultados socioeconómicos que contribuyen a mejorar la convivencia.
4. Aunque la institucionalidad de la justicia y la seguridad en la región es insuficiente y se requiere ampliar el acceso a la justicia y la profesionalización, durante dos décadas hubo avances evidentes. Coordinaciones, capacitación, regulaciones, controles e información pública, contribuyen. Las entidades policiales han logrado mejor -aunque insuficiente- efectividad y profesionalización como en El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. En Guatemala y Honduras hay intentos de reforma que se estancan por indefinición política, trabas institucionales, falta de liderazgo y corrupción interna.
Más allá que del actual escenario esperanzador, la región supera la crisis de décadas anteriores por los conflictos armados y retoma el funcionamiento de sus instituciones. Después de la paz se evidenció el incremento de la violencia, surgieron las pandillas y el crimen organizado agudizó sus efectos ante las vulnerabilidades socioeconómicas existentes.
Con la posible disminución de la violencia se abre una ventana de oportunidades. Sin embargo, si no se reduce la persistente desigualdad ni se mejoran las condiciones de los sectores vulnerables, si no se atiende y protege a la juventud y a la niñez con educación de calidad, si no se fortalece la institucionalidad y la transparencia, la raíz de los problemas seguirá latente; es probable que nuevos o viejos conflictos y fenómenos vuelvan a manifestarse o que, lo que parece una tendencia positiva, no logre cuajar.

Tomado de http://www.elnuevodiario.com.ni/blogs/articulo/1024-que-bajan-homicidios-centroamerica

4 may 2013

Obama a Centroamérica: “Nuestro destino está unido al suyo”


La visita del presidente a San José recuerda el valor estratégico de esta región para      EE UU


 San José (Costa Rica) 4 MAY 2013 - 20:30 CET

Barack Obama ha renovado el compromiso de su Gobierno de contribuir a la estabilidad, el progreso y la seguridad de Centroamérica, una región vital en el ajedrez de la estrategia norteamericana y que ahora atraviesa por una etapa de gran incertidumbre por culpa de la violencia y el narcotráfico.Nuestro destino está unido al suyo”, dijo este sábado el presidente norteamericano, en una demostración de hasta qué punto esta pequeña parte del mundo cuenta para Estados Unidos.
En su visita a San José de Costa Rica, donde en la tarde del viernes se entrevistó con la presidenta de ese país, Laura Chinchilla, y posteriormente participó en una cena de trabajo con los líderes de Panamá, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Belice y la República Dominicana, Obama insistió en que va a colaborar en el desarrollo y la pacificación de este área. “Vamos a estar junto a ustedes, porque si a ustedes les va bien, a nosotros también”, declaró.
Como prueba de ese compromiso, el presidente norteamericano participó el sábado en una reunión con líderes empresariales y expertos de la región. El propósito era enfatizar la idea de que hoy la estabilidad política y la seguridad se consigue, principalmente, mediante el desarrollo económico. “Hay que afrontar la búsqueda de la seguridad desde un nuevo concepto para hacerlo de forma más eficaz”, dijo la presidenta Chichilla en ese foro.
La sola presencia de Obama en este modesto país -aunque con algunas gestas memorables en su historial, como la abolición del Ejército-, para conversar con los presidentes de otras siete modestas naciones que apenas representan unas décimas del Producto Interior Bruto mundial, es una prueba de que Centroamérica tiene un valor especial para Estados Unidos.
Siempre lo ha tenido. Cuatro de esos países han sido invadidos por tropas norteamericanas alguna vez en su historia. En los demás, ha habido de forma casi constante asesores militares o soldados, por cientos o por miles. Uno de ellos, Panamá, fue creado artificialmente con el único objeto de construir un canal que cambió el mapa del mundo a principios del siglo XX. Precisamente, la necesidad creciente de un segundo canal en la región acrecienta el valor estratégico que esta siempre ha tenido.
En los años setenta y ochenta la importancia de Centroamérica estaba relacionada con su función de muro ante el comunismo. EE UU dedicó todos sus esfuerzos a contener las guerrillas izquierdistas en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, aún al precio de apoyar crueles y corruptas dictaduras.
Hoy la amenaza a la estabilidad de la región es el narcotráfico y la violencia que genera. Honduras está considerado el país más peligroso del mundo, y El Salvador y Guatemala no le quedan a la zaga. El narcotráfico favorece la corrupción, y la violencia impide el desarrollo, lo que deja a Centroamérica como la hermana pobre de América Latina en este momento de expansión en todo el continente.
Obama ha prometido luchar contra eso. “Cuanto más fuertes sean la economía y las instituciones, más débil será el narcotráfico”, dijo en una rueda de prensa el viernes con Laura Chinchilla. “En una situación de violencia es muy difícil desarrollarse, pero los efectos del narcotráfico son peores cuando los países son pobres”, añadió.
Por encima de problemas puntuales, aunque gravísimos, Obama, que visita Centroamérica por segunda vez a lo largo de su presidencia, es el mensajero de un país que intenta dejar claro, ante la competencia de China y de otros, que esta es su área de influencia y que cualquier cosa que haya que hacer, bien sea luchar contra el narcotráfico o construir otro canal, se hará conforme a sus criterios.
Dado que al frente de ese país hay ahora un presidente como Obama –y que los tiempos tampoco están para exhibiciones de fuerza-, el camino para ejercer influencia en esta ocasión es el de la colaboración económica. La receta que se pretende para robustecer el sistema es la de acelerar el desarrollo mientras se elimina la violencia de forma prudente. Como recordó la presidenta Chinchilla: “Costa Rica no puede permitirse un escenario de guerra para combatir el narcotráfico”. Algo similar podrían repetir el resto de sus colegas centroamericanos.
No se consigue hoy una Centroamérica más estable y segura con asesores militares. Se consigue, como ha explicado Obama, con un buen sistema migratorio, con una mejora de la educación infantil, con inversión en nuevas tecnologías. En suma, con mejores condiciones de vida.

19 abr 2013

Funes pide a Obama más compromiso para financiar seguridad en Centroamérica



El presidente de El Salvador, Mauricio Funes, pidió hoy en Washington que su homólogo de EE.UU., Barack Obama, se comprometa más con la financiación de la seguridad en Centroamérica y con la reducción del consumo de drogas.
  
"Queremos más compromiso y que (Obama) se involucre más en la financiación de la estrategia de seguridad en Centroamérica", dijo Funes en una rueda de prensa en Washington, donde se encuentra de visita oficial.

Esa petición forma parte de la "agenda regional" que los mandatarios centroamericanos quieren tratar con Obama cuando el presidente estadounidense visite Costa Rica los próximos días 3 y 4 de mayo tras viajar a México.

Según Funes, en el marco de la Iniciativa Regional de Seguridad para Centroamérica (Carsi, en inglés) Estados Unidos ha comprometido "una suma que ronda los 360 millones de dólares" y "se han desembolsado unos 40".

"Consideramos que el compromiso debe ser mayor", insistió el presidente salvadoreño.

Mientras Estados Unidos y Europa no se impliquen más en el combate al consumo de drogas, la lucha contra el narcotráfico y la inseguridad que genera en Centroamérica "no será lo eficiente que esperamos", subrayó Funes.

Agregó que Centroamérica sola no puede luchar contra la inseguridad y necesita la colaboración de países como México y Colombia, así como "el apoyo clave" de Estados Unidos.

Funes busca tener una reunión bilateral con Obama cuando el mandatario estadounidense visite Costa Rica para asistir a la cumbre del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) y así lo solicitará hoy cuando se reúna con el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry.

En ese encuentro bilateral con Obama, Funes quiere pedir "un empuje" al Reto del Milenio, una iniciativa de Estados Unidos de la que se beneficia El Salvador y que está pendiente de la aprobación de una segunda etapa.

Asimismo, Funes explicó hoy que también quiere "avances" en el Asocio para el Crecimiento, un programa mediante el que Estados Unidos pretende ayudar a El Salvador a impulsar el desarrollo económico del país a partir del combate de la baja productividad y la inseguridad.

Tras participar el jueves en un foro del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM) sobre la inseguridad en Latinoamérica, Funes culminará hoy su visita a Washington con la reunión prevista con Kerry.


16 mar 2013

La seguridad en Centroamérica

Autor: Otilio Miranda, catedrático del Departamento de Ciencias Jurídicas de la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas", UCA (El Salvador)


En la actualidad, la seguridad se ha convertido en un tema de importancia capital en Centroamérica debido, por una parte, al crecimiento de los niveles de pobreza en las poblaciones de la región y, por otra, al incremento de la espiral de violencia, narcoactividad y crimen transnacional. Ambos factores han contribuido a acrecentar la inseguridad en los países del istmo. La comprensión de este fenómeno y su impacto en la región demandan aproximaciones teóricas para entender correctamente sus raíces y dimensiones, e incentivar en la academia procesos investigativos conducentes a la búsqueda de alternativas de solución.
El tema de la seguridad surge como una política pública de los Estados para poner fin a los conflictos armados de los años setenta y ochenta, y tuvo como marco de referencia la seguridad nacional, cuyas acciones se orientaban a la defensa del territorio y a la lucha contra la amenaza que representaban para los Gobiernos de la época los grupos de izquierda. Sin embargo, en el proceso de negociación de la paz en Centroamérica, el tema fue abordado desde una perspectiva regional. El proyecto de pacificación se concretó en el Acta de Contadora para la Paz y la Cooperación en Centroamérica, producto de los esfuerzos desplegados por los países integrantes del Grupo de Contadora, los cuales alentaron a los Gobiernos centroamericanos a firmar el Acuerdo de Paz de Esquipulas II (1987), que incluía compromisos regionales en materia de seguridad para los Estados parte.
El proyecto de seguridad democrática a nivel regional fue asumido por los Gobiernos del istmo en el Protocolo de Tegucigalpa (1991), que dio nacimiento al Sistema de la Integración Centroamericana, que —entre otros objetivos— se propuso concretar el nuevo modelo de seguridad en la región. El Tratado Marco de Seguridad Democrática en Centroamérica, suscrito en 1995, regula el modelo de seguridad y simboliza la transición desde el modelo de la seguridad nacional, que sumió a la región en una situación de violencia y guerras, a una nueva etapa de seguridad democrática propia de la transición que se inició con el proceso de paz de Esquipulas y que en términos de integración se refleja en el Protocolo.
El modelo centroamericano de seguridad, al enfocarse en la seguridad democrática, introduce un nuevo paradigma para abordar el tema en la región. Se entiende como seguridad todas aquellas condiciones que propicien el bienestar de los seres humanos: el desarrollo de las formas representativas en la vida política, la ausencia de riesgos o amenazas físicas, la generación de condiciones mínimas de ingreso, vivienda, salud, educación, etc. A partir de esa perspectiva, la razón de ser del modelo evoluciona de afianzar la seguridad de los Estados a garantizar la de los países centroamericanos y sus habitantes, mediante la creación de condiciones que permitan el desarrollo personal, familiar y social en paz, libertad y democracia.
Al ser concreción de los propósitos del Protocolo de Tegucigalpa, el modelo se sustenta en el fortalecimiento del poder civil; el pluralismo político; la libertad económica; la superación de la pobreza y la pobreza extrema; la promoción del desarrollo sostenible; la protección del consumidor, del medioambiente y del patrimonio cultural; y la erradicación de la violencia, la corrupción, la impunidad, el terrorismo, la narcoactividad y el tráfico de armas. Además, el establecimiento de un balance razonable de fuerzas que tome en cuenta la situación interna de cada Estado y las necesidades de cooperación entre todos los países centroamericanos para garantizar su seguridad.
En opinión de Randall Arias, “el Tratado Marco deja atrás esa triste noche de la región dominada por la Doctrina de la Seguridad Nacional y su Realpolitik, para inaugurar una nueva etapa de un democrático equilibrio cívico-militar, con un enfoque amplio de la seguridad que incluía elementos propios de una agenda de desarrollo regional en paz y democracia. Este nuevo modelo de seguridad democrática pretendía superar la Doctrina de la Seguridad Nacional que había prevalecido y que se centraba en la destrucción del enemigo interno en detrimento del Estado de derecho”. Para Centroamérica, el nuevo enfoque significaba el paso del poder militar al poder civil en el marco de la democracia representativa y al gradual sometimiento de la fuerza militar al poder civil.
El Tratado Marco de Seguridad Democrática plantea en su contenido una agenda de desarrollo consistente con lo que simultáneamente el PNUD empezaba a sistematizar por medio del concepto de seguridad humana, ya con una agenda de desarrollo humano. El Tratado aborda el tema de la seguridad haciendo una adecuada distinción entre seguridad interna —concentrada en las personas y sus bienes— (afín al enfoque de seguridad humana) y seguridad regional (afín al enfoque de seguridad multidimensional). Regula, además, la organización e institucionalidad de la seguridad regional, creando así el primer diseño y gobierno en la materia, naturalmente imperfecto como toda construcción humana, pero ciertamente destacable en el sentido de gestionar regionalmente el tema de la seguridad.
A pesar de las bondades del Tratado Marco de Seguridad en Centroamérica, un estudio de 2004 de la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (Cries) concluía que en los primeros seis años, su aplicación práctica había respondido más a una concepción tradicional de la seguridad que al enfoque novedoso que pretendía desarrollar. Esta percepción se vio reforzada por la presiones de Estados Unidos ante el incremento de la narcoactividad y la amenaza del terrorismo (acentuada luego del atentado a las Torres Gemelas en Nueva York, en 2001), lo cual trajo como consecuencia un mayor protagonismo de las fuerzas armadas en la región. Desde entonces, esos resultados pusieron en evidencia la necesidad de modificar el Tratado en virtud de sus limitaciones, para hacerlo operativo.
El tema de seguridad en la actualidad se enfoca desde el concepto de seguridad humana, el cual, como ya se adelantó, fue introducido al debate por el PNUD en su informe sobre desarrollo humano de 1994. Según este enfoque, la seguridad humana tiene una naturaleza universal, centrada en las personas, la interdependencia, y enfocada a la prevención de conflictos y la cooperación. La seguridad humana, según el documento La seguridad humana ahora (2003), busca proteger las libertades vitales conectando diferentes tipos de libertades: frente a violaciones y al miedo, así como para actuar en nombre propio. Y ofrece una estrategia dual: la protección y la realización del potencial, es decir, la protección “desde arriba”, desde el Estado, para así lograr la realización del potencial “desde abajo”, de las personas a quienes el Estado debe proteger y cuyas capacidades debe proyectar.
En la Declaración de Panamá (2010), los mandatarios centroamericanos reiteraron que el tema de la seguridad es una prioridad para todos los países de la región y reafirmaron su compromiso con la lucha contra el crimen, la violencia y la inseguridad, así como contra las amenazas transnacionales ocasionadas por el narcotráfico, las pandillas, el tráfico ilícito de armas, el tráfico de migrantes y la trata de personas; todo de manera conjunta e integral. Asimismo, los jefes de Estado y de Gobierno instruyeron al Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores a celebrar una reunión intersectorial con los consejos de ministros encargados de la seguridad pública, a fin de acordar acciones estratégicas en relación con la seguridad regional, incluyendo los aspectos de prevención y persecución del delito. De igual forma, instruyeron a las autoridades respectivas de los países miembros del SICA y a la Secretaría General del organismo para que procediesen a organizar la Conferencia Internacional de Apoyo al Financiamiento de la Estrategia de Seguridad de Centroamérica, que se realizó en Ciudad de Guatemala, en junio de 2011.
La Conferencia de Seguridad culminó con promesas de la comunidad internacional de aportar un total de 2 mil millones de dólares para evitar que el istmo sea un bastión del narcotráfico. Con ese objetivo, se adoptó un plan estratégico de 22 proyectos para dotar de mayores niveles de seguridad a Centroamérica, que Naciones Unidas ha calificado como la zona más violenta del mundo (exceptuando las zonas de guerra), y que ha sido puesta en jaque por los carteles de drogas y las temidas maras o pandillas.
Finalmente, de acuerdo al planteamiento de los enfoques de seguridad humana en boga, la seguridad, hoy por hoy, al centrarse en la persona y en las condiciones que requiere para su realización, ya no es de naturaleza regional, sino universal. Este hecho debe motivar el interés de la academia en acoger el tema en las respectivas agendas de investigación de las diferentes disciplinas. En paralelo, y dado que el tema en sí es abordado desde una nueva perspectiva, también el marco jurídico que regula esa materia y sus respectivos contenidos exigen una adecuación a las circunstancias que la región vive en la actualidad.

11 mar 2013

Centroamérica y cooperantes revisan en Washington plan de seguridad

Centroamérica y un grupo de países y organismos de cooperación revisarán entre hoy y mañana en Washington los avances de la estrategia de seguridad mediante la cual esta región busca combatir la criminalidad, informó una fuente oficial en San Salvador.La reunión técnica preparatoria fue instalada hoy en Washington por delegaciones de los países miembros del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) y del Grupo de Países Amigos y Organismos Internacionales Cooperantes de la Estrategia de Seguridad de Centroamérica (ESCA), indicó la entidad regional, con sede en San Salvador, en un comunicado divulgado este lunes.

El SICA anunció que "mañana se llevará a cabo la reunión principal, primera del año, de la que se espera un fortalecimiento de la relación entre la parte centroamericana y la cooperante, el Grupo de Amigos".

El encuentro se celebra en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington.

La Estrategia de Seguridad de Centroamérica contempla una veintena de programas y proyectos encaminados a combatir la criminalidad en la región, para cuya ejecución la comunidad internacional se comprometió a aportar unos 2,000 millones de dólares en una conferencia celebrada en 2011 en Guatemala.

Centroamerica se ha convertido en la región más violenta del mundo a causa del narcotráfico, según un informe que la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes presentó el pasado día 5 en Viena.

La delincuencia común, la violencia de pandillas, el lavado de dinero, el tráfico de armas, la trata de personas y el robo de vehículos también contribuyen a los altos índices de criminalidad en Centroamérica, según autoridades regionales.

La reunión preparatoria en Washington fue inaugurada por el secretario general adjunto de la OEA, Albert Ramdin; el secretario general del SICA, Juan Daniel Alemán, y el vicecanciller de Costa Rica, Carlos Roverssi, cuyo país ocupa la presidencia pro témpore del bloque centroamericano.

Según el SICA, en el encuentro participan representantes de países amigos como Australia, Canadá, Chile, Corea del Sur, Colombia, España, Estados Unidos, Georgia, Israel, Italia, México y la Unión Europea.

Además, de la OEA, el Banco Centroamericano de Integración Económica, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, la Organización Internacional para las Migraciones, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y de la Secretaría General Iberoamericana, precisó.

EFE

16 oct 2012

Centroamérica se remilitariza


Por Giorgio Trucchi 
La guerra contra la droga impuesta por Washington está remilitarizando la región. Pero sus verdaderos objetivos están vinculados a una voluntad de reposicionamiento político-militar, la explotación de los recursos naturales y la represión social.
El 7 de agosto de 1987, la firma del Acuerdo de Esquipulas II por parte de los presidentes de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica marcó el inicio de un proceso que llevó al fin de los conflictos armados internos. Las guerras civiles centroamericanas acontecieron en el marco de la Guerra Fría y dejaron un saldo de centenares de miles de víctimas en la región.
Ese histórico evento no sólo mostró, por primera vez, un distanciamiento de los gobiernos centroamericanos de las políticas guerreristas de las dos superpotencias de entonces – Estados Unidos y Unión Soviética –, sino que despejó el camino para la pacificación y la desmilitarización de Centroamérica, por medio de una reducción drástica de las fuerzas militares y de armamento.
Veinticinco años después, esa misma región está siendo sacudida por una ola de violencia sin precedentes. El avance del crimen organizado relacionado con el narcotráfico, asociado con los altos índices de pobreza que afectan a la gran mayoría de la población, han convertido los países centroamericanos en corredores de trasiego de drogas hacia Estados Unidos.
En muchos casos, las instituciones han sido permeadas por los cárteles de la droga y las bandas criminales, mermando de manera significativa la ya débil institucionalidad democrática que, con dificultad, se había venido construyendo en la posguerra.
Una situación muy complicada sobre todo para los países del Triángulo Norte – Guatemala, El Salvador y Honduras – que han alcanzado índices de violencia y criminalidad entre los más altos a nivel mundial y una tasa de homicidios que supera la de varios países en guerra.
Según William Brownfield, secretario de Estado adjunto para Asuntos Internacionales de Narcóticos, hoy en día la amenaza más grande para Estados Unidos se ha mudado a Centroamérica, ”donde los traficantes y las pandillas criminales facilitan el flujo de hasta el 95% de toda la cocaína que llega” a territorio norteamericano”. El Departamento de Estados Unidos asegura que más del 70% por ciento de esta cantidad transita por Honduras.
Ante este escenario preocupante y con el objetivo declarado de combatir los daños causados por la narcoactividad, Estados Unidos ha vuelto nuevamente su mirada hacia Centroamérica. Por un lado ha fomentado e impulsado su presencia militar, el trabajo de inteligencia, la capacitación de las fuerzas de seguridad nacionales, por el otro ha implementado las técnicas y tecnología militar de punta aplicadas a nuevas tácticas de guerra.
Los principales instrumentos de esta nueva estrategia “guerrerista” han sido la Asociación de Seguridad Ciudadana de América Central, lanzada por el presidente Barack Obama en 2011 durante su visita a El Salvador, y la CARSI (Iniciativa Regional de Seguridad para América Central), la versión centroamericana de la Iniciativa Mérida y del Plan Colombia.
De hecho, se trata de la principal estructura de aplicación y financiación de Estados Unidos en la región, con la que pretende coordinar los países centroamericanos con instituciones financieras internacionales, el sector privado, la sociedad civil y el SICA (Sistema de Integración Centroamericana), “para formar, profesionalizar y dotar a las fuerzas de seguridad de los Estados”, así como apoyar en el combate directo a la narcoactividad, subraya Brownfield.
Remilitarización
Durante su visita a Honduras en marzo del año en curso, el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, acompañado por el director para Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional, Dan Restrepo, dijo que, pese a la crisis económica, su país iba a mantener los compromisos asumidos con la región.
Según datos del Departamento de Estado, entre 2008 y 2012, la ayuda financiera anual que Washington ha destinado a la región centroamericana para la lucha contra el narcotráfico ha aumentado del 75%, alcanzando un total de 496 millones de dólares. Para el 2013, la administración Obama ha solicitado al Congreso la aprobación de una nueva partida de 107 millones.
Un informe del SIPRI (Instituto Internacional de Investigación de la Paz) evidencia que, en 2011, Centroamérica y el Caribe totalizaron un gasto militar conjunto de 7 mil millones de dólares, un 2.7% más que el año anterior. El tercer país con mayor incremento fue Guatemala con un 7.1%. A la cabeza de los países que más invierten en el sector bélico en el mundo continúan los Estados Unidos, con 711 billones en 2011.
Militarización en el Bajo Aguán, Honduras. Fotografía de Giorgio Trucchi.
Guatemala, con el apoyo económico y técnico de Estados Unidos, creará una fuerza militar para combatir el narcotráfico en el Océano Pacífico y en la región de San Marcos, fronteriza con México. Lo mismo está haciendo Honduras con la creación de la nueva fuerza de seguridad Tigres (Tropas de Inteligencia y Grupos de Respuesta Especial de Seguridad). Mientras tanto, los gobiernos del Triángulo Norte, en coordinación con el gobierno norteamericano y la participación de otros países de América Latina y Europa, lanzaron la “Operación Martillo”, un esfuerzo multinacional que forma parte de la nueva estrategia de seguridad regional del gobierno norteamericano y de la CARSI, para combatir el crimen organizado trasnacional.
El Instituto Internacional para Estudios Estratégicos (International Institute for Strategic Studies) registró que, entre los años 2009 y 2010, hubo un incremento de casi dos mil efectivos en las fuerzas militares de Guatemala y El Salvador, y lo mismo espera hacer Honduras en los próximos años. Dicho incremento fue menor en el resto de países de la región.
De la misma manera, el Atlas Comparativo de la Defensa en América Latina y Caribe (2010), elaborado por la RESDAL (Red de Seguridad y Defensa de América Latina), evidencia que, del 2006 al 2010, El Salvador experimentó un incremento de casi un 20% en su presupuesto de defensa, Guatemala lo hizo en casi el 16%, Nicaragua en un 9%, mientras que el aumento en Honduras fue del 64%.
En el caso particular de Honduras, durante el 2011, el Péntagono incrementó su gasto militar en el país de un 71% con respecto al año anterior. Pese a la grave crisis económica, político-institucional y social que embistió a Honduras desde el golpe de Estado del 2009 y a las repetidas denuncias de corrupción, violación a los derechos humanos y colusión con el crimen organizado dirigidas a la Policía Nacional, Estados Unidos aportó 53.8 millones de dólares y tiene previsto continuar con sus programas.
Aunque sin contar con ejército – pero sí con fuerzas de seguridad fuertemente militarizadas – Panamá y Costa Rica no se quedaron atrás en esta carrera armamentista. Según Roberto Cajina, miembro de la Junta Directiva de RESDAL, ese proceso de remilitarización se expresa de diferentes formas, como por ejemplo, con la adquisición de nuevo armamento aéreo, naval y de tierra, pero también a través de la masiva presencia de efectivos militares y medios navales, terrestres y aéreos estadounidenses, a solicitud de las instituciones del Estado, como es el caso de Costa Rica.
En 2010, el Congreso de Costa Rica autorizó la llegada de 46 buques de guerra y de siete mil tropas estadounidenses a las costas costarricenses para realizar operaciones militares, misiones antinarcóticos y supuestas acciones humanitarias en la región. En julio del año en curso, los diputados autorizaron el ingreso, atraque, desembarque y permanencia en aguas territoriales del buque de guerra USS Elrod.
Nicaragua mantuvo un bajo perfil y una escasa información acerca de la gestión y uso de su presupuesto anual, así como de la inversión militar ejecutado. Sin embargo, gracias al apoyo del gobierno sandinista y de sus diputados, logró importantes modificaciones a su base jurídica mediante la aprobación de leyes que le otorgan importantes cuotas de poder y nuevos y mayores espacios de autonomía.
Militarización de la seguridad pública
Otro elemento destacado por Cajina es la acrecentada participación de los ejércitos en la susodicha ‘guerra contra las drogas’, la cual “está conduciendo a la militarización de las policías y la ‘policialización’ de los ejércitos”. En efecto, en los países del Triángulo Norte se ha legislado para que los militares cumplan tareas de orden público.  “Poco a poco va desapareciendo la delgada línea roja que separa Defensa Nacional y Seguridad Púbica, una amenaza emergente real a los endebles procesos de construcción de institucionalidad democrática en Centroamérica”, dijo Cajina.
Militarización en el Bajo Aguán, Honduras. Fotografía de Giorgio Trucchi
A ese propósito, el VI Informe Centroamericano sobre Derechos Humanos y Conflictividad Social, elaborado por varias instancias de derechos humanos en la región, señala que la militarización a que ha sido sometida la seguridad pública en Centroamérica estaría desnaturalizando a las instituciones policiales.
“El hecho mismo de desplazar nuevamente al ejército en las ciudades centroamericanas no sólo no se ha traducido en la reducción de los índices de violencia y criminalidad, sino que los ha incrementado, sirviendo de herramienta para frenar rebeliones de índole social contra sistemas opresores que les lanzan a la marginalidad social y la pobreza”, señala el informe final.
Y si eso fuera poco, hay que recordar que, en Centroamérica, existe un verdadero ejército de agentes de seguridad privada. Se calcula que serían casi 70 mil los guardias fuertemente armados que trabajan en 717 empresas de la región, formando parte de la nueva militarización regional que, además, tiene matices muy particulares.
“En la nueva organización militar centroamericana post años 90, la mayoría de los ejércitos han dirigido sus pasos a la administración de empresas productivas o de servicios. Son los nuevos empresarios, los nuevos inversionistas, en donde se conjuga el poder militar y el poder económico del nuevo liberalismo de los tiempos modernos”, asegura la periodista Dea María Hidalgo.
EE.UU. envía tropas
La otra cara del proceso de remilitarización en Centroamérica es el reposicionamiento militar de Estados Unidos. Los norteamericanos han vuelto a pisar suelo centroamericano con sus botas militares, esta vez, con nuevas técnicas y tecnologías.
Después de haber reactivado la Cuarta Flota en 2008, instalado nuevas bases militares (Isla Guanaja y Caratasca) y tres bases de Operaciones de Avanzada (Puerto Castilla, El Aguacate y Mocorón) en Honduras y reforzado las bases ya existentes, Estados Unidos ha profundizado el trabajo de capacitación y entrenamiento militar de la tropas nacionales, ha intensificado las maniobras militares en torno al Canal de Panamá, ha promovido el uso de contratistas para las tareas de respuesta rápida y ha desplegado fuertes contingentes de agentes especiales de la DEA (Drug Enforcement Administration).
Todd Robinson, subsecretario adjunto en la Oficina de Asuntos Narcóticos Internacionales y Aplicación de la Ley, declaró recientemente en una entrevista con BBC Mundo que no existe una guerra contra la droga, sino “una decisión política para ayudar a que estos gobiernos protejan a sus ciudadanos y nosotros protejamos a los nuestros”.
Sin embargo, resulta cada día más evidente que la administración del presidente Obama está impulsando y desarrollando su fórmula para un nuevo modo de guerra estadounidense. Según el portal Web TomDispatch, en esta segunda década del nuevo siglo hay que olvidarse de las invasiones a gran escala como en el pasado reciente, sino que hay que pensar en “fuerzas de operaciones especiales que actúan independientemente, pero que también entrenan o combaten junto a militares aliados en puntos álgidos de todo el mundo”.
Además de eso, hay que esperar una inversión cada vez más profunda hacia “la militarización del espionaje y la inteligencia, el uso de drones (aviones no tripulados), así como el lanzamiento de ataques cibernéticos y operaciones conjuntas del Pentágono con organismos gubernamentales ‘civiles’ cada vez más militarizados”, explica el portal.
Se trataría de “operaciones militares confusas”, es decir una especie de versión organizativa de la guerra en la cual “un Pentágono dominante fusiona sus fuerzas con otras agencias gubernamentales, como la CIA (Agencia de Inteligencia Central), el Departamento de Estado y la DEA, y fuerzas testaferras extranjeras, en complejas misiones combinadas”.
Es una estrategia que ha impactado fuertemente en las poblaciones y ha levantado fuertes críticas de parte de amplios sectores de las sociedades centroamericanas. Según ellos, no solamente la lucha contra el narcotráfico ha fracasado y no ha resuelto los graves problemas relacionados con este fenómeno, sino que detrás de este proceso de remilitarización de la región estarían ocultos los verdaderos objetivos de los Estados Unidos y de sus aliados centroamericanos: su reposicionamiento político-militar en la región, el control y la explotación de los principales recursos naturales y la criminalización de la protesta social, con un muy probable aumento de la violencia y la represión.
II
“La guerra contra las drogas es un fracaso”, dice Laura Carlsen, directora del Programa de las Américas
Laura Carlsen. Fotografía de Nino Oliveri
El modelo de lucha contra la narcoactividad y el crimen organizado impulsado por Estados Unidos en Centroamérica no sólo ha fracasado ruidosamente, sino que ha conllevado una profundización de la violencia contra las poblaciones locales y la remilitarización del territorio, poniendo al descubierto intereses ocultos que apuntan a monitorear e intervenir en los procesos emancipatorios y unitarios de los países de la región.
Partiendo de este análisis, la politóloga y directora delPrograma de las Américas del CPI (Centro para la Política Internacional) Laura Carlsen, aseguró en conversación con Opera Mundi que la única manera de combatir y derrotar la narcoactividad es impulsando un modelo que se construya desde abajo, con la participación ciudadana y la recomposición del tejido social, quebrantado por las políticas neoliberales de las últimas dos décadas.
¿Cuáles son las características del modelo de combate al narcotráfico impulsado por EUA en México y ahora exportado hacia Centroamérica?
Laura Carlsen: Es un modelo basado en la militarización del territorio y el enfrentamiento directo para la interdicción y confiscación de drogas ilegales, así como para la detención o eliminación de los miembros de los cárteles de la droga. Eso, por definición, implica enfrentar la violencia con más violencia y el resultado es el aumento exponencial de los muertos. Hasta la fecha, se calcula que el combate contra el narcotráfico y el crimen organizado en México haya dejado un saldo de más de 60 mil muertos.
¿Cuál es el balance de este modelo?
Ha sido un fracaso total. Ha generado altísimos índices de violencia, no ha detenido el flujo de drogas ilícitas que entran a EUA y hasta la detención de los capos (jefes) de la droga no ha servido a frenar el ‘negocio’. Antes bien, su captura ha desatado una guerra entre los cárteles para asumir el control del territorio, generando más violencia y muerte.
¿Ha habido algún cambio bajo la administración del presidente Barack Obama?
La Iniciativa Mérida inició en octubre de 2007 como un plan de tres años. Lo que hizo Obama fue expandirlo, intensificarlo y extenderlo de forma indefinida. Por primera vez, Estados Unidos se ha involucrado directamente en la gestión de aspectos que tienen que ver con la seguridad nacional de México. Es un cambio estructural muy preocupante que ahora está siendo proyectado para Centroamérica por medio de la CARSI (Iniciativa Regional de Seguridad para América Central). Uno de los primeros efectos que estamos viendo es la remilitarización de estos países y una dinámica de creciente violencia contra la población y de violación de los derechos humanos.
¿Qué interés tendría EUA en reproducir un modelo que ha fracasado?
El país no está dispuesto ni siquiera a analizar el por qué de este fracaso y está recibiendo fuertes críticas, hasta de los gobiernos de la región. Para nosotros, esta actitud revela que, detrás de la militarización, hay intereses muy poderosos.
¿De qué intereses estamos hablando?
En primer lugar garantizar las enormes ganancias de la ‘industria de la guerra’, que está radicada mayoritariamente en los Estados Unidos. Son miles de millones de dólares que entran al país a través de la venta de armas y equipos militares, el empleo de empresas de seguridad privada, como Blackwater, y la implementación de sistemas electrónicos y de espionaje sobre la población.
En segundo lugar hay un interés geopolítico. EUA quiere tener más control sobre las estrategias de seguridad internas de los países centroamericanos, sobre todo ahora que varios gobiernos progresistas o de izquierda se han instalado en América Latina, gobiernos que ya no comparten las políticas neoliberales e impulsan procesos innovadores. En este sentido, EUA busca fortalecer su presencia militar para enfrentar lo que ve como una amenaza contra su hegemonía tradicional en la región.
También hay un gran interés para los recursos naturales de estos países…
Es otro de los puntos directamente vinculados con la militarización y que tiene su precedente en Colombia donde, con el pretexto del combate al narcotráfico, se han desplazado a más de cinco millones de personas. Y lo más absurdo es que ahora el Departamento de Estado norteamericano está presentando a Colombia como un ejemplo de seguridad y un modelo que se debe exportar en todo el continente latinoamericano. En México, por ejemplo, a través de la Iniciativa Mérida, Estados Unidos militarizó el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) para salvaguardar sus intereses comerciales y proteger la inversión estadounidense en recursos naturales. En fin, de eso se trata: una militarización que no sólo protege la inversión extranjera, sino que fomenta un proceso de desplazamiento y despoblación de regiones en donde hay riquezas naturales.
En varios países de Centroamérica, la protesta social contra la explotación de los recursos naturales está siendo criminalizada. ¿Usted comparte esta preocupación?
No hay dudas de que la protesta social está siendo reprimida, sobre todo en los países del Triángulo Norte. Hay una criminalización acompañada por la represión de aquellas organizaciones que luchan contra la minería, los megaproyectos hidroeléctricos y turísticos, la expansión de los monocultivos a gran escala. Debemos profundizar el análisis y la investigación para tener elementos suficientes que nos ayuden a prever hacia donde esta represión apunta.
¿Qué papel están jugando la DEA (Drug Enforcement Administration) y el flujo de dinero que financia la lucha contra el narcotráfico en Centroamérica?
Hemos tratado de investigar el movimiento de dinero que fluye hacia la lucha contra el narcotráfico, pero ha sido muy difícil por la falta de transparencia. En algunos países, como Honduras y Guatemala, los agentes de la DEA están autorizados a andar armados y disparar contra civiles, lo cual es absurdo y representa una violación absoluta de la soberanía nacional y de los derechos humanos internacionales. Además, hemos documentado el sufrimiento que causa la criminalización de la protesta y en particular el impacto sobre las mujeres. Lamentablemente, esta situación choca con el total desinterés mostrado por el Departamento de Estado norteamericano.
¿Cuáles son los impactos de esta política sobre las mujeres?
Hay índices muy elevados de acoso, tortura y violencia sexual. Las mujeres con frecuencia encabezan la defensa de sus comunidades y la protesta social ante el proceso de militarización y de explotación de los recursos naturales. En el caso de Honduras, esta situación coincide con el aumento de la violencia que se ha originado después del golpe de Estado y que se ha incrementado con el actual régimen de Porfirio Lobo.
También hay que destacar la represión desatada contra los opositores al golpe y el uso de una supuesta lucha contra el narcotráfico para reprimir la oposición política. Y todo esto en medio de una total impunidad. En Honduras, los casos que llegan a sentencia judicial son menos del 2% y las denuncias de corrupción en las instituciones están a la orden del día.
Igualmente en Guatemala, la situación es muy preocupante. Las comunidades, que todavía tienen en su memoria los horrores de la campaña militar genocida de los años 80, están viendo como sus territorios vuelve a ser militarizados y su gente reprimida.
¿Cómo combatir, entonces, la narcoactividad y el crimen organizado?
No hay una sola respuesta, ni un modelo seguro, pero sí sabemos que la militarización no es la respuesta. Es importante que este otro modelo se construya desde abajo, con la participación ciudadana  y con una perspectiva de seguridad que tenga como primer objetivo la seguridad de la persona, de su vida.
Además, hay que enfocarse en la recuperación del tejido social, que ha sido destruido por las políticas neoliberales. Es necesario recomponerlo con programas sociales que crean empleo, garantizan el desarrollo económico, la salud, la educación, el respeto de los derechos humanos. Hay que volver a empezar a construir una sociedad fuerte, para que pueda resistir las infiltraciones del crimen organizado, el reclutamiento de jóvenes y la extorsión.
Además, hay que forzar la voluntad política para que haya un sistema de justicia al servicio de la población, acabando con la impunidad y la corrupción.
III
Según las organizaciones sociales la remilitarización de Centroamérica provoca más muertes y violencia
¡Lánzate al agua, no te detengas! – gritó Clara Wood Rivas a su hijo, Hasked, mientras las balas provenientes del helicóptero militar pasaban rozando su cuerpo e impactaban en el pequeño bote. Clara nadó con toda su fuerza hasta llegar a la orilla del río Patuca. Se volteó para buscar a su hijo en medio de la oscuridad. Lo llamó, pero no obtuvo respuesta.
Esa fue la última vez que Clara vio a su pequeño con vida. Hasked Brooks Wood tenía sólo 14 años y cayó bajo las ráfagas mortales disparadas por agentes del operativo conjunto del FAST (Equipo de Apoyo Consultivo en el Extranjero) de la DEA (Drug Enforcement Administration) y del Equipo de Respuesta Táctica de la Policía Nacional de Honduras.
Con él, perdieron la vida Emerson Martínez Henríquez (21 años), Juana Jackson Ambrocio (28 años) y Candelaria Pratt Nelson (48 años). Cuatro personas más fueron heridas de gravedad. Juana Candelaria tenían cinco meses de embarazo.
De acuerdo con la investigación independiente realizada por el COFADEH (Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras) en la región de la Mosquitia, en Honduras, el pequeño bote en el que se transportaban 16 personas fue atacado por agentes hondureños y estadounidenses, creyendo que la embarcación estaba transportando droga descargada de una avioneta unas horas antes.
La investigación también mostró que, en ningún momento, hubo un intercambio de disparos, sino que el ataque provino desde los helicópteros y que continuó en tierra firme, “sometiendo la población civil a detenciones ilegales, amenazas de muerte, allanamientos, saqueo de bienes, trato crueles, inhumanos y degradantes”, se lee en el informe.
La DEA negó cualquier tipo de participación de sus efectivos en el ataque. Igualmente, la embajadora estadounidense en Honduras, Lisa Kubiske y el canciller hondureño Arturo Corrales, aseguraron que los efectivos que protagonizaron el operativo antidroga actuaron “en forma debida y en defensa propia”, supuestamente para responder a disparos que provenían del pequeño bote.
“Reto a todas estas instituciones que actuaron en contra de la vida de las personas a que sean valientes. Que admitan que se equivocaron, que dispararon en contra de una población civil que no tiene vínculos con el narcotráfico. En vez de estar justificando la muerte de mujeres embarazadas y niños y estar lavando la sangre derramada, deberían pedirles perdón a los familiares de las víctimas”, dijo a Opera MundiBertha Oliva, coordinadora del COFADEH.
Bertha Oliva, coordinadora de COFADEH. Fotografía de Giorgio Trucchi
Un mes después (25/6), agentes de la DEA mataron a tiros a un hombre que supuestamente participaba en la descarga de cocaína en la zona de Brus Laguna. A los pocos días, abatieron al piloto de una avioneta que se estrelló en la zona de Olancho, mientras trataba de evadir una operación antinarcóticos. La DEA reconoce que la cifra global de fallecidos durante estos operativos en territorio hondureño en los últimos dos meses asciende a ocho.
“La militarización siempre trae consigo muerte y graves violaciones a los derechos humanos. Lo que ha ocurrido en la Mosquitia hondureña es el resultado de una política de Estado que se está regando por toda la región, y que está encaminada a remilitarizar las sociedades”, apuntó Oliva.
Militarización y violencia
El proceso de remilitarización que está viviendo Centroamérica en los últimos años, junto con el reposicionamiento estratégico-militar de Estados Unidos en la región en aras del combate al narcotráfico, ha generado fuertes debates y un malestar profundo en amplios sectores de la sociedad.
Según varias organizaciones, la puesta en práctica de programas como la CARSI (Iniciativa Regional de Seguridad para América Central) o la Iniciativa Mérida, así como la adopción de nuevas tácticas de guerra asimétrica e irregular, muy similares a las operaciones militares contrainsurgentes utilizadas por las tropas norteamericanas en varios rincones del mundo, serían pretextos que Estados Unidos usa para reafirmar su presencia en la región y preservar sus intereses. Como ya ocurrió durante los conflictos bélicos en las décadas pasadas, la población civil es la más afectada.
“Nuestro territorio se ha transformado en un centro de operaciones y de movimiento de capitales controlados por el crimen organizado, y los países del SICA (Sistema de Integración Centroamericana) apoyan la idea de reproducir la misma estrategia fracasada del combate al narcotráfico adoptada en Colombia y en México. En estos países, la salida militar no sólo no ha resuelto el problema, sino que lo ha profundizado”, manifestó Jorge Coronado, miembro de la Comisión Nacional de Enlace Costa Rica.
En Costa Rica el ejército fue abolido en 1948. Sin embargo, en los últimos años se ha incrementado la “militarización” de la Policía y la compra de armamento y de unidades de despliegue rápido. Hasta se aplicó un nuevo impuesto a las sociedades anónimas para financiar el Ministerio de Seguridad Pública.
Coronado explicó que los efectivos policiales están siendo entrenados por el Mossad (Servicio de inteligencia y contraespionaje israelí), los carabineros chilenos y los cuerpos especiales del ejército colombiano y mexicano. Además, la DEA financia toda el área de seguridad pública y, junto con los asesores de la CIA (Agencia Central de Inteligencia), participa en cada operativo. “Estamos al borde de una escalada de la militarización y la violencia, listos para abrir las compuertas para que se desate una guerra regional”, alertó el experto costarricense.
En el Triángulo Norte – Guatemala, Honduras y El Salvador – la DEA ha tomado el control de los operativos antinarcóticos. “Se hace acompañar por efectivos nacionales justo para darle una apariencia de legitimidad a las operaciones encubiertas. Nadie sabe de verdad lo que está pasando en estas zonas remotas del país”, manifestó el sociólogo guatemalteco Gustavo Porras Castejón.
Gustavo Porras Castejón. Fotografía de Giorgio Trucchi
Según él, el reposicionamiento militar de EUA en la región responde también a otros intereses, como, por ejemplo, la preocupación ante procesos de fortalecimiento y unidad de los países latinoamericanos. El proyecto de creación del CDS(Consejo de Defensa Sudamericano), un mecanismo de cooperación e integración militar impulsado por el ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y asumido en 2008 por la UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas), sería, por ejemplo, uno de los elementos fundantes de la decisión de EUA de instalar 7 bases militares en Colombia, así como de reforzar sus operaciones navales en Panamá y lanzar una escalada militarista en Centroamérica.
“En definitiva, el combate al narcotráfico y al crimen organizado revela la hipocresía de EUA. Con su política de seguridad está facilitando nuevos procesos de militarización, desplaza a los cárteles hacia nuestros países y aleja los problemas de su territorio. Allá nadie está haciendo nada para combatir el consumo y la narcoactividad”, expresó María Silvia Guillén, ex comisionada de la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos) y directora ejecutiva de la FESPAD (Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho).
En el caso de El Salvador, Guillén alertó sobre la militarización de las instituciones salvadoreñas. “Los militares han tomado los puestos claves de la seguridad pública. Ya tenemos a dos generales en retiro controlando el Ministerio de Justicia y Seguridad y la Policía Nacional Civil (PCN). Eso violenta abiertamente la Constitución y los Acuerdos de Paz”, afirmó. La directora del FESPAD denunció incluso un repunte de las ejecuciones extrajudiciales en el país, con el involucramiento directo de las Fuerzas Armadas. “Estamos volviendo al pasado”, dijo.
María Silvia Guillén, directora del FESPAD. Fotografía de Giorgio Trucchi
En Panamá, el ejército fue abolido después de la invasión de 1989 y las bases militares norteamericanas cerradas después de la entrega del Canal a las autoridades panameñas en el año 2000. Sin embargo, la presencia militar norteamericana no ha desaparecido. Antes bien está teniendo un repunte nunca antes visto.
En efecto, durante los últimos años, se ha registrado un incremento desmedido de los patrullajes aéreos y navales, las maniobras militares conjuntas (Panamax) y de la participación norteamericana en retenes en todo el país. Hasta se les ha otorgado jurisdicción a los guardacostas estadounidenses sobre buques con bandera panameñas.
“En los últimos tres años se han gastado 1500 millones de dolares en compra de armamento y el presupuesto de la Policía ha crecido en 550 millones. Además, se están creando 14 bases aeronavales que estarán orientadas a favorecer la política de seguridad impulsada por EUA”, dijo Silvestre Díaz, directivo nacional del FRENADESO (Frente Nacional por la Defensa de los Derechos Económicos y Sociales).
Para muchos, la remilitarización de la región centroamericana es parte del gran negocio de la venta de armas. En 2011 las exportaciones de armas de EUA se han triplicado, alcanzando la cifra récord de 66.3 mil millones de dólares. Según Andrew Shapiro, secretario adjunto de Estado para Asuntos Políticos-Militares, el complejo militar-industrial estadounidense vendió un 78% de las armas del mundo. En junio de 2012, Estados Unidos ya había sobre pasado los 50 mil millones de dólares en venta de armas al extranjero.
El caso Nicaragua
Si bien Nicaragua ha mostrado, en los últimos años, un ligero aumento del presupuesto del Ejército y la Policía, y ha anunciado la puesta en operación de un nuevo batallón de tropas navales en la Costa Pacífica y un destacamento antidroga “de aguas interiores” de la Fuerza Naval en el río San Juan, en el extremo sureste del país, su participación a la lucha contra la narcoactividad y el crimen organizado sigue teniendo matices muy particulares.
“El combate a la droga hay que analizarlo según la forma en que cada país lo asume. El modelo nicaragüense es muy efectivo y no deja secuelas porque nuestro Ejército y nuestra Policía nacen con la revolución sandinista, de las mismas entrañas del pueblo, y están profundamente enraizados en la comunidad y con su gente”, señaló a Opera Mundi el ex presidente del Parlamento Centroamericano y actual diputado sandinista, Jacinto Suarez.
En efecto, el modelo policial preventivo, proactivo y comunitario, junto con la efectividad del ejército nacional, no sólo está dando resultados muy concretos y representa un muro de contención contra la narcoactividad, sino que está siendo estudiado en toda América Latina.
Desde que el líder sandinista Daniel Ortega asumió la presidencia de Nicaragua, el nuevo gobierno tomó una posición muy clara sobre cuál debía ser el rol de EUA en el país, con respecto al combate al narcotráfico. “Luchar contra el narcotráfico no significa que ahora venga la DEA a querer establecerse aquí con sus bases, sus helicópteros, sus tropas. ¡Bajo ningún punto de vista! Por eso tenemos nuestro ejército nacional y nuestra policía que van a llevar en la práctica las operaciones contra el narcotráfico”, dijo el presidente Ortega a los pocos meses de haber asumido el mandato, en 2007.
“Con la DEA vamos a tener un trabajo de cooperación, pero con mucho cuidado. No podemos ser ciegos con la DEA, porque ellos tienen sus intereses que van mucho más allá de la lucha contra el narcotráfico. Por principio, no permitiremos que vayan metiendo sus tropas en nuestro territorio, porque ya se han descubierto cosas terribles en esas operaciones de la DEA”, sentenció Ortega.
El actual proceso que se está llevando a cabo en Nicaragua contra el empresario nicaragüense Henry Fariñas, el ex magistrado electoral Julio Cesar Osuna y otras 22 personas, así como la detención de los 18 falsos periodistas de la cadena mexicana Televisa, detenidos con más de nueve millones de dólares en un puesto fronterizo con Honduras, es un ejemplo claro de la efectividad del modelo nicaragüense.
Fariñas es acusado de lavar más de nueve millones de dólares, de tener vínculos directos con los cárteles mexicanos y con el costarricense Alejandro Jiménez, alias “El Palidejo”, principal sospechoso de ser el autor del atentado contra Fariñas, en el que perdió la vida el cantor y compositor argentino, Facundo Cabral.
Saqueo de recursos
Sembrar incertidumbre y miedo en las poblaciones que se encuentran bajo fuego cruzado, desplazándolas de sus territorios para abrir paso a la explotación de valiosos recursos naturales del suelo y del subsuelo, es la acusación que varias organizaciones centroamericanas dirigen contra la estrategia del combate a la droga impulsada por EUA.
“Lo hemos venido denunciando desde hace mucho tiempo. Estados Unidos, junto con las oligarquías locales y los intereses transnacionales, están implementado una estrategia militarista para saquear nuestros recursos, apropiarse de nuestro territorio, cambiar nuestra cultura”, explicó Bertha Cáceres, coordinadora nacional del COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras).
Bertha Cáceres, coordinadora nacional del COPINH. Fotografía de La Voz de los de Abajo
“Los pueblos indígenas y negros estamos siendo criminalizados, estigmatizados y asesinados. De esa manera quieren desplazarnos de las zonas donde abundan los recursos naturales”, aseveró.
Para ella, la escalada militarista es parte de la dominación económica y política que sufre la región centroamericana. “La violencia es producto de la injusticia y la desigualdad social. No es más que un eje del sistema político-económico neoliberal impuesto por EUA a los países centroamericanos”, amplió.
Ethlen Erlinda Wood, coordinadora de la organización Ecos de la Mosquitia, expresa su profunda preocupación ante el reiterado hostigamiento de parte de los cuerpos especiales que operan en esta zona remota de Honduras.  “Después de la masacre del 11 de mayo en Ahuas, las tropas hondureñas y los agentes norteamericanos siguen maltratando a los civiles y violentando los derechos del pueblo miskito. Todos nos hemos vuelto sospechosos de algo y es una carga psicológica muy pesada. Ya nadie se siente seguro y nuestra forma de vida está cambiando. Vamos a exigir el retiro inmediato de todas las bases militares ‘gringas’ del territorio miskito”, aseguró Wood.
Para los pueblos garífunas hondureños, el acaparamiento de sus tierras y la expulsión de sus territorios es el resultado de la voracidad de los poderes fácticos que controlan el país y del capital transnacional, para desarrollar en toda tranquilidad los megaproyectos hidroeléctricos y turísticos, implementar la explotación minera y extender el modelo de monocultivos a gran escala. “Y si los militares y los policías no son suficientes, hay un ejército de guardias de seguridad privada fuertemente armados y sin control, preparados para defender a sus patrones hasta las últimas consecuencias”, dijo Miriam Miranda, coordinadora de OFRANEH (Organización Fraternal Negra Hondureña).
Criminalización de la protesta
En este contexto de convulsión social, la lucha impulsada por varias organizaciones sociales y populares para contrarrestar la que consideran “una escalada militarista y saqueadora”, está siendo brutalmente criminalizada y reprimida.
Uno de los elementos usado para “apretar la tuerca” contra los movimientos sociales es el uso, cada vez más frecuente, de efectivos militares para cumplir con tareas de seguridad pública. En los países del Triángulo Norte, los Parlamentos han legislado para otorgar al ejército funciones que son propias de la policía.
“Hay una persecución sistemática en contra de los dirigentes comunitarios y los líderes de la protesta. Lo hemos visto en Santa Cruz Barilla, en San Juan Zacatepeque, en Nebaj y en todos los lugares donde la población se ha organizado para combatir los megaproyectos y la minería. Sólo por el hecho de estar protestando y de denunciar que nadie los está tomando en cuenta, el gobierno acusa a los movimientos de delincuentes y terroristas”, dijo Juan Pablo Ozaeta, investigador del CER Ixim (Colectivo de Estudios Rurales) de Guatemala.
En esta lucha contra la explotación de recursos de parte de las grandes transnacionales norteamericanas y europeas ya han sido asesinadas varias personas. Además, fue denunciada la violación sistemática de los derechos humanos, como producto de la creciente militarización y el uso de nuevas técnicas de inteligencia militar para interceptar e identificar liderazgos comunitarios.
En Panamá, la aprobación de leyes antisociales ha generado una fuerte reacción de parte de la población. La represión policial contra los trabajadores bananeros en Bocas del Toro y el pueblo Ngöbe Buglé en Chiriquí, ha dejado un saldo de muertos y heridos. Por el uso ilegal de perdigones hay decenas de trabajadores del banano que han quedado ciegos.
“El pueblo ha salido a las calles de manera combativa reclamando sus derechos y la respuesta ha sido más represión. Todo eso en el marco de una política de seguridad para supuestamente combatir el narcotráfico, pero que al final es utilizada para reprimir la protesta social”, subrayó Silvestre Díaz.
Díaz explicó que la creación de unidades especiales relacionadas con el SENAFRONT (Servicio Nacional de Fronteras) ha servido sobre todo para reprimir a la población. “Todos estos nos lleva a recuerdos muy tristes que pensábamos se habían quedado en el pasado”, dijo.
Más Estado y menos militarización
Según amplios sectores de las sociedades centroamericanas no es con la militarización, ni con la violencia que se resuelve el grave problema de la narcoactividad y el crimen organizado. Durante el Foro “Fortalecimiento de las instituciones democrática”, Carmen Rosa Villa, representante regional de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, se pronunció en contra de que el Estado aplique “mano dura” para combatir la delincuencia. “El Estado debe recuperar su rol social, que ahora está en manos del crimen organizado, y los gobiernos deben aplicar políticas preventivas de los factores de riesgo de la violencia, atacando las raíces del problema como son la falta de educación y empleo”, dijo.
Según Francisco Dall’Anese, ex fiscal general de Costa Rica, la falta de oportunidades y el desinterés  hacia una adecuada distribución de la riqueza han llevado la región a esta situación. “En estos espacios donde el Estado no brinda servicios, no resuelve los problemas de vivienda, de salud, de educación, de trabajo, viene el crimen organizado y les da a los ciudadanos todo lo que necesitan. Esos grupos sociales terminan dando legitimidad a quienes les trajeron esperanza y comida”, explicó.
También para Jorge Coronado, resolver los problemas de pobreza y exclusión social es la única forma para atacar, desde sus raíces, las causas estructurales que hacen que cada vez más sectores se incorporen al narcotráfico y al crimen organizado. “El caldo de cultivo está en los grandes cordones de miseria que existen en los países centroamericanos. Como movimientos sociales tenemos el gran reto de profundizar nuestra análisis para contraponerla a la propuesta dominante de la militarización y la violencia”, manifestó Coronado.
Paralelamente a las problemáticas sociales, el combate a la corrupción y a la penetración de las instituciones, así como el fin de la impunidad parecen ser otras de las medidas urgentes y necesarias para luchar contra el crimen. “Necesitamos fortalecer la institucionalidad del Estado y revisar el funcionamiento de las instituciones, de tal manera que tengamos claro al servicio de quiénes están, es decir si de la criminalidad organizada o de los intereses nacionales”, sugirió María Silvia Guillén.
La ex comisionada de la CIDH explicó que los gobiernos deben llenarse de soberanía. “En vez de estarles cuidando las fronteras a los Estados Unidos debemos de cuidar los intereses de cada uno de nuestros países”, sentenció.
Para la dirigente garífuna Miriam Miranda, hay una política hipócrita contra el narcotráfico. “El crimen organizado ha penetrado las instituciones. Todo el mundo lo sabe y nadie hace nada. Prefieren criminalizar a los pueblos, hostigarnos, diezmarnos, preparando las condiciones para  abrir las puertas al capital transnacional”.
Miriam Miranda, coordinadora de OFRANEH. Fotografía de Giorgio Trucchi
Además, son muchos los que opinan que el verdadero problema no radica en Centroamérica, sino en el Norte. “Por mucha voluntad y capacidad que se tenga, el problema no lo vamos a resolver nosotros. Los cárteles no terminan al llegar a la frontera con EUA, porque allá hay quién recibe, transporta y distribuye la droga. Allá está la demanda y los consumidores. ¿Qué está haciendo EUA para desarticular estos grupos y combatir el consumo?”, se preguntó Jacinto Suárez.
Una lucha que, definitivamente, debe ser consensuada y tiene que involucrar a la población. “Hay que involucrar a las comunidades, buscar estrategias junto con el pueblo, investigar a fondo los grupos económicos y de poder que están coludidos con este fenómeno. Si no se pone un alto a la impunidad, si no se ataca la pobreza y la miseria, si no se cambia el modelo económico fracasado que nos ha llevado hasta ese punto, no vamos a resolver nunca este problema”, concluyó la dirigente indígena Bertha Cáceres.
Se toma la traducción al español realizada por su mismo autor, Giorgio Trucchi, y publicada por el blog Nicaragua y más.