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6 nov 2013

Relaciones internacionales dominadas por la supremacía y los escollos para la paz en Siria

TOMADO DE ARGENPRESS

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Si existe un área del conocimiento que ha permanecido como suspendida en un estado de hibernación en el período post guerra fría anterior, es aquella de las relaciones internacionales. Como cuerpo teórico y académico en primer lugar y como instrumento de política exterior en determinadas instancias, ha debido enfrentar problemas en un mundo que se presenta con contradicciones inconmensurables excepto en un plano: la necesidad por la supremacía de cualquier nación en el área que sea.

Desde el realismo duro o blando, el idealismo con acento en lo ideológico, al constructivismo liberal o el puesto de moda “poder atractivo y persuasivo”, han sido constructos de análisis que se han estrellado en conflictos como en la Ex -Yugoslavia, en el África y especialmente en las ocupaciones en Afganistán e Irak. Ahora con Siria y una guerra artificial prolongada a la fuerza para derrocar un gobierno, esos constructos se estrellan nuevamente.

El sistema de vigilancia planetaria implantado por Estados Unidos después del 11 de septiembre de 2001 se debe agregar como otro factor determinante que altera las condicionantes y los supuestos con que se analizan y administran las relaciones internacionales.

Como que el cerrado núcleo de guerra fría con su eje de paz y contención al holocausto nuclear, al abrirse hacia libertad, democracia y mercados, convirtiera al antiguo orden mundial en una anarquía dislocada y sin límites en donde prima la desconfianza. Y, como para ponerle freno al desenfado, en medio del evidente progreso hay como un regreso brusco a la Edad Media con algunas pinceladas del Príncipe de Macchiavello en eso de consolidar supremacía. Estados Unidos encabeza este proceso que consiste en más caos que orden y en este sentido el único beneficiado es su poderío bélico y su problemática economía.

La naturaleza del actual escenario internacional consiste en una transición compleja y lo de Siria es un ejemplo directo y claro. Desde un mundo bipolar rígido, observamos la construcción de una multipolaridad aún con rasgos indefinidos en materia de orden mundial y sistema de equilibrios. Arabia Saudí aspira a la supremacía regional a toda costa y paradójicamente en alianza con Israel, algo impensado 20 años atrás. Es tan fuerte el afán sionista por dominar la zona que entra en alianza con la monarquía Saudí, una de las más retrógradas en el mundo árabe, para asumir el rol de potencias regionales.

Los niveles de supremacía de una nación o un grupo de naciones respecto a otras naciones, o de una región respecto a otra, se hace cada vez más evidente en diferentes planos: económico, energético, demográfico, territorial, tecnológico, cultural, capital humano y demográfico, aunque fundamentalmente en el bélico. En el caso de esta región convulsionada hace bastante tiempo, el predominio bélico se ha hecho evidente.

Lo que se constata es el desarrollo de una globalización que ha limitado la capacidad de los estados para administrar sus economías, sus riquezas, determinar sus estrategias de desarrollo y protegerlos de variadas formas de desintegración, una de ellas como la que observamos en Siria, en Irak, la que se incuba en Egipto. Se observan niveles de desequilibrios incidiendo en un sistema de relaciones internacionales cada vez más complejo y menos democrático.

¿Habrá Ginebra II para el pueblo Sirio?

La reciente visita del secretario de estado estadounidense John Kerry a Arabia Saudí y las declaraciones oficiales de estas naciones desnudan ese rasgo de la operación que fracasó y se inscriben en ese clima de beligerancia generado por los propósitos de supremacía a toda costa, aun habiendo perdido la guerra.

Ambos encargados de las relaciones internacionales de sus países, Kerry y su par Saud al-Faisal, coincidieron en que compartían un objetivo común y que no era otro que el acabar con el gobierno en Siria. Este ha sido el factor clave que ha prolongando inicio de la conferencia Ginebra II y poner fin a la guerra. Como que después de las destempladas declaraciones del representante de la diplomacia Saudí, se hubieran acabado los intersticios y las capas de cebolla y mucho haya quedado al descubierto.

Eso de poner fin a la guerra en Siria después de una negociación política para una transición que implica cambio de gobierno a través de elecciones se puede prestar a confusión. Los supuestos son demasiados.

En primer lugar, en el plano inmediato significa que la oposición política al gobierno Sirio tiene el poder de llamar a los 10 y más grupos armados para detener el fuego y la insurrección. En segundo lugar y lo más importante, que los seis países liderando la aventura de derrocar al presidente Sirio podrán fin al plan. Es difícil un acuerdo entre Estados Unidos, Israel, Francia, Reino Unido, Turquía y Arabia Saudí para suspender la guerra si la presa mayor – Bashar al Assad- permanece en el poder, aunque sea un día después de Ginebra II. El líder de la Coalición Nacional Siria (CNS), Ahmad Jarba, dijo el domingo que su grupo no asistiría a la conferencia si Irán participa en Ginebra II y si no hay un plan específico para que Assad abandone la presidencia. Estas demandas fueron consideradas una provocación, anunció el ministro ruso de asuntos exteriores, Sergei Lavrov el pasado martes.

El tercer supuesto es el de la actividad terrorista y de quiénes o que países mejor dicho, se hacen responsable de suspenderla.

Es más que probable que en esta guerra plena de sorpresas y giros a la vuelta de la esquina y a espaldas de lo conversado, nos depare más sorpresas aún. El test consistirá cuando las partes que sean lleguen a la mesa de negociaciones, declaren el fin a la guerra y ésta continúe por el carril en que ha estado funcionando, sin que nadie impida la actividad terrorista que ha sido el baluarte del plan de derrocar al gobierno. Esta es la incógnita mayor en el plano formal de la diplomacia de las naciones que han sustentado el plan de guerra a Siria, incógnita hasta cierto punto porque si la actividad terrorista se detiene es porque en algún cuartel se dio la orden y en ese cuartel claramente se “cocina” el poder. ¿Cuál o cuáles de los países que entraron en el plan, asumirán haber actuado en connivencia con el terrorismo?

En este sentido la parte Saudí pareciera estar fuera de control literalmente y el objetivo de su par estadounidense John Kerry no podría haber sido otro que contener a un enardecido gobierno Saudí que reconocidamente ha contribuido en forma crucial a la prolongación del conflicto en Siria. Especialmente gravitante ha sido el envío de armas a esa fuerza multinacional armada compuesta por terroristas y fanáticos religiosos. Hay una desesperación en los promotores de este plan de derrocamiento porque el tinglado se está desarmando a medida que el ejército sirio controla las partes más neurálgicas del país y la oposición pierde legitimidad con la población siria.

De llevarse a cabo exitosamente la conferencia de Ginebra II para la paz en Siria y que efectivamente se acuerde un plan de transición política hacia una democracia decidida por los sirios en forma abierta, estaríamos en presencia de un paso significativo en democratizar las relaciones internacionales. Sería un regreso a respetar la Carta de Naciones Unidas y un triunfo de un mutilado multilateralismo. Estados Unidos es fundamental para que esto ocurra. Rusia está haciendo su parte.

El sacrificio Sirio merece reivindicar patrones internacionales con equilibrios de poder y contención a supremacías destructivas. Son principios que sustentan el orden mundial consagrado en la Carta de Naciones Unidas. La guerra que aún se mantiene artificialmente en Siria para derrocar el gobierno, exhibe con realismo la ausencia de democracia en las relaciones internacionales. También describe la prevalencia de la supremacía como el factor principal que impide ese desarrollo. Por el factor del terrorismo y esa prolongación artificial sin apoyo popular en Siria, la guerra ha dejado de ser la operación sofisticada que se entramaba detrás de las llamadas revueltas populares bajo el logo de primavera árabe.
Fuente: http://www.argenpress.info/2013/11/relaciones-internacionales-dominadas.html

5 sept 2013

G-20: Los BRICS acuerdan crear ‘las alternativas’ al FMI y el Banco Mundial

RT
ADITAL

Los líderes de los países miembros del bloque BRICS han acordado la creación del Banco de Desarrollo y la Fundación de las Reservas de Divisas. Los expertos estiman que estas estructuras podrían constituir las alternativas al FMI y el Banco Mundial.

5 sep 2013


Los proyectos para crear el Banco de Desarrollo y la Fundación de las Reservas de Divisas fueron examinados durante el primer día de la cumbre del G-20 en Rusia, en el marco de una reunión no oficial liderada por el presidente de Rusia, Vladímir Putin.

Banco de Desarrollo
Putin destacó que la creación del Banco de Desarrollo es un logro importante del BRICS en el ámbito económico. "Su capital social inicial será de 50.000 millones de dólares", informó Putin, citado por el servicio de prensa del Kremlin.

Según los expertos rusos, el Banco de Desarrollo tiene como objetivo proporcionar los fondos para el desarrollo de proyectos de infraestructura.

"Ya comenzó la formación del círculo de los fundadores. Se trata de los países del BRICS. En el futuro, no se excluye la adhesión de otros países y organizaciones", dijo el secretario ejecutivo de la comisión interministerial para la participación de Rusia en el G-20 y el BRICS, Vadim Lukov, a la agencia Itar-Tass. Según él, hay que abordar diferentes cuestiones como la asignación de capital no distribuida, la distribución de cuotas en el capital social, y más tarde establecer la sede del Banco.

La decisión de crear el Banco de Desarrollo se tomó durante la cumbre del BRICS en Durban (Sudáfrica) de finales de marzo. A inicios de agosto los altos funcionarios de Brasil, Rusia, Sudáfrica, India y China acordaron la estructura del Banco.

Colchón de seguridad
Además de la creación de esta organización, los líderes del BRICS también han mencionado este jueves (5/9/13) a otra entidad financiera: la Fundación de las Reservas de Divisas. En comparación con el Banco de Desarrollo, debe contar con muchos más recursos: 100.000 millones de dólares.

Es más, este proyecto todavía necesita tiempo para ser terminado. "El proceso de crear un grupo de las reservas de divisas del BRICS se encuentra en la etapa final. El tamaño de su capital ya está ajustado, será de 100.000 millones de dólares. Rusia también va a contribuir a este trabajo", dijo Putin en San Petersburgo.

Las obligaciones de los países se distribuirán de la siguiente manera: Rusia, India y Brasil proporcionarán 18.000 millones de dólares cada uno, Sudáfrica 5.000 millones de dólares y China 41.000 millones de dólares.

Anteriormente, los países miembros del BRICS discutían la posibilidad de acumular 240.000 millones de dólares en reservas para protegerse de los ataques contra sus monedas nacionales y poder utilizar este dinero en casos de urgencia.

La idea de formar el Banco de Desarrollo y la Fundación Anticrisis nació para poder tener unas alternativas a las instituciones de Bretton Woods, es decir, al Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que están dominados por EE.UU., apuntaron los analistas rusos citados por el diario 'Vedomosti' en marzo pasado.

En 2010, los bancos de desarrollo de los cinco países firmaron un acuerdo sobre la posibilidad de prestarse unos a otros y realizar los asentamientos en las monedas nacionales para alejarse del dólar. El presidente del banco ruso VEB, Vladimir Dmitriev, explicaba al diario 'Kommersant' que el alejamiento del dólar permite a las empresas nacionales de los BRICS ahorrar hasta un 4% de la transacción.

La agencia Reuters informó que la creación del Banco de Desarrollo y la Fundación de las Reservas de Divisas del BRICS ayudará a sanear los mercados mundiales de divisas después del fin de la política de flexibilización cuantitativa en EE.UU.

17 ago 2013

'Colombia debe aprovechar la ola de cambios': Fareed Zakaria

Analista dice que el país puede seguir el camino de desarrollo que han abierto naciones como México.

Pocos analistas en el mundo de hoy inspiran tanto respeto como Fareed Zakaria. Nacido en Bombay (India) y con un doctorado de la Universidad de Harvard, su carrera se forjó en Estados Unidos.
Así, ha ocupado posiciones de prestigio en el mundo académico, aparte de haber sido columnista de 'Newsweek' y autor de varios libros. Actualmente es uno de los editores de 'Time' y anfitrión de un programa en CNN, además de columnista del 'Washington Post'.
La semana pasada, Zakaria fue invitado a la asamblea anual de la Andi en Pereira, en la que fue su primera visita al país. Durante dicho evento, habló en exclusiva con EL TIEMPO.
¿Cuál es su opinión de lo que está ocurriendo en Egipto?
Lo que veo en el mundo árabe no es una democracia liberal sino iliberal, que no solo se ha visto en Egipto. En Irak hay una mayoría chií que ha suprimido brutalmente a la minoría suní y que ha llevado a los kurdos a crear su propio país, aunque no lo llamen así. Si vemos lo que sucede en Siria, es esencialmente parte del mismo drama. Una minoría manejando el régimen y una mayoría intentando rebelarse, pero luego otras minorías se preguntan cómo sería su vida en una Siria democrática.
¿Cuál es el desafío?
Todos estos países tienen el mismo reto. La democracia ha pasado a convertirse en la tiranía de las mayorías, de la religión, del islam político. No hay espacio ahí para una libertad genuina. Y va a ser difícil superar esta situación porque el ejército egipcio no ve la necesidad de hacer concesiones. Porque cuando se mata a más de 600 personas, cómo se hace para traer a estas personas a la mesa. Los Hermanos Musulmanes ganaron las elecciones presidenciales, las parlamentarias y el referendo con 64 por ciento de los votos en el mismo año. Hay millones de personas en Egipto que los apoyan y las condiciones están dadas para tener un país profundamente dividido.
¿Entonces, la primavera árabe no floreció?
Acabó siendo una estrella fugaz. Habría que decir que un movimiento popular que puede exigir una democracia, pero que solo alcanza uno de sus componentes, como son las elecciones, no es suficiente. Mientras no haya valores internos, como el liberalismo, la protección de las minorías, de los derechos individuales, de los derechos de las mujeres, no se va a conseguir algo genuino.
¿Por qué debería importarnos en Colombia lo que sucede en Egipto?
Hay varias razones. La primera es que cualquier cosa que ocurra en el mundo árabe tiene un impacto sobre el precio del petróleo. Un alza súbita impactaría a la economía global, así beneficie a países productores como Colombia. La otra razón es el reto de la democracia, que ha sido una realidad en muchos países latinoamericanos donde ha habido líderes populistas que a menudo han hecho cosas antidemocráticas.
¿Tiene un ejemplo en mente?
Chávez fue muy popular y ganó las elecciones. Y, sin embargo, en su mandato tomó medidas que golpeaban la democracia. Es por eso por lo que todos necesitamos un lenguaje común para combatir estos retos. El solo hecho de ganar unas elecciones no debería significar legitimidad para hacer cualquier cosa.
Pasando a otro tema, un informe reciente mencionaba que este año las economías desarrolladas le aportarán más a la economía mundial que las emergentes ¿Se acabó la fiesta en esta parte del mundo?
Hay que tener en cuenta la diferencia entre las tendencias cíclicas y seculares de la economía. Estamos en un punto en el que los países emergentes han tenido un alto crecimiento en los últimos años y están enfrentando un bajonazo cíclico. Como una tendencia más amplia y duradera, el crecimiento de los países emergentes es el gran cambio de nuestra época.
¿A qué se refiere?
Estos países en desarrollo representaban el 15 por ciento del producto mundial hace 20 años, hoy en día aportan el 40 por ciento y van a representar el 50 por ciento en los próximos cinco años. China generaba el 1 por ciento del PIB global y ahora contribuye con 9 por ciento. Entonces sí, se ha dado este enorme cambio, y sí, en un nivel cíclico estamos viendo cómo los mercados emergentes van más lento y al mismo tiempo Japón, Europa y EE. UU. están en una mejor situación.
¿Es serio ese contraste?
Yo no le daría tanta importancia. A fin de cuentas, economías poderosas como la alemana tendrán que enfrentar un estancamiento en su población. En Japón tienen que lidiar con problemas estructurales significativos, como una situación demográfica terrible. Este crecimiento del mundo desarrollado del que se habla trata en esencia de la recuperación de EE. UU. Lo demás es muy débil.
China sigue siendo un enigma para la mayoría de los analistas. ¿Va a seguir creciendo?
Siempre he sido optimista sobre China, pues creo que ellos tienen unos elementos inusuales en la historia. La mayor parte de los dictadores han sido como Ferdinando Marcos en Filipinas o Chávez en Venezuela, pero China ha sido guiada con disciplina, orientada al largo plazo, con planeación y usando el mercado de una forma muy efectiva. Como resultado, han crecido más rápido que cualquier otro país del mundo. No creo que China se vaya a estrellar.
¿Qué viene para ellos?
Es una economía muy fuerte, pero van a sufrir un bajón y pienso que estamos presenciando el fin del gran auge de la manufactura en China. Esta, que fue la gran historia económica del planeta en los últimos 30 años, va a cambiar. Los costos laborales se han elevado mucho. La energía, el transporte se han incrementado, y creo que el gobierno chino buscará un giro hacia el consumo interno como motor económico.
¿Qué consecuencias puede tener?
Habrá que ver quién va a ocupar ese lugar. Ya se está dando la competencia. Pienso que Colombia tiene una gran oportunidad. México ya está convirtiéndose en un beneficiario de ese cambio: es vecino de EE. UU., tiene bajos costos de energía y ha encontrado la forma de hacer reformas que lo hacen atractivo. Pero no hay una razón para creer que Colombia no tenga cómo entrar.
¿Por qué es optimista frente a Estados Unidos?
El asunto con EE. UU. es que siempre sorprende a la gente. Son campeones mundiales en autocrítica. Es un país muy extenso con gente muy diversa, pensando en lo que está pasando en su territorio. Es la nación más rica, con mayor flexibilidad, de lejos. Mire la tecnología y pregúntese cuáles son las empresas que van a dominar el sector. Todas vienen de Estados Unidos. Incluso más ahora que hace 20 años.
¿Qué otras fortalezas tiene?
Estados Unidos es el único país rico en el planeta que sigue aumentando demográficamente. El aspecto competitivo de esta nación rápida y continental es mucho más vibrante que lo que la gente percibe. Mire a Nueva York: el plan científico del alcalde Bloomberg es el más extenso desde la creación de la Nasa en los años cincuenta. Si junta los elementos, se va a preguntar qué otro país tiene tantas cosas sucediendo, y parece difícil encontrar uno.
Usted mencionó que América Latina puede beneficiarse de lo que ocurre en China, pero si mira las cifras las exportaciones, son primarias en su mayoría. Ahora que no tenemos el viento a favor, ¿qué le espera a esta región?
Creo que para esta región el manejo económico nunca ha sido mejor. Puede devolverse a cualquier período y verá que esta es una época dorada de la macroeconomía en Latinoamérica. Encuentra que hay líderes muy bien preparados, muy conectados con los retos. Y no es solo en la banca, también en los ministerios de finanzas, de relaciones. En el caso de México, de Colombia, Brasil o Perú, todos están mejor administrados que lo que lo han sido en períodos anteriores. Y esa es la buena noticia.
Lo que le espera a América Latina
¿Qué falta?
El reto es que hay un despertar político, se han elevado las expectativas, la gente espera más de sus gobernantes y quiere protección de las fuerzas de la globalización y el cambio tecnológico, y esto puede retardar el crecimiento económico. De cómo se maneje este reto de las exigencias populistas dependerá el resultado.
¿Cuál es su consejo?
Cuando vengo a Latinoamérica, la gente está enterada de lo que ocurre en el mundo, entonces la pregunta es cómo beneficiarse de esto. Para eso hay que abrir mercados, poner énfasis en la educación y mover la cadena de valor. Creo que es lograble. México ha abierto un camino que Colombia puede seguir.
¿Qué piensa de las manifestaciones recientes en Brasil?
Honestamente, creo que se sobreinterpretan este tipo de cosas. Tengo una regla simple en política: cuando un partido lleva diez años al poder, la gente se agota. Sea Margaret Thatcher o Tony Blair. En Turquía, los mismos llevan 11 años en el poder; Lula más Dilma, en Brasil, hacen más de diez años. La opinión siente que sus líderes se han vuelto arrogantes, que alguien se apropió del mando, y en muchos casos es cierto. En Brasil enfrentaron retos muy serios, como sucedió en Turquía y como sucedió en Israel, y estas protestas son más inherentes al sistema que contra el sistema. En cambio, mire lo que ocurrió en los países árabes: cuando el régimen no tiene legitimidad, la misma clase de protestas lo destruyen. Las protestas son saludables para una democracia.
¿Qué tan optimista es frente al futuro?
Creo que estamos en un momento extraordinario. No tenemos una guerra mundial, no tenemos una guerra fría, no tenemos una competencia entre ejércitos. Eso ha creado una plataforma de paz y estabilidad, algo en lo que la gente no piensa demasiado, pero por supuesto ustedes en Colombia saben que cuando hay un conflicto nada es posible.
¿Y qué es posible?
En tantos países se empieza a notar esta nueva clase global, conectada al mundo, capaz de hacer negocios internacionales, a un nivel que antes considerábamos solo se podía hacer en Occidente. Solo estamos comenzando a ver esto. Imagínese los cambios tecnológicos que veremos en los próximos diez años. Y si usted cree, como yo, que estos cambios tienen que ver principalmente con la difusión del conocimiento, vamos a dar un giro de 180 grados.
Pero no todo es positivo...
Sin duda, habrá muchas dificultades, no pretendo ocultarlo. Pero los problemas más grandes van a estar más ligados a los recursos, al clima, y no los minimizo. Sin embargo, creo que son retos más llevaderos que otros como la guerra, las hambrunas y la pobreza.
¿India es la próxima promesa?
India es al mismo tiempo la más esperanzadora y la más frustrante nación del mundo. Es el país que más debería beneficiarse del estancamiento en China, porque es enorme y muy pobre, con una mano de obra muy barata. Tiene un liderazgo empresarial muy eficiente y muchas compañías indias son de nivel mundial, algunas más poderosas que las chinas. Y, sin embargo, es tan frustrante porque tiene todos los problemas de una democracia. Es decir, cada pequeño grupo tiene su cuota de poder, lo que hace muy difícil adelantar procesos. La infraestructura no se construye, los subsidios no se controlan, el gobierno no consigue poder el fisco en orden, así es que creo que estarán por debajo de lo que podría esperarse, pero aun así les va a ir bien porque tienen una gigantesca demanda doméstica. Tiene un sector privado creativo e innovador que encuentra la forma de salir adelante en medio del caos. Pero tiene muchos cuellos de botella. Y la única forma de lidiar con el desempleo en un país grande, es con la manufactura. Si quiere emplear a millones de personas, esa es la forma de hacerlo. Tiene que ser de clase mundial en su industria.
¿Qué hay de África?
Antes solía pensar que África era un continente olvidado y que la gente no se estaba centrando lo suficiente en las extraordinarias oportunidades que hay ahí. Ahora me preocupa lo contrario, todos parecen tan entusiastas con África y creen que va a ser la siguiente gran historia de crecimiento y siento que hay que ponerle ciertas cualificaciones. Mil millones de personas dentro de poco, con un muy bajo ingreso y muy altas aspiraciones. Claro que va a haber crecimiento, pero los gobiernos deben dejar de cometer graves errores y permitirle avanzar al sector privado.
¿Cuál sería la razón de que crezca?
Con una producción tan alta de materias primas, África sin duda tiene que crecer. La pregunta es si la calidad del gobierno va a estar a la altura de los retos, entre ellos manejar la macroeconomía y la microeconomía y en ese frente, hay muy poco que señalar como un verdadero caso exitoso. Hay un par de lugares, pero en países más pequeños. Ruanda es una historia magnífica, están creciendo 10% al año. Pero es un país de 11 millones de personas. Botsuana también tiene una historia interesante. De nuevo, pequeño país. Los grandes países, Suráfrica, Nigeria, Kenia, tienen retos mucho mayores. Entonces hasta no ver un cambio radical en esos países, no me atrevo a afirmar que África va a ser la próxima promesa. Va a crecer, y quizá porque la imagen del continente sigue siendo negativa, va a sorprender a muchos, pero todavía tiene muchas reformas que hacer.
Ricardo Ávila
Director de 'Portafolio'

14 jun 2013

Alerta, la paz se aleja cada día más del mundo

 Ría Novosti 
 
Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con la violencia  (Mahatma Gandhi, 1869-1948)

Hace una década el mundo estaba ilusionado con el fin de la Guerra Fría y con el inicio del Nuevo Milenio, que de acuerdo a muchos visionarios, iba a traer finalmente la paz, la prosperidad y la justicia social a los habitantes del planeta.

Uno de ellos, Francis Fukuyama escribió en su libro “The End of History and the Last Man” que “el fin de la historia significaría el fin de las guerras y de las revoluciones sangrientas, los hombres satisfacen sus necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus vidas en este tipo de batallas”. En la vida real, las ilusiones habitualmente no son duraderas porque como dice un refrán chino “el árbol quiere la paz, pero el viento no se lo concede”.

En el diseño de los globalizadores iluminados del Nuevo Orden Mundial no hay espacio para la paz sino para la guerra “preventiva permanente”, “caos programado” y “revoluciones a colores”, cuya realización siempre requiere una violencia supuestamente calculada. Como resultado de todo esto han empezado a debilitarse las estructuras de la paz en el planeta. El último informe del Institute for Economics and Peace, “Global Peace Index 2013” (GPI) se constató que el nivel de la paz en el mundo bajó el cinco por ciento comparando con el 2008 y que la violencia y la muerte se incrementaron en 110 países de los 162 analizados por los especialistas del Instituto.

Lo interesante es que el debilitamiento de la paz  se está produciendo simultáneamente con el otro fenómeno que descubrieron los investigadores suizos de la Universidad de Zurich, Stefania Vitali, James B. Glattfelder y Stefano Battiston. En su ensayo, “The Network of Global Corporate Control”, estos estudiosos revelaron que en los últimos años se ha reducido el grupo de las grandes  transnacionales, principalmente financieras y minero-extractivas, que en la práctica controlan toda la economía global y al mismo tiempo se ha aumentado su poder.  Actualmente este control y el dominio están concentrados en las manos de 147 corporaciones de las 43.060 analizadas. Estos datos llevan a la idea de que hay una correlación entre los intereses de las transnacionales y el resquebrajamiento de la paz en el planeta. La opinión pública, ansiosa de tranquilidad, no toma en cuenta que el poder reinante  necesita guerras para remodelar el mundo a su beneficio.

Por eso no es de extrañar que Afganistán en el Global Peace index 2013 (GPI) ocupa el último lugar-162, Somalia-el penúltimo 161, Siria-160 e Irak- 159. Irak y Afganistán son víctimas de la invasión norteamericana y de sus aliados mientras que la violencia en Somalia y Siria ha sido auspiciada y dirigida por la OTAN, en especial por Francia y Gran Bretaña que están buscando su tajada energética de la región. Siria actualmente está en la agenda inmediata de los globalizadores pero les resulta  muy complicado romper el régimen de Bashar al-Asad y hacer una balcanización del país, debido al creciente poder mundial de Rusia que ve peligrar sus intereses geopolíticos en caso de una invasión occidental ya que la oposición armada y adiestrada por el Occidente por si sola no tiene capacidad de tomar el poder. Lo único que hacen es desestabilizar al país a través de la violencia y el terror.

El conflicto armado en este país se ha cobrado 93.000 muertos desde marzo de 2011 hasta el fin de abril último, según la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Navi Pillay. De acuerdo a  la estadística occidental, el 70 por ciento de la población está apoyando al presidente Bashar al-Asad y no quiere cambios de gobierno, sin embargo para la OTAN, Israel y la Comunidad de los Paises del Golfo Pérsico, el presidente tiene que irse y el país debe ser dividido en tres. Así es la voluntad imperial de las transnacionales que insultan a la democracia y en cuyo nombre están asaltando al país. Entonces la violencia de la que hablan los estudiosos es inducida por otros países cuya autoría no se toma en cuenta en el mencionado estudio y presentan el caso como algo exclusivamente interno, aunque el mundo sabe que el problema es  más externo y complicado.
Igual es la situación en 74 países donde  Estados Unidos participa de diferentes formas en conflictos armados, y en los cuales ayuda a las fuerzas que favorecen sus intereses como superpotencia, así lo señala la publicación canadiense, “Global Research”. Actualmente la administración del presidente Barack Obama ha incrementado la presencia de las fuerzas de operaciones especiales en 60 países, en algunos de los cuales cumplen misiones encubiertas relacionadas con la lucha contra el narcotráfico. México es uno de ellos que ocupa el lugar 133 en la escala del Global Index. La estadística oficial estima que cerca de 20.000 personas fueron asesinadas el año pasado en este país relacionados en la mayoría de los casos  con el narcotráfico.

No está claro en este estudio por qué el país que registra el mayor índice de  violencia en el mundo, Honduras de 8,5 millones de habitantes está ubicado en el lugar 123, lo que significa que es más seguro en términos de la paz que México a pesar de que en Honduras se produce un promedio de 20 homicidios  al día. También se calcula que no menos de 600.000 personas están envueltas directa o indirectamente en la violencia. Colombia está en el GPI en el 147 lugar, el último entre los países latinoamericanos. Más de cinco millones de desplazados, 250.000 desaparecidos y de ellos, 38.000 en los últimos tres años  están confirmando la lejanía de la paz en este país sufrido. Tampoco favorecen a su seguridad la existencia de siete sofisticadas bases militares norteamericanas, ubicadas en  lugares estratégicos en  términos de los recursos energéticos. A la vez, no es ningún secreto que estas bases militares representan una amenaza potencial a su vecino, Venezuela que posee las reservas más grandes de petróleo en el mundo y que debido a este peligro tiene que dedicar grandes recursos financieros de su presupuesto al fortalecimiento de sus fuerzas armadas y las de seguridad interna.

Los autores del informe GPI 2013 estiman que la existencia del peligro de la violencia hace que anualmente 9.5 millones de millones  de dólares de la economía mundial se destinan a la defensa y seguridad interna en todo el mundo lo que representa el 11 por ciento del Producto Mundial Bruto (GWP). Si este gasto fuera reducido por la mitad, se podría pagar toda la deuda de los países en desarrollo, que es aproximadamente de un poco más de cuatro millones de millones de dólares, estabilizar la economía mundial y en especial la europea que aparentemente necesita unos 900 mil millones de dólares, además financiar por completo el Proyecto del Desarrollo en  el Milenio que requiere unos 60 mil millones de dólares.

Estas ideas quedan como una ilusión prácticamente imposible de convertir en realidad ya que la única superpotencia del mundo y sus incondicionales aliados europeos, Japón, Corea del Sur, Turquía, Israel no limitan sus gastos militares inclusive en época de una severa crisis económica, porque sus intereses geoeconómicos requieren conquista de nuevos mercados y el mayor acceso a los recursos naturales. Irak, Afganistán, Libia, Somalia, Yemen y ahora Siria son ejemplos que no es necesario ni siquiera comentar. Después le tocará el turno a alguna revolución de color en Argelia, Jordania y en algún momento en Arabia Saudita, Qatar y Kuwait.

Entonces tenemos que prepararnos para el continuo deterioro de la paz en el mundo y para el incremento de la subjetividad de los autores de estos estudios que otorgan a los Estados Unidos, al mayor agresor y  promotor de la violencia en el mundo vía “caos”, “revoluciones de color” o la “guerra preventiva permanente” el lugar 99 en el GPI 2013, mientras que otro país que trata de prevenir el derramamiento de sangre en Siria y establecer el orden multipolar en el planeta, Rusia  está en el 155 lugar, precedida por Corea del Sur e Israel y seguida por Paquistán, Congo, Sudán,  Irak, Siria, Somalia y Afganistán.

Como dijo alguna vez el ex secretario asistente del Tesoro norteamericano, Paul Craig Roberts “la verdad e integridad son palabras compuestas de letras muertas. Nadie sabe ahora lo que significan”.

Columna semanal por Vicky Peláez

6 jun 2013

El nuevo papel de Estados Unidos

El peso y el alcance del poder de Washington declinarán en este siglo XXI

Joschka Fischer (*) – El País

En cierta ocasión, Madeleine Albright, la exsecretaria de Estado de EE UU, calificó a este país de “nación indispensable”. La actual evolución de los acontecimientos en todo el mundo está demostrando que tenía razón, pero la prueba ha sido casi enteramente negativa. Actualmente, la importancia de Estados Unidos ha llegado a ser patente por la falta de dirección de EE UU en una crisis tras otra y que donde resulta más evidente de forma inmediata es en Siria.

En realidad, está formándose un mundo posamericano ante nuestros ojos, caracterizado, en lugar de por un nuevo orden internacional, por la ambigüedad política, la inestabilidad e incluso el caos. Es lamentable y podría resultar tan peligroso, que incluso antiamericanos intransigentes acaban añorando el pasado siglo americano y el papel de EE UU como fuerza mundial de orden.

Tanto subjetiva como objetivamente, EE UU ya no está dispuesto a desempeñar ese papel o no pueden hacerlo. Ha habido muchas causas: un decenio de guerra en el Oriente Medio, en sentido amplio, con su enorme costo en “sangre y recursos”; la crisis económica y financiera; una deuda pública cuantiosa; una reorientación hacia los problemas internos; y una nueva atención preferente a los asuntos del Pacífico; a todo ello se suma un relativo declinar de EE UU en vista del ascenso de China y del de otros países grandes.

Estoy relativamente seguro de que EE UU gestionará con éxito su reorientación y realineamiento, pero, aun así, el peso y el alcance relativos de su poder declinarán en el nuevo mundo del siglo XXI, mientras aumenta la fuerza de otros, que recuperan terreno. Desde luego, no se pondrá en tela de juicio el papel mundial de EE UU. China estará muy ocupada abordando sus contradicciones internas durante mucho tiempo aún. Tampoco es probable que India o Rusia planteen un desafío grave. Y el alboroto de voces contradictorias de Europa parece excluirla de la pretensión de ocupar el lugar de EE UU.

Cabe preguntarse si la UE puede permitirse el lujo de carecer de Defensa en el próximo escenario

Pero, si bien ninguna de esas potencias representa una sustituta seria del papel mundial de EE UU, este país no podrá seguir actuando unilateralmente, como lo hizo al final de la guerra fría, y quedará debilitado en gran medida. Ese cambio ha resultado particularmente evidente en Oriente Medio y en la región de Asia y el Pacífico.

En Oriente Medio, el orden regional creado por las potencias coloniales, Francia y Gran Bretaña, tras la primera guerra mundial, se mantuvo a lo largo de la guerra fría y la breve época de dominio unilateral de EE UU que siguió; sin embargo, las convulsiones de los últimos años podrían perfectamente provocar ese final. Se están poniendo en entredicho las fronteras coloniales y resulta difícil pronosticar lo que será de Siria, Líbano, Irak y Jordania. Las posibilidades de desintegración y reconstitución regionales, proceso que podría desencadenar una violencia indecible, son mayores que nunca.

Además, si bien no hay ningún hegemón regional para sustituir a Estados Unidos, hay numerosos aspirantes a desempeñar ese papel, pero ninguno —los más destacados son Irán, Turquía y Arabia Saudí— es lo suficientemente fuerte para decidir los asuntos a su favor. En vista de la falta de una nueva fuerza de orden en la región en un futuro predecible y de la disposición para actuar del antiguo, el peligro de una confrontación violenta y muy larga está aumentando.

Aun cuando Estados Unidos volviera a aplicar la intervención militar en esa región, su poder ya no sería suficiente para imponer su voluntad. De hecho, precisamente porque Estados Unidos, después de más de un decenio de guerra, lo entiende perfectamente es por lo que cualquier Gobierno americano se lo pensará dos veces antes de volver a intervenir militarmente en esa región.

La situación parece diferente en Asia, donde EE UU no solo sigue presente, sino que, además, ha aumentado sus compromisos. En el Asia oriental y meridional, todas las potencias nucleares (China, Rusia, India, Pakistán y Corea del Norte) o próximas a pasar a ser potencias nucleares (Japón y Corea del Sur) están enredadas en rivalidades estratégicas peligrosas. A ello se suma la dosis periódica de irracionalidad norcoreana.

Si bien la presencia de EE UU en esa región ha impedido hasta ahora que sus numerosos conflictos y rivalidades se intensifiquen, están multiplicándose las fuentes de incertidumbre. ¿Será China lo bastante prudente para procurar la reconciliación y las colaboraciones con sus vecinos, grandes y pequeños, en lugar de aspirar al dominio regional? ¿Qué será de la península de Corea? ¿Y qué repercusiones tendrá el giro nacionalista de Japón —y su arriesgada política económica— en la región? ¿Podrán India y China frenar el deterioro de las relaciones bilaterales? ¿Se cierne el fracaso estatal sobre Pakistán?

Imagínese esa situación sin la fuerza política y militar de Estados Unidos. La región será mucho más peligrosa. Al mismo tiempo, dados los limitados recursos de EE UU, su nuevo papel requerirá una consideración más cuidadosa de los intereses nacionales a la hora de determinar las prioridades. Está claro que la región de Asia y el Pacífico tiene prelación en los cálculos de EE UU.

Así, pues, ese nuevo papel americano, más centrado y limitado, plantea la siguiente pregunta a los socios europeos de EE UU: ¿pueden permitirse el lujo de carecer de defensa sin la ayuda de EE UU?

Desde luego, la garantía por parte de Estados Unidos de la seguridad de sus aliados en la OTAN no desaparecerá, pero resultará mucho más difícil de cumplir plenamente. Y, si un mundo posamericano entraña un mayor riesgo de caos y sus consecuencias que esperanza de un nuevo orden estable, riesgo que afecta a Europa en particular, tal vez esta debería invertir su rumbo, con su clara determinación de desmantelarse.

(*) Joschka Fischer, ex ministro de Asuntos Exteriores y Vicecanciller de Alemania de 1998 a 2005, fue un dirigente del Partido Verde alemán durante casi veinte años.

Traducido del inglés por Carlos Manzano.

Copyright: Project Syndicate/Institute for Human Sciences, 2013.

9 ene 2012

Brasil, las debilidades de una superpotencia regional


Por Rogelio Núñez

Una potencia mundial que aspira a jugar un papel relevante en el concierto internacional debe partir por controlar su propio territorio y las fronteras con los países vecinos. Ese es la premisa por la que se mueve la política de seguridad en Brasil en estos momentos. El gobierno de Dilma Rousseff sabe que el mundo va a estar mirando a su país en esta década - Mundial de Fútbol de 2014 y Juegos Olímpicos de 2016- y que, además, Brasil está en los principales foros internacionales donde se decide el destino del mundo (el G-20 y las cumbres de los BRICS).

Por todos estos motivos, el ejecutivo de Rousseff es consciente de que es necesario hacer efectiva la presencia del Estado brasileño en todo el territorio. No pueden quedar, como ocurre en estos momentos, zonas de penumbra donde no llega el Estado y donde el crimen organizado reina a su antojo, habiéndose transformado en una especie de Estado dentro del Estado.

Eso ocurre en las grandes urbes brasileñas, Río de Janeiro y Sao Paulo en especial, como muestran excelentes películas como Fuerza de Elite (I-II), Y también ocurre en las fronteras de Brasil con sus países vecinos, unas fronteras enormes -16 mil kilómetros-, que el propio gobierno define como "porosas" y que debido a su gran extensión se han convertido en un coladero para el contrabando, el tráfico de armas y de blancas y, cómo no, de drogas. Allí actúa con una enorme impunidad el crimen organizado.

Brasil y las nuevas amenazas

En ese contexto se inserta la Estrategia de Defensa Nacional de Brasil puesta en marcha en 2008, durante el gobierno de Lula da Silva, donde se plantean cuáles son los nuevos riesgos que, como nación, afronta Brasil. Ya no son los escenarios clásicos (guerra como algún vecino, especialmente con Argentina), sino que sobre la mesa hay nuevas amenazas: el terrorismo y el narcotráfico.

Un terrorismo que amenazaría las enormes reservas petroleras brasileñas del Atlántico Sur y un narcotráfico que actúa en las fronteras y en la Amazonía. Por eso, estas dos regiones se han convertido en las dos zonas de mayor importancia estratégica para el futuro y en las preocupaciones más fuertes en materia de defensa que afectan al gobierno brasileño.
El año pasado Dilma Rousseff anunció además el Plan Estratégico de Fronteras que tiene un objetivo muy claro y explícito, como confesó el vicepresidente Michel Temer: "queremos hacer una ocupación más efectiva en las fronteras".

Este plan de fronteras ha tenido tres fases hasta el momento. Empezó con el Ágata 1, en el norte, en la frontera brasileña con Colombia y Perú. Luego llegó el turno para el Ágata 2, al sur, en las fronteras con Paraguay y Argentina. Y la última, Ágata 3, se ha desarrollado en el centro-oeste, con Perú, Bolivia y Paraguay.

Esto ha supuesto la mayor movilización militar en la lucha contra el narcotráfico con la participación de 6.500 soldados y un fuerte apoyo logístico, debido a que es necesario controlar una enorme línea fronteriza.

En la misma línea que el vicepresidente Temer, el ministro de Defensa Celso Amorim señaló que "(Ágata 3) es un elemento de disuasión que demuestra que el Estado brasileño existe y que actuará. Además de la reducción inmediata de la delincuencia, lo más importante es demostrar la presencia del Estado en la frontera".

Los retos del liderazgo brasileño

Brasil ha comenzado la década en una magnífica posición. Es, claramente, la única superpotencia sudamericana, reconocida internacionalmente como una potencia emergente, la sexta economía mundial y un país que camina hacia convertirse en una sociedad de clases medias.

Sin embargo, el Estado brasileño es un gigante con pies de barro pues no es capaz, en ciertos lugares, de garantizar la seguridad de sus ciudadanos y hacer efectivo el monopolio de la violencia legítima.

Para el futuro, el reto brasileño es no sólo consolidar y profundizar su crecimiento económico, como siempre se señala, sino ser capaz de hacer efectiva la presencia de Estado hasta el último rincón del país: impidiendo la penetración por el norte de la narcoguerrilla de las FARC, del narcotráfico en las fronteras de Perú y Bolivia, y del contrabando en la propia Bolivia y en Paraguay.

Para ello, ciertos modos y maneras brasileños deben cambiar: en primer lugar, el estilo de liderazgo brasileño en Sudamérica debe transformarse pues se ha extendido la sensación de que existe una prepotencia brasileña en las relaciones con la región, lo que muchos califican como "imperialismo brasileño".

En segundo lugar, la modernización de las Fueras Armadas y el impulso a la industria militar debe ir acompañada de un proceso similar y coordinado por el resto de países de la región. No como una escalada armamentista sino como un ejercicio de coordinación y colaboración en pro de la seguridad regional.

Y en tercer lugar, Unasur debe cumplir, de hecho ya ha empezado a hacerlo, un papel muy importante para lo solucionar los dos problemas antes descritos. En ese foro la diplomacia brasileña hacia la región debe hacerse más transparente y menos conspirativa, estableciendo medias de confianza mutua.

Además, Unasur debe ser el foro donde se discutan abiertamente la magnitud y el alcance del rearme y la modernización, así como de la coordinación en la lucha contra el crimen organizado.

Es en ese ámbito es donde el liderazgo brasileño en la región debe crecer y consolidarse. Porque si Brasil desea ser una potencia mundial debe, en primer lugar, hacer efectivo el control sobre su propio territorio. En segundo lugar, ser reconocido por sus vecinos como líder regional. Sólo apoyado en esos dos pilares será capaz de dar el salto al tablero mundial, donde con la retaguardia asegurada podrá jugar un papel relevante.

En caso contrario, Brasil será un gigante con pies de barro, cuya fachada "imperial" se derribaría al primer soplo de viento adverso.


* Rogelio Nuñez es Doctor en Historia de Iberoamérica.
Miembro del Observatorio de Seguridad y Defensa de América Latina (OSAL).


7 dic 2011

Los BRICS entre geoeconomía y geopolítica

Por Tiberio Graziani

En otoño de 2011, el analista Jim O’Neill del Banco de Inversiones Goldman & Sachs, sobre la base de datos macroeconómicos de algunos países emergentes, en particular concernientes a la demografía, la tasa de crecimiento y los recursos naturales estratégicos, certificaba con el acrónimo BRIC un nuevo agregado de potencial geoeconómico. Los países que fueron tomados en cuenta eran, como ya se sabe, Brasil, Rusia, India y China. Según O’Neill estas naciones verosímilmente habrían dominado la economía mundial del siglo que está iniciando. Por consiguiente se hacía necesario englobarlas en la economía mundial hegemonizada, después del colapso soviético, en el sistema occidental bajo conducción americana. Los países BRIC, como sucesivamente se los denominó, buscaban desde aquel momento, pero unilateralmente, una propia colocación geopolítica en el tablero global. Algunos de ellos, en particular Brasil, India y China, intentaban aumentar sus propios niveles de libertad en el campo mundial haciendo hincapié en una articulada serie de alianzas económicas y comerciales en el ámbito regional e internacional. Las tasas de crecimiento elevadas de estas naciones-continentes, indudablemente, constituía el combustible necesario para un nuevo rol en el escenario post bipolar. También Rusia, bajo la dirección de Putin, intentaba reafirmar, cuando menos en el espacio ex-soviético, su propia primacía, después de la desastrosa presidencia de Yelsin.

En el transcurso de pocos años, la nueva agregación geoeconómica se ha convertido, de simple hipótesis analítica, útil para la descripción de los escenarios económicos-financieros del siglo XXI, en un actor global de hecho. La agenda de los valores del forum de los países BRIC a esta altura contiene todos los puntos cruciales de la economía mundial: desde la cuestión climática a la de la cesta de las divisas, desde aquella concerniente a los procesos de modernización y desarrollo innovador a los que atañe a la seguridad de particulares sectores industriales; además de estos temas, los BRIC se pronuncian con inmediatez y determinación, también por lo que concierne a los dossier “calientes”, como aquellos que tienen que ver con los conflictos internacionales. Durante el 2011, tan sólo para ofrecer algunos ejemplos, los BRIC han tomado partido sobre los casos de agresión a Libia y sobre el aislacionismo de Siria, principalmente actuado por los euroatlánticos, el haber expresado su voto a favor del reconocimiento de Palestina en el ámbito de la UNESCO y haber solicitado la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU. La coordinación entre los países del club BRIC, fortalecida en 2010 con la inclusión de Sudáfrica[1], ha asumido por consiguiente un carácter cada vez más “político”, al punto de de incidir profundamente sobre los actuales equilibrios mundiales. Desde una perspectiva general podemos observar que la sola constitución del nuevo club de hecho ha acelerado la transición hacia el sistema multipolar e introducido las premisas para su consolidación a nivel continental. La agrupación BRICS parece confirmar, además, la hipótesis geopolítica, adelantada en estas mismas páginas[2], según la cual los pilares del nuevo ordenamiento in fieri estarían constituidos por América indiolatina y por Eurasia.De hecho, los BRICS no sólo influencian, como ya se sabe, a los sectores económicos, financieros e industriales[3], sino también a aquellos geoestratégicos y, por último, a los que conciernen al orden jurídico internacional.


El club BRICS y el ámbito geoestratégico
Por lo que se refiere el ámbito geoestratégico, vale la pena considerar que la coordinación entre los países BRICS representa de hecho un eje casi diagonal – proveniente del lado oriental del hemisferio septentrional (Eurasia) al occidental del hemisferio meridional (América indiolatina) – que podríamos definir “asimétrico”, respecto a aquellos definidos respectivamente por la trayectoria horizontal (Este – Oeste) y vertical (Norte – Sur), a los que nos había acostumbrado la prensa de propaganda de los períodos bipolar y unipolar. Este eje asimétrico NE – SO, articulado en tres núcleos constituidos respectivamente por el polo eurasiático, por el vértice sudafricano y por el polo brasileño, previsiblemente desmembrará, en el medio y largo plazo, las líneas de intervención del sistema occidental bajo conducción americana, aún hegemónica desde un punto de vista militar.El orden BRICS, por ahora solamente diplomático y económico, sin embargo, debido a su potencial militar[4] y por su posición geoestratégica, podría constituir una primera respuesta organizada hacia la “marcha” de los EUA que, avanzando a lo largo de la directriz “horizontal” atlántico mediterránea, intenta dirigirse hacia los países de Asia Central. La presión estadounidense hacia la masa euroafroasiática, vale la pena recordarlo, ha adquirido en los últimos doce años un carácter marcadamente militar. La militarización de la política exterior del sistema Usacéntrico, actuada por la varias administraciones de allende el océano, desde Bush padre a Obama, constituye el principal elemento de la praxis geopolítica de todo el sistema occidental, tendiente a la fragmentación de particulares áreas estratégicas como las del Cercano Oriente y el Norte de África[5].


Desde el punto de vista diplomático, económico y militar el club BRICS se presenta desequilibrado a favor de su componente eurasiática. Esta situación por lo menos abre dos posibles escenarios. Por un lado el desajuste podría representar, ya desde el medio plazo, un factor de tensión en el interior de la coordinación política de la nueva agregación, con una vuelta hacia el amparo estadounidense por parte de Brasil y tal vez de Sudáfrica. Una segunda perspectiva, tal vez la más realista, evalúa el actual desequilibrio como motivo de aceleración de la integración pro continental de América meridional, fundada en el polo Brasil-Argentina-Venezuela. En este último caso, por otra parte deseable, puesto que reforzaría el escenario multipolar en fase de consolidación, el elemento más débil de la actual composición del conjunto BRICS, es decir, la República Sudafricana, asumiría, en virtud de su particular posición geográfica, una evidente función de equilibrio geoestratégico en el interior del nuevo sistema mundial.

Un nuevo modelo de cooperación multipolar

Por lo que concierne a la incidencia por parte de los países del BRIC en el orden jurídico internacional, concordamos con lo que asegura Paulo Borba Casella, profesor de derecho internacional en la Universidad de São Pulo (Brasil), según el cual nos hallamos ante un modelo de cooperación innovador, independiente y original. Para el docente brasileño, “el carácter innovador de la perspectiva BRIC reside en el hecho de que estos países se pueden ocupar de sí mismos y al mismo tiempo formular un nuevo modelo de inserción internacional y de cooperación. La perspectiva es ésta. Lo que se precisa es ponerla en práctica”[6]. El club de los países BRICS de hecho introduce una praxis de cooperación que, respetando las identidades culturales de sus propios miembros, no se conjuga a la perfección con los planteamientos universalistas de las estructuras internacionales como, por citar algunas de ellas, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), basados, como es sabido, en criterios individualistas y mercantiles propios de las concepciones de carácter occidental.

El nuevo club, aun cuando haya surgido por evidentes razones económicas, sin embargo parece evolucionar hacia una concepción más concreta de las relaciones entre los Estados, fundada en un sustrato cultural afín que podríamos definir de tipo solidario[7], atento hacia la “cosa pública” y a los intereses concretos de las variadas comunidades etnoculturales que pueblan las respectivas naciones. La nueva perspectiva que el modelo BRICS introduce, forzosamente chocará con la otra “reglamentación mundial” (la global governance de la escuela angloamericana) la cual “radica en la concepción individualista de la sociedad y en el pensamiento único “democrático”, rehusando las diversidades culturales de las distintas poblaciones (aunque no en términos instrumentales como el de la doctrina del “choque de civilizaciones”)[8]. De hecho, el nuevo modelo de cooperación promovido por los países BRICS atestigua el fin o la reorientación de la ONU y la decadencia o la reestructuración de las organizaciones mundiales como el FMI, el BM y la Organización Mundial de Comercio.


*Tiberio Graziani es director de “Eurasia” y presidente del IsAG – Instituto de Altos Estudios Geopolíticos y de Ciencias Auxiliarias.

20 jun 2010

BRIC: una sigla pegadiza no implica poder real

Por JOSEPH NYE. POLITOLOGO, UNIVERSIDAD DE HARVARD


Los periodistas siguen prodigando atención a los llamados países BRIC (Brasil, Rusia, India y China), pero yo sigo sintiendo escepticismo ante ese concepto. Goldman Sachs acuñó el término en 2001 para señalar las oportunidades de beneficios en los denominados “mercados en ascenso”. La proporción del PBI mundial representada por los BRIC pasó del 16 por ciento en 2000 al 22 por ciento en 2008. Colectivamente, tuvieron resultados mejores que la media en la posterior recesión mundial. Juntos, representan el 42 por ciento de la población mundial y un tercio del crecimiento económico mundial en los diez últimos años.

En junio de 2009, los ministros de Asuntos Exteriores de los cuatro países se reunieron por primera vez en Ekaterimburgo (Rusia) para transformar una sigla pegadiza en una fuerza política internacional. Los BRIC cuentan con el 42 por ciento de las reservas de divisas mundiales y en Ekaterimburgo el presidente ruso, Dmitri Medvedev, se ocupó de declarar que “no puede haber un sistema mundial de divisas logrado, si los instrumentos financieros que se usan están denominados en una sola divisa”.

Luego de la reciente crisis financiera, Goldman Sachs elevó la apuesta y formuló la proyección de que el PBI combinado de los BRIC podría superar al de los países del G-7 en 2027, unos diez años antes de lo que en un principio se había creído. Semejantes extrapolaciones simples de las tasas de crecimiento económico actual con frecuencia resultan equivocadas a consecuencia de acontecimientos imprevistos, pero, sean cuales fueren los méritos de esa proyección económica lineal, el término BRIC sigue teniendo poco sentido para las evaluaciones a largo plazo de las relaciones entre las potencias mundiales.

Si bien una reunión de los BRIC puede ser conveniente para coordinar tácticas diplomáticas a corto plazo, ese término agrupa países muy diferentes que tienen profundas divisiones. Tiene poco sentido incluir a Rusia, antigua superpotencia, junto a tres países en desarrollo. De los cuatro miembros, Rusia tiene la menor población y la más alfabetizada y una renta por habitante mucho mayor, pero -y esto es más importante- muchos observadores creen que Rusia está en decadencia, mientras que los otros tres están ascendiendo en cuanto a recursos de poder.

En la actualidad, Rusia no sólo padece más las consecuencias de la recesión mundial, sino que, además, afronta graves desventajas a largo plazo: falta de exportaciones diversificadas, gravísimos problemas demográficos y de salud y, como ha dicho el propio Medvedev, una necesidad urgente de “modernización”.

Como señaló recientemente The Financial Times, tan sólo dos decenios atrás “Rusia era una superpotencia científica, que hacía más investigaciones que China, la India y Brasil juntos. Desde entonces se ha quedado rezagada no sólo respecto del crecimiento científico fuera de serie de China, sino también del de la India y Brasil”.

Cuando examinamos detenidamente las cifras, el núcleo de la sigla BRIC resulta ser el aumento de los recursos de China, pero el papel de Brasil resulta una sorpresa agradable. Cuando se inventó la sigla BRIC, The Economist objetó que “un país con una tasa de crecimiento tan exigua como sus mallas de baño, que era presa de cualquier crisis financiera que hubiese por ahí, con inestabilidad política crónica y cuya infinita capacidad para despilfarrar sus evidentes posibilidades era tan legendaria como su talento para el fútbol y
los carnavales, no parecía cuadrar junto a esos titanes en ascenso”.

Ahora, como observa The Economist, “en ciertos sentidos, Brasil supera a los otros BRIC. A diferencia de China, es una democracia. A diferencia de la India, no tiene insurgentes, conflictos religiosos ni vecinos hostiles. A diferencia de Rusia, no exporta sólo petróleo y armas y trata a los inversores extranjeros con respeto”.

Desde que puso freno a su inflación y aplicó reformas del mercado en el decenio de 1990, Brasil ha mostrado una impresionante tasa de crecimiento económico de un 5 por ciento, aproximadamente. Con un territorio casi tres veces mayor que el tamaño de la India, con el 90 por ciento de sus 200 millones de habitantes alfabetizado, un PBI equivalente al de Rusia y una renta por habitante de 10.000 dólares (tres veces la de la India y casi dos veces la de China), Brasil tiene recursos de poder impresionantes.

En 2007, el descubrimiento de inmensas reservas de petróleo frente a sus costas fue una premonición de que Brasil llegaría a ser una potencia importante en la esfera energética. Pero Brasil, como los demás BRIC, afronta también varios problemas graves. Ocupa el puesto 75° de entre 180 países en el índice de impresiones sobre la corrupción de Transparencia Internacional (frente al 79° de China, el 84° de la India y el 146° de Rusia).

El Foro Económico Mundial clasifica a Brasil en el 56° puesto de entre 133 países desde el punto de vista de la competitividad económica (frente al 29° de China, el 49° de la India y el 63° de Rusia). La pobreza y la desigualdad siguen siendo problemas graves. El coeficiente de Gini que corresponde a Brasil es 0,57 (1 es la mayor desigualdad), frente a 0,45 de los Estados Unidos, 0,42 de China, 0,37 de la India y 0,42 de Rusia.

Así, pues, ¿hasta qué punto deben los analistas tomarse en serio el término BRIC? Como indicador de las oportunidades económicas, deben acogerlo con interés, aunque tendría más sentido si Indonesia sustituyera a Rusia.

Desde el punto de vista político, China, la India y Rusia se disputan el poder en Asia y Brasil y la India han sufrido las consecuencias de la infravaloración de la divisa de China. De modo que intuyo que no es robable que la de los BRIC llegue a ser una seria organización política de Estados con una mentalidad de liderazgo permanente.


Copyright Clarín y Project Syndicate, 2010.

10 nov 2009

20 años después de la Caída del Muro de Berlín: Más allá del Fundamentalismo de Mercado




Por Eric Hobsbawn (*)
LONDRES, Nov (IPS) El breve siglo XX fue una era de guerras religiosas entre ideologías seculares. Por razones más históricas que lógicas el siglo pasado fue dominado por la oposición entre dos tipos de economía mutuamente excluyentes: el “socialismo”, identificado con las economías planificadas centralmente del tipo soviético, y el “capitalismo”, que cubrió todo el resto.
Esta aparentemente oposición fundamental entre un sistema que buscó eliminar la búsqueda de lucro de la empresa privada y otro que procuró eliminar toda restricción del sector público sobre el mercado nunca fue realista. Todas las economías modernas deben combinar lo público y lo privado de variadas maneras y de hecho lo hacen. Las dos tentativas de cumplir a rajatabla con la lógica de esas definiciones de “capitalismo” y de “socialismo” han fracasado. Las economías de planificación comandada por el Estado de tipo soviético no sobrevivieron a los años 80 y el “fundamentalismo del mercado” angloestadounidense, entonces en su apogeo, se hizo pedazos en 2008.
El siglo XXI tendrá que reconsiderar sus problemas en términos más realistas. ¿De qué manera ha afectado el fracaso a los países anteriormente comprometidos con el “modelo socialista”? Bajo el socialismo ellos no fueron capaces de reformar sus sistemas de economía planificada, aunque sus técnicos tenían plena conciencia de sus defectos fundamentales, que eran internacionalmente no competitivos y seguían siendo viables sólo en la medida en que estuvieran aislados del resto de la economía mundial.
El aislamiento no pudo ser mantenido, y cuando el socialismo fue abandonado, ya fuera por el colapso de los regímenes políticos, como ocurrió en Europa, o por el propio régimen, como sucedió en China y Vietnam, esos Estados se zambulleron en lo que a muchos pareció como la única alternativa a disposición: el capitalismo en su entonces dominante forma extrema del libre mercado.
Los resultados inmediatos en Europa fueron catastróficos. Los países de la ex Unión Soviética no han superado aún sus efectos. Afortunadamente para China su modelo capitalista no se inspiró en el neoliberalismo angloestadounidense sino en el mucho más dirigista de los “tigres” del Este asiático. China lanzó su “gran salto adelante” económico con escasa preocupación por sus implicaciones sociales y humanas.
Este período está ahora llegando a su fin, tal como ocurre con el dominio del liberalismo económico angloestadounidense, aunque todavía no sabemos que cambios traerá la actual crisis económica mundial cuando sean superados los efectos de la sacudida de los últimos dos años. Una sola cosa es clara, hay un importante desplazamiento de las viejas economías del Atlántico Norte hacia el Sur y sobre todo hacia Asia del Este.
En esta situación, los Estados ex socialistas (incluyendo aquellos todavía gobernados por partidos comunistas) enfrentan muy diferentes perspectivas y problemas.
Rusia, habiéndose recobrado hasta cierto punto de la catástrofe de los años 90, quedó reducida a un fuerte pero vulnerable exportador de materias primas y energía, y hasta ahora ha sido incapaz de reconstruir una base económica más balanceada.
La reacción contra los excesos de la era neoliberal ha llevado a cierto retorno a una forma de capitalismo de Estado con una reversión a aspectos de la herencia soviética. Es evidente que la simple “imitación del Occidente” ha dejado de ser una opción. Esto es todavía más obvio en China, que ha desarrollado su capitalismo poscomunista con considerable éxito. Tanto es así que futuros historiadores bien podrían ver a China como el verdadero salvador de la economía del mundo capitalista en la actual crisis.
En resumen, ya no es posible creer en una única forma global de capitalismo o de poscapitalismo.
Sin embargo, modelar la economía futura es quizás el asunto menos importante de nuestras preocupaciones. La diferencia crucial entre los sistemas económicos radica no en sus estructuras sino en sus prioridades sociales y morales. A este respecto veo dos problemas críticos:
El primero es que el fin del comunismo ha significado el súbito fin de los valores, hábitos y prácticas sociales con los cuales han vivido varias generaciones, no sólo de los regímenes comunistas sino también los del pasado precomunista y que han sido ampliamente preservados bajo tales regímenes. Excepto para los nacidos después de 1989, se mantiene en todos un sentimiento de alteración y desorientación social, aún cuando los apuros económicos ya no predominan en la población poscomunista. Inevitablemente, pasarán varias décadas antes de que las sociedades poscomunistas encuentren un modo de vivir estable en la nueva era, y de que puedan ser erradicadas algunas de las consecuencias de la alteración social, de la corrupción y del crimen institucionalizados.
El segundo problema es que tanto el neoliberalismo occidental como las políticas poscomunistas que ha inspirado deliberadamente subordinan el bienestar y la justicia social a la tiranía del Producto Interno Bruto, sinónimo del máximo y deliberadamente desigual crecimiento. De esta manera se socavan, y en algunos países ex comunistas se destruyen, el sistema de seguridad social, los valores y los objetivos del servicio público. Tampoco existen bases para el “capitalismo con rostro humano” de Europa de las décadas posteriores a 1945 ni para satisfactorios sistemas poscomunistas de economía mixta.
El propósito de una economía no debe ser el lucro sino el bienestar de toda la gente, así como la legitimación del Estado es su pueblo y no su poder. El crecimiento económico no es un fin en sí sino un medio para crear sociedades buenas, humanas y justas. Lo que importa es cómo y con qué prioridades combinemos los elementos públicos y privados en nuestras economías mixtas. Esta es la cuestión política clave del siglo XXI. (FIN/COPYRIGHT IPS)
(*) Eric Hobsbawm, historiador y escritor británico.