19 feb 2012

América Latina rompe el tabú de la despenalización de la droga


(Especial para Infolatam por Rogelio Núñez)-. Las ideas de cómo combatir las drogas están cambiando de forma significativa en América latina. Hasta ahora era inaudito oír hablar a presidentes en ejercicio sobre la posibilidad de la despenalización de la producción, del tráfico y del consumo de la droga. En el último año, sin embargo, varios mandatarios en ejercicio se han unido a las posturas que sostienen expresidentes y académicos en favor de la despenalización.

Este movimiento en pro de la despenalización ha abierto de par en par una puerta que lleva a discutir un cambio de táctica en el combate a las drogas. Algo que ya en noviembre pasado proponía Juan Manuel Santoscuando afirmaba que era “hora de volver a pensar en la guerra contra las drogas…Un nuevo enfoque debe tratar de tomar distancia de la ganancia de violencia que viene con el tráfico de drogas … Si eso significa la legalización, y el mundo piensa que es la solución, voy a darle la bienvenida no estoy en contra de ella”.

El último en sumarse a esa posición ha sido el de Guatemala,Otto Pérez Molina quien propuso el sábado pasado despenalizar las drogas, tema que llevará a la próxima reunión de seguridad con líderes centroamericanos: ”es llevar el tema a la mesa de la discusión. Esto no significa que se va a tomar una decisión. Ya no sería un delito transportar o trasladar la droga. Todo esto tiene que estar regulado”.

Pérez Molina y Santos rompen un tabú

Pérez Molina explicó que la lucha contra el narcotráfico supone costos muy altos para los estados latinoamericanos y sólo neutraliza el problema sin lograr erradicarlo: ”con toda la tecnología y los recursos y millones de dólares que dio Estados Unidos el problema no ha disminuido. Se habló del éxito del Plan Colombia pero lo único que hicieron los grandes carteles fue neutralizarlo”.

Esto no hace sino volver los ojos hacia la responsabilidad que tiene el principal consumidor, Estados Unidos, en el tráfico de drogas: “estamos trayendo el tema al debate. Hoy (ayer) la reunión es para fortalecer los mecanismos para luchar en contra del crimen organizado, (pero) mientras el consumo no se logre reducir, el problema (del tráfico de drogas) va a seguir”.
El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, a la derecha, y el presidente de El Salvador, Mauricio Funes
Inmediatamente la Embajada de Estados Unidos en Guatemala emitió un comunicado asegurando que Washington “continúa oponiéndose a tales medidas, porque la evidencia muestra que nuestro problema compartido de la droga es una gran amenaza a la salud pública y a la seguridad”.

De todas formas, Estados Unidos ha reconocido la parte de culpa que le toca en todo este asunto.

La secretaria de Estado de EE UU, Hillary Clinton ha admitido la corresponsabilidad que le toca a Estados Unidos en el combate a las drogas: “aceptamos nuestra cuota de responsabilidad, como dije hace un año, en este mismo escenario, EU es su socio y los apoya. Sabemos que la demanda de drogas es el combustible de este comercio, que las armas facilitan la violencia en México y EU tiene que hacer y está haciendo su parte para encarar estor retos”.
Pero Pérez Molina ha recordado que el gran consumo de la droga está en Estados Unidos, por lo que “hay una corresponsabilidad que no está balanceada”: ”Yo sé que aquí tomamos el atrevimiento de sacar el tema, y lo que tenemos que hacer es sentarnos y discutirlo. Lo de la droga es un asunto que implica a todo el mundo y que afecta a gran escala. Va a llevar mucho tiempo discutirlo”.

Como señala Alfredo Kaltschmitt en el diario Prensa Libre “son los países que generan el 90 por ciento de la demanda de drogas los que deben legalizar la producción, distribución y uso de las mismas. Y destinar los 40 millardos que cuesta la guerra antidrogas en prevención y tratamiento. Un cambio que, como insisten tantos intelectuales, beneficiaría al mundo entero”.
Juan Manuel Santos
Esta postura del guatemalteco ya fue puesta sobre la mesa por el prsidente colombiano Juan Manuel Santos para quien el tema debe dejar de ser considerado un tabú: “como presidente de Colombia y con la autoridad que me da como colombiano, este tema no puede seguir siendo un tabú. Discutamos alternativas”.
Santos respondió así a planteamiento sobre la despenalización expuesto por el escritor y ex vicepresidente nicaragüense Sergio Ramírez(“sé que esta no puede ser una opinión de Estado y un presidente de la República no puede expresarla. Pero como yo soy un ciudadano común y corriente, yo sí puedo. La solución es despenalizar la droga. Hay que despenalizarla”).

A esto Santos respondió que no que no está en desacuerdo con ello: “y lo digo como presidente de la República: esa solución sería aceptable para Colombia, si el mundo entero la toma”.

Incluso el Gobierno brasileño de Dilma Rousseff analiza la posibilidad de despenalizar el consumo de algunas drogas, pero sólo anunciará su decisión luego de un análisis «profundo», al tiempo que prepara un programa de combate al crack, «la peor droga», dijo el ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo: «Estoy a favor de que se discuta el asunto. Tenemos que discutir ese tema de forma abierta, sin dogmas. Existen argumentos positivos de los dos lados».

Las duras críticas de Felipe Calderón

Estas posturas de algunos presidentes en ejercicio favorables a despenalizar la producción, tráfico y consumo de drogas, son algo novedoso en la región donde lo común era hasta ahora que los expresidentes tras dejar el cargo se mostraran favorables a la despenalización, algo que durante sus mandatos no habían expresado.

Los expresidentes César Gaviria, Ernesto Zedillo y Fernando Enrique Cardoso lanzaron esta propuestacomo líderes de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, un grupo integrado por 17 personalidades de la región que pretende impulsar una nueva estrategia  en la guerra contra los estupefacientes.

El Presidente de México, Felipe Calderón
“Estoy a favor de la despenalización de todas las drogas”, declaró Cardoso en entrevista al diario Folha de Sao Paulo: ”cuando digo despenalizar, defiendo que el consumo no sea más considerado un delito, que el usuario no pase más por la policía, por el tribunal, por la cárcel. Pero la sociedad puede mantener penas que ayuden a la persona a salir de las drogas, como llevarla al hospital por un tiempo o trabajo comunitario”.
El colombiano César Gaviria incide en que ”el problema es que las actuales políticas están basadas en los prejuicios y temores y no en los resultados…En muchos estados de EU., como es el caso de California, han comenzado a cambiar la política federal en cuanto a la tolerancia de la marihuana para fines terapéuticos, y en Washington hay un cierto consenso de que la actual política (de represión) está fracasando”,

Los estadounidenses Bill Clinton y Jimmy Carter han mostrado igualmente su respaldo a estas tesis.

Quien más crítico se ha mostrado con estas tesis de los expresidentes ha sido  Felipe Calderón al resaltar una paradoja: “hubiera sido deseable que todos ellos hubieran puesto en práctica lo que ahora dicen como expresidentes. Yo prefiero más bien actuar ahorita…La verdad es que hay una característica, y yo prefiero actuar como presidente y ellos prefieren actuar como expresidentes. Es una diferencia”.

Y luego recordó: “estoy haciendo como presidente lo que debo hacer y yo mis opiniones las vierto como presidente. Segundo, yo no creo en alternativas tan radicales, por ejemplo, hablan de despenalizar el consumo. Señores eso está hecho, ya lo hice y ¿cuál es el resultado?, no hay ningún resultado significativo”.

Más allá de la verdad que esconden estas palabras lo cierto es que el tema de la despenalización se ha colocado plenamente sobre la mesa, que lo están haciendo presidentes en ejercicio poco sospechosos (un derechista como Pérez Molina y quien más golpes ha asestado a la narcoguerrilla de las FARC como Santos) y que Estados Unidos está siendo señalado como la parte fundamental a la hora de solucionar el problema.
Toda esta corriente de cambio la reconocen hasta figuras que rechazan la despenalización, como la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla: “esa es una discusión que no es nueva, se ha venido planteando en distintos foros, de manera que no veo yo por qué en Centroamérica no se pueda plantear también el debate, pero claro que es un debate que implica un abordaje serio, muy riguroso, a efectos de no verlo simplemente como una medida paliativa y simplista porque no lo es”.

9 ene 2012

Brasil, las debilidades de una superpotencia regional


Por Rogelio Núñez

Una potencia mundial que aspira a jugar un papel relevante en el concierto internacional debe partir por controlar su propio territorio y las fronteras con los países vecinos. Ese es la premisa por la que se mueve la política de seguridad en Brasil en estos momentos. El gobierno de Dilma Rousseff sabe que el mundo va a estar mirando a su país en esta década - Mundial de Fútbol de 2014 y Juegos Olímpicos de 2016- y que, además, Brasil está en los principales foros internacionales donde se decide el destino del mundo (el G-20 y las cumbres de los BRICS).

Por todos estos motivos, el ejecutivo de Rousseff es consciente de que es necesario hacer efectiva la presencia del Estado brasileño en todo el territorio. No pueden quedar, como ocurre en estos momentos, zonas de penumbra donde no llega el Estado y donde el crimen organizado reina a su antojo, habiéndose transformado en una especie de Estado dentro del Estado.

Eso ocurre en las grandes urbes brasileñas, Río de Janeiro y Sao Paulo en especial, como muestran excelentes películas como Fuerza de Elite (I-II), Y también ocurre en las fronteras de Brasil con sus países vecinos, unas fronteras enormes -16 mil kilómetros-, que el propio gobierno define como "porosas" y que debido a su gran extensión se han convertido en un coladero para el contrabando, el tráfico de armas y de blancas y, cómo no, de drogas. Allí actúa con una enorme impunidad el crimen organizado.

Brasil y las nuevas amenazas

En ese contexto se inserta la Estrategia de Defensa Nacional de Brasil puesta en marcha en 2008, durante el gobierno de Lula da Silva, donde se plantean cuáles son los nuevos riesgos que, como nación, afronta Brasil. Ya no son los escenarios clásicos (guerra como algún vecino, especialmente con Argentina), sino que sobre la mesa hay nuevas amenazas: el terrorismo y el narcotráfico.

Un terrorismo que amenazaría las enormes reservas petroleras brasileñas del Atlántico Sur y un narcotráfico que actúa en las fronteras y en la Amazonía. Por eso, estas dos regiones se han convertido en las dos zonas de mayor importancia estratégica para el futuro y en las preocupaciones más fuertes en materia de defensa que afectan al gobierno brasileño.
El año pasado Dilma Rousseff anunció además el Plan Estratégico de Fronteras que tiene un objetivo muy claro y explícito, como confesó el vicepresidente Michel Temer: "queremos hacer una ocupación más efectiva en las fronteras".

Este plan de fronteras ha tenido tres fases hasta el momento. Empezó con el Ágata 1, en el norte, en la frontera brasileña con Colombia y Perú. Luego llegó el turno para el Ágata 2, al sur, en las fronteras con Paraguay y Argentina. Y la última, Ágata 3, se ha desarrollado en el centro-oeste, con Perú, Bolivia y Paraguay.

Esto ha supuesto la mayor movilización militar en la lucha contra el narcotráfico con la participación de 6.500 soldados y un fuerte apoyo logístico, debido a que es necesario controlar una enorme línea fronteriza.

En la misma línea que el vicepresidente Temer, el ministro de Defensa Celso Amorim señaló que "(Ágata 3) es un elemento de disuasión que demuestra que el Estado brasileño existe y que actuará. Además de la reducción inmediata de la delincuencia, lo más importante es demostrar la presencia del Estado en la frontera".

Los retos del liderazgo brasileño

Brasil ha comenzado la década en una magnífica posición. Es, claramente, la única superpotencia sudamericana, reconocida internacionalmente como una potencia emergente, la sexta economía mundial y un país que camina hacia convertirse en una sociedad de clases medias.

Sin embargo, el Estado brasileño es un gigante con pies de barro pues no es capaz, en ciertos lugares, de garantizar la seguridad de sus ciudadanos y hacer efectivo el monopolio de la violencia legítima.

Para el futuro, el reto brasileño es no sólo consolidar y profundizar su crecimiento económico, como siempre se señala, sino ser capaz de hacer efectiva la presencia de Estado hasta el último rincón del país: impidiendo la penetración por el norte de la narcoguerrilla de las FARC, del narcotráfico en las fronteras de Perú y Bolivia, y del contrabando en la propia Bolivia y en Paraguay.

Para ello, ciertos modos y maneras brasileños deben cambiar: en primer lugar, el estilo de liderazgo brasileño en Sudamérica debe transformarse pues se ha extendido la sensación de que existe una prepotencia brasileña en las relaciones con la región, lo que muchos califican como "imperialismo brasileño".

En segundo lugar, la modernización de las Fueras Armadas y el impulso a la industria militar debe ir acompañada de un proceso similar y coordinado por el resto de países de la región. No como una escalada armamentista sino como un ejercicio de coordinación y colaboración en pro de la seguridad regional.

Y en tercer lugar, Unasur debe cumplir, de hecho ya ha empezado a hacerlo, un papel muy importante para lo solucionar los dos problemas antes descritos. En ese foro la diplomacia brasileña hacia la región debe hacerse más transparente y menos conspirativa, estableciendo medias de confianza mutua.

Además, Unasur debe ser el foro donde se discutan abiertamente la magnitud y el alcance del rearme y la modernización, así como de la coordinación en la lucha contra el crimen organizado.

Es en ese ámbito es donde el liderazgo brasileño en la región debe crecer y consolidarse. Porque si Brasil desea ser una potencia mundial debe, en primer lugar, hacer efectivo el control sobre su propio territorio. En segundo lugar, ser reconocido por sus vecinos como líder regional. Sólo apoyado en esos dos pilares será capaz de dar el salto al tablero mundial, donde con la retaguardia asegurada podrá jugar un papel relevante.

En caso contrario, Brasil será un gigante con pies de barro, cuya fachada "imperial" se derribaría al primer soplo de viento adverso.


* Rogelio Nuñez es Doctor en Historia de Iberoamérica.
Miembro del Observatorio de Seguridad y Defensa de América Latina (OSAL).


22 dic 2011

Guatemala espera fin de embargo militar de EE.UU


Guatemala, 22 dic (PL) El restablecimiento de la ayuda militar estadounidense a Guatemala puede darse en 2013, en tanto Washington mantiene sus condiciones para lograrlo.

  Las autoridades norteamericanas implantaron un embargo en esa materia en la década de 1980, cuando consideró al Gobierno un violador de los derechos humanos, con lo cual les niegan al país participar en su programa de financiamiento castrense.

Desde entonces prohíbe cooperación de todo tipo con el Ejército de esta nación centroamericana, incluido el suministro de armamento.

Ahora el presidente Alvaro Colom anunció avances en el Congreso de aquel país en la intención de levantar esa medida, pero está supeditado a varios aspectos.

Tras su visita reciente a Washington, Colom dijo que representantes del gobierno le dieron a conocer la posibilidad en el poder legislativo de iniciar el proceso para ello, lo cual pudiera culminar en 2013.

Para llegar a ese término se impone mantener los avances en la lucha contra el crimen organizado y la defensa a los derechos humanos, así como diseñar una estrategia conjunta.

Sobre esto, analistas resaltan los riesgos por cómo los resultados serán evaluados a partir de la perspectiva unilateral estadounidense.

Desde la imposición de la medida, en pleno apogeo del conflicto armado interno, el gobierno norteamericano ha puesto requisitos para poder optar por aquel programa de financiamiento, varios de los cuales Colom asegura se cumplieron durante su gestión.

Mencionó la liberación de archivos militares, especialmente los contentivos de los planes llamados Firmeza 83, Sofía 82 y Operación Ixil, diseñados por el Ejército en su combate a la guerrilla que condujeron a un buen número de matanzas de la población indígena.

Igualmente, se refirió al comienzo de procesos judiciales para militares de la época acusados de genocidio en aquellas masacres cometidas durante la guerra.

Respecto a la lucha contra el crimen organizado, el mandatario destacó el gran incremento en su administración en las capturas de narcotraficantes e incautaciones de drogas y bienes de esas bandas.

En este tema, la oficial Agencia Guatemalteca de Noticias (AGN) cita un documento según el cual el levantamiento del embargo sucederá si el Ejército tiene una misión definida y centrada en la seguridad fronteriza y las amenazas en la sociedad guatemalteca.

Además, pasa por la implementación de una estrategia de reforma que tenga apoyo de la sociedad.

Esta tarea, afirma la AGN, le competerá al próximo gobierno, a partir del 14 de enero de 2012, que también deberá mantener lo logrado en la administración de Colom.

Quien lo sucederá en el cargo, el exgeneral Otto Pérez Molina, reconoció los avances y previó un fortalecimiento en esas áreas durante su mandato, por lo cual dijo no habrá problemas en cumplir los requisitos impuestos.

Recordó que en estos años Guatemala no ha necesitado de Estados Unidos para adquirir armamento, pero el levantamiento del embargo servirá para tener acceso a programas de aquel país.

De ellos mencionó entrenamiento castrense, venta de equipo y armas a mejores precios, y asistencia militar mediante donaciones.

7 dic 2011

Los BRICS entre geoeconomía y geopolítica

Por Tiberio Graziani

En otoño de 2011, el analista Jim O’Neill del Banco de Inversiones Goldman & Sachs, sobre la base de datos macroeconómicos de algunos países emergentes, en particular concernientes a la demografía, la tasa de crecimiento y los recursos naturales estratégicos, certificaba con el acrónimo BRIC un nuevo agregado de potencial geoeconómico. Los países que fueron tomados en cuenta eran, como ya se sabe, Brasil, Rusia, India y China. Según O’Neill estas naciones verosímilmente habrían dominado la economía mundial del siglo que está iniciando. Por consiguiente se hacía necesario englobarlas en la economía mundial hegemonizada, después del colapso soviético, en el sistema occidental bajo conducción americana. Los países BRIC, como sucesivamente se los denominó, buscaban desde aquel momento, pero unilateralmente, una propia colocación geopolítica en el tablero global. Algunos de ellos, en particular Brasil, India y China, intentaban aumentar sus propios niveles de libertad en el campo mundial haciendo hincapié en una articulada serie de alianzas económicas y comerciales en el ámbito regional e internacional. Las tasas de crecimiento elevadas de estas naciones-continentes, indudablemente, constituía el combustible necesario para un nuevo rol en el escenario post bipolar. También Rusia, bajo la dirección de Putin, intentaba reafirmar, cuando menos en el espacio ex-soviético, su propia primacía, después de la desastrosa presidencia de Yelsin.

En el transcurso de pocos años, la nueva agregación geoeconómica se ha convertido, de simple hipótesis analítica, útil para la descripción de los escenarios económicos-financieros del siglo XXI, en un actor global de hecho. La agenda de los valores del forum de los países BRIC a esta altura contiene todos los puntos cruciales de la economía mundial: desde la cuestión climática a la de la cesta de las divisas, desde aquella concerniente a los procesos de modernización y desarrollo innovador a los que atañe a la seguridad de particulares sectores industriales; además de estos temas, los BRIC se pronuncian con inmediatez y determinación, también por lo que concierne a los dossier “calientes”, como aquellos que tienen que ver con los conflictos internacionales. Durante el 2011, tan sólo para ofrecer algunos ejemplos, los BRIC han tomado partido sobre los casos de agresión a Libia y sobre el aislacionismo de Siria, principalmente actuado por los euroatlánticos, el haber expresado su voto a favor del reconocimiento de Palestina en el ámbito de la UNESCO y haber solicitado la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU. La coordinación entre los países del club BRIC, fortalecida en 2010 con la inclusión de Sudáfrica[1], ha asumido por consiguiente un carácter cada vez más “político”, al punto de de incidir profundamente sobre los actuales equilibrios mundiales. Desde una perspectiva general podemos observar que la sola constitución del nuevo club de hecho ha acelerado la transición hacia el sistema multipolar e introducido las premisas para su consolidación a nivel continental. La agrupación BRICS parece confirmar, además, la hipótesis geopolítica, adelantada en estas mismas páginas[2], según la cual los pilares del nuevo ordenamiento in fieri estarían constituidos por América indiolatina y por Eurasia.De hecho, los BRICS no sólo influencian, como ya se sabe, a los sectores económicos, financieros e industriales[3], sino también a aquellos geoestratégicos y, por último, a los que conciernen al orden jurídico internacional.


El club BRICS y el ámbito geoestratégico
Por lo que se refiere el ámbito geoestratégico, vale la pena considerar que la coordinación entre los países BRICS representa de hecho un eje casi diagonal – proveniente del lado oriental del hemisferio septentrional (Eurasia) al occidental del hemisferio meridional (América indiolatina) – que podríamos definir “asimétrico”, respecto a aquellos definidos respectivamente por la trayectoria horizontal (Este – Oeste) y vertical (Norte – Sur), a los que nos había acostumbrado la prensa de propaganda de los períodos bipolar y unipolar. Este eje asimétrico NE – SO, articulado en tres núcleos constituidos respectivamente por el polo eurasiático, por el vértice sudafricano y por el polo brasileño, previsiblemente desmembrará, en el medio y largo plazo, las líneas de intervención del sistema occidental bajo conducción americana, aún hegemónica desde un punto de vista militar.El orden BRICS, por ahora solamente diplomático y económico, sin embargo, debido a su potencial militar[4] y por su posición geoestratégica, podría constituir una primera respuesta organizada hacia la “marcha” de los EUA que, avanzando a lo largo de la directriz “horizontal” atlántico mediterránea, intenta dirigirse hacia los países de Asia Central. La presión estadounidense hacia la masa euroafroasiática, vale la pena recordarlo, ha adquirido en los últimos doce años un carácter marcadamente militar. La militarización de la política exterior del sistema Usacéntrico, actuada por la varias administraciones de allende el océano, desde Bush padre a Obama, constituye el principal elemento de la praxis geopolítica de todo el sistema occidental, tendiente a la fragmentación de particulares áreas estratégicas como las del Cercano Oriente y el Norte de África[5].


Desde el punto de vista diplomático, económico y militar el club BRICS se presenta desequilibrado a favor de su componente eurasiática. Esta situación por lo menos abre dos posibles escenarios. Por un lado el desajuste podría representar, ya desde el medio plazo, un factor de tensión en el interior de la coordinación política de la nueva agregación, con una vuelta hacia el amparo estadounidense por parte de Brasil y tal vez de Sudáfrica. Una segunda perspectiva, tal vez la más realista, evalúa el actual desequilibrio como motivo de aceleración de la integración pro continental de América meridional, fundada en el polo Brasil-Argentina-Venezuela. En este último caso, por otra parte deseable, puesto que reforzaría el escenario multipolar en fase de consolidación, el elemento más débil de la actual composición del conjunto BRICS, es decir, la República Sudafricana, asumiría, en virtud de su particular posición geográfica, una evidente función de equilibrio geoestratégico en el interior del nuevo sistema mundial.

Un nuevo modelo de cooperación multipolar

Por lo que concierne a la incidencia por parte de los países del BRIC en el orden jurídico internacional, concordamos con lo que asegura Paulo Borba Casella, profesor de derecho internacional en la Universidad de São Pulo (Brasil), según el cual nos hallamos ante un modelo de cooperación innovador, independiente y original. Para el docente brasileño, “el carácter innovador de la perspectiva BRIC reside en el hecho de que estos países se pueden ocupar de sí mismos y al mismo tiempo formular un nuevo modelo de inserción internacional y de cooperación. La perspectiva es ésta. Lo que se precisa es ponerla en práctica”[6]. El club de los países BRICS de hecho introduce una praxis de cooperación que, respetando las identidades culturales de sus propios miembros, no se conjuga a la perfección con los planteamientos universalistas de las estructuras internacionales como, por citar algunas de ellas, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), basados, como es sabido, en criterios individualistas y mercantiles propios de las concepciones de carácter occidental.

El nuevo club, aun cuando haya surgido por evidentes razones económicas, sin embargo parece evolucionar hacia una concepción más concreta de las relaciones entre los Estados, fundada en un sustrato cultural afín que podríamos definir de tipo solidario[7], atento hacia la “cosa pública” y a los intereses concretos de las variadas comunidades etnoculturales que pueblan las respectivas naciones. La nueva perspectiva que el modelo BRICS introduce, forzosamente chocará con la otra “reglamentación mundial” (la global governance de la escuela angloamericana) la cual “radica en la concepción individualista de la sociedad y en el pensamiento único “democrático”, rehusando las diversidades culturales de las distintas poblaciones (aunque no en términos instrumentales como el de la doctrina del “choque de civilizaciones”)[8]. De hecho, el nuevo modelo de cooperación promovido por los países BRICS atestigua el fin o la reorientación de la ONU y la decadencia o la reestructuración de las organizaciones mundiales como el FMI, el BM y la Organización Mundial de Comercio.


*Tiberio Graziani es director de “Eurasia” y presidente del IsAG – Instituto de Altos Estudios Geopolíticos y de Ciencias Auxiliarias.

3 oct 2011

La Guerra de Irak, una invención oportunista

Por Walter Murcia

En el presente ensayo se analiza la Guerra de Irak, también llamada II Guerra del Golfo, Operación Libertad, Ocupación o Invasión de Irak. En esta guerra se puso de manifiesto la ambición de Estados Unidos (EE.UU.) por fortalecer su identidad hegemónica sin importar los costos. A pesar, que se percibía un ambiente de relativa “paz” en el escenario internacional post Guerra Fría. La Guerra de Irak se enmarcó en la lucha global contra el terrorismo que lideró la Administración Bush a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001 (11-S). Dichos atentados fueron catalogados como ataques terroristas asociados al fundamentalismo islámico. Se instaló en el imaginario colectivo, una especie de un nuevo Pearl Harbor. Esto vino acompañado también, de un sentimiento de inseguridad y miedo, no solo en la sociedad norteamericana, sino que trascendió a todo el mundo. Desde la política exterior norteamericana se fueron recreando nuevos fantasmas que recorrerían el mundo, como el terrorismo, las Armas de Destrucción Masiva y los “rogue states”.

Desde las relaciones internacionales, esta guerra que cumple casi 10 años, es posible analizarla desde el enfoque constructivista. Wendt,[1] plantea que el constructivismo es una teoría social para entender las relaciones internacionales, donde los intereses e identidades son constituidos intersubjetivamente, es decir, son el resultado de un proceso continuo de interacciones entre los Estados. Como los realistas, los constructivistas también consideran el poder como un elemento importante. Pero la diferencia radica en que los realistas lo entienden en términos materiales y para los constructivistas la fuente principal del poder está en las ideas. Por ello, los intereses, ideas, percepciones, identidades y el “speech act” (discurso) que tengan los gobiernos serán fundamentales en el proceso de toma de decisiones de la política exterior. En ese sentido, la política exterior de la Administración Bush, muy influenciada por la elite neoconservadora recreó su identidad a través de la construcción de nuevos enemigos, principalmente, el terrorismo.

A pesar que el constructivismo es una teoría de la política internacional y no para el análisis de la política exterior, se sustraen ciertos elementos para identificar la construcción de la identidad de Estados Unidos y del “Otro” que corresponde, para efectos de este análisis, a Irak. A nivel discursivo, la identidad es utilizada para moldear el significado de una palabra en oposición a otras. A nivel psicológico, la identidad se relaciona con la construcción del “Yo”. A nivel social, la identidad dibuja la representación de un “nosotros”. La identidad estatal es construida principalmente a través del discurso político, la cual se fortalece muchas veces en contextos de crisis.

Wendt plantea que existen tres alternativas sobre la percepción que un país puede tener en cuanto a sus relaciones con sus pares. Los Estados interactúan sobre la base de enemistad, rivalidad o amistad.[2] Sobre esta base, un Estado actúa frente a otro dependiendo si lo percibe como amigo, rival o enemigo. Si es enemigo, la relación se puede tornar conflictiva, recurriendo a la guerra. Para el caso particular que interesa, EE.UU. percibió a Irak como una amenaza, asignándole una identidad de enemigo y estableciendo el objetivo de derrocar el régimen de Hussein. Como señala Robert Jervis, las relaciones entre actores, no son en sentido puro, tal cual existen, sino entre las imágenes de los mismos. Por ello, la percepción juega un papel determinante. Jervis señala dos entornos que coexisten: operativo y psicológico. El primero, sería la realidad tal y como existe, mientras que el segundo es la realidad tal y como es percibida por los actores[3].

No se pretende explicar todos los factores que incidieron en esta guerra, ni hacer una cronología de los hechos más importantes. Pero si explicar el proceso de “securitización” que llevó a ubicar como amenaza para la seguridad de EE.UU. y del mundo, al régimen de Saddam Hussein y a tomar “medidas extraordinarias”, como fue el uso del poder militar para atacar Irak, a pesar de no tener la legitimidad necesaria y el respaldo de la ONU. El enfoque de securitizacion, propuesto por la Escuela de Copenhague, considera que la seguridad es una construcción social, por tanto se puede indicar si un tema ha sido securitizado. Eso significa que la amenaza es de tal magnitud y gravedad que si no se resuelve con estatus de prioridad, no se podrá resolver ningún otro asunto. En consecuencia, la securitización puede ser vista como la politización extrema de un problema. Desde este enfoque, la seguridad se refiere a “una amenaza existencial a un objeto de referencia” pero es un actor “securitizador” el que define la amenaza en términos existenciales y, por lo tanto, “propone medidas de emergencia más allá de las existentes reglas del juego que, en otras situaciones, se hubieran respetado”[4].

La Administración Bush, como actor securitizador se valió de diferentes recursos para influir en la opinión pública nacional como internacional para obtener los apoyos necesarios que dieran la legitimad de la guerra. Desde los discursos, los informes, las estrategias, hasta el rol de los “mass media” fueron claves en el proceso de securitización y la construcción social de la amenaza existencial que representaba el régimen de Hussein, al cual se le atribuyó conexiones con el terrorismo y las ADM. Los discursos desempeñan un papel fundamental en la construcción y legitimación de las representaciones y percepciones de los acontecimientos y las identidades. Siguiendo a la Escuela de Copenhague, lo anterior conlleva a movilizar a los ciudadanos en torno a la voluntad de las elites nacionales y grupos de poder.

Este ensayo sostiene que la instrumentalización y explotación política de valores, creencias, símbolos y mitos del imaginario social fue una constante en la construcción de la guerra de Irak.

La Construcción del “Otro”
Con el fin de la Guerra Fría y la disolución de la amenaza soviética, se refuerza la preeminencia de los EE.UU (“el momento unipolar”). Un solo Estado se proclamaba vencedor de la Guerra Fría, y se encontraba sin enemigos. Pero eso no significaba que hubiese desaparecido la imagen del enemigo. Al contrario, estaba en ciernes una búsqueda generalizada del enemigo perdido.[5] Este escenario sufre una metamorfosis a partir del 11-S, ataques que representaron un golpe simbólico al sistema de valores de EE.UU. y del orden occidental, pero también una oportunidad.

Como afirma Juan Tokatlian, “La construcción del enemigo ha sido vital para la formulación de la política exterior de los EE.UU. durante buena parte del siglo XX, y ha sido una construcción fundamental para que EE.UU. tuviera una política consistente. Cuando careció de enemigos, se dispersó y tuvo políticas erráticas”.[6] Esto explica la ambigüedad en la definición de los intereses nacionales de EE.UU. después de la Guerra Fría. El derrumbamiento de la URSS generó una inestabilidad en la auto-percepción de EE.UU.

Con el 11-S quedo demostrado que EE.UU. no estaba preparado para responder a un ataque de dicha naturaleza, por el hecho que tradicionalmente se consideraba como una amenaza aquella agresión que proviniera de un Estado, y no de un actor no estatal. Los ataques terroristas marcan un punto de inflexión en las estructuras y mecanismos de seguridad de los EE.UU, debido a que ya no se trataba de una guerra contra un estado, sino contra actores no estatales con influencia internacional, de accionar asimétrico, como son las redes terroristas. Tal como apunta Kaldor[7], para entender las nuevas guerras, “la violencia entre estados se encuentra en un nivel bastante bajo, ya que ha sido transformada por un nuevo tipo de guerras: guerras civiles, de baja intensidad, de larga duración, en la periferia del sistema, de intereses difusos y cambiantes, así como la guerra contra el terrorismo”.

Haciendo una lectura del 11-S, el Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, se refirió a la necesidad de "imponer un nuevo vocabulario y diferentes construcciones", distintas a las tradicionales: "EE.UU. no fue atacado por tradicionales ejércitos, sino por enemigos ocultos. Los ataques representaron una nueva forma de guerra (...) fueron una alerta de que estamos entrando en un nuevo período peligroso en el cual la invulnerabilidad ha sido reemplazada por una nueva era de vulnerabilidad; Debemos pasar de una mentalidad y un planeamiento "basado en amenazas" a una mentalidad y un planeamiento "basado en capacidades". Es decir, no sólo quién es el enemigo, sino cómo nos atacará"[8]. Por ello, para la Administración Bush y dada la dinámica de las nuevas amenazas y sus actores, era necesario redefinir las doctrinas y políticas debido a que no se podía continuar con la estrategia de disuasión y contención. De forma que se impuso una agenda exterior basada estrictamente en la seguridad.

El mismo día de los ataques, el presidente Bush se dirigió en un breve discurso televisado a su nación declarando que "los Estados Unidos buscarán y castigarán a los responsables de estos actos cobardes," (…) "la resolución de nuestra gran nación está siendo probada. Pero no cometan errores: Demostraremos al mundo que pasaremos esta prueba”. “Estados Unidos ha sido blanco de un ataque porque es el faro más brillante de la Libertad y el Progreso en el mundo. Y nadie hará que esa luz se apague. Hoy, nuestra nación ha visto la maldad, lo peor de la naturaleza humana” [9]. En dicho discurso hizo su primer acercamiento de lo que un año después sería la Doctrina Bush: “No haremos distinción entre los terroristas que cometieron estos actos y aquellos que los hospedan”[10].

A partir del 11-S, EE.UU. fue desarrollando su identidad en base a la amenaza que representaba el terrorismo, extendiendo la agenda de securitización, a aquellos países que diran refugio a células terroristas. Tal como lo dejó claro Bush, un día después de los atentados:”Los deliberados y mortíferos ataques que fueron perpetrados contra nuestro país fueron más que actos de terror. Fueron actos de guerra. Esto requerirá a nuestro país unirse en una firme determinación y resolución... La Libertad y la Democracia están bajo ataque... El enemigo atacó no sólo a nuestra gente sino a toda la gente amante de la libertad, en todas partes del mundo.... Esta será una lucha monumental del Bien contra el Mal. Pero el Bien prevalecerá”[11].Vale decir que se resalta la idea del terrorismo, a pesar que no hay consenso en su definición, pero se le compara con actos de guerra. El uso peyorativo con el que se utiliza al terrorismo, le permite a EE.UU. justificar cualquier acción que implique el uso de la fuerza. Para este país, las guerras han sido parte de su identidad hegemónica.

Como una de las lecturas que la Administración Bush hace sobre los atentados del 11-S, es que se trataba de una guerra entre el “Bien y el Mal”, que al representar EE.UU. el “Bien” tiene una responsabilidad de defender la libertad y la democracia, y gradualmente se irían justificando sus enemigos. El 13 de septiembre de 2001, el presidente Bush mencionó que "los que ayudaron o abrigaron a los terroristas serán castigados. La enormidad de su mal lo exige así."[12] Al día siguiente, Bush amplió los objetos referentes declarando que, "nuestra responsabilidad en la historia está clara: responder a estos ataques y librar al mundo del mal”[13]. Sin embargo, dado que se atribuyó a actores no estatales como responsables de los atentados, era necesario extender el objeto de la respuesta. Unos días después, el presidente Bush declaró "después de todo, nuestra misión no es sólo con Osama Bin Laden y la organización Al Qaeda. Nuestra misión es luchar contra el terrorismo". Ese discurso legitimaba a AlQaeda como enemigo, así como, conllevo al ataque contra Afganistán removiendo a los talibanes del poder y calificando a este tipo de estados como “regímenes hostiles”, declarando que “cada nación en cada región ahora tiene una decisión” “o están con nosotros o están con los terroristas.”[14]

En el proceso de construcción del enemigo la Administración Bush recurre a una serie de valores y creencias culturales e ideológicas que están fuertemente arraigados en el imaginario social de su nación, así como en la cultura occidental. Los imaginarios sociales estructuran la memoria histórica, la experiencia social y construyen la realidad. Sin estas formas simbólicas, cargadas de significados y sentidos comunes compartidos, es difícil sostener los sistemas de racionalización ideológica en una sociedad[15]. El 11-S y el terrorismo en sí, no reflejan un cambio sistémico en el sistema internacional, pero si fue funcional para la redefinición de la política exterior de la Administración Bush, que a través de la manipulación del miedo y la incertidumbre que estaba presente en la sociedad estadounidense, activaron los mecanismos que toda gran potencia posee para acabar con el enemigo, para ello era necesario sobredimensionar las amenazas. Por ello, el presidente Bush en sus discursos, aludió a diferentes objetos referentes, pero se resaltaron también valores cristianos, para tener el apoyo de la sociedad estadounidense, más que todo de la audiencia protestante y conservadora. “La libertad y el miedo, la justicia y la crueldad, han estado siempre en la guerra. Y sabemos que Dios no es neutral entre ellas”[16].
El terrorismo y las nuevas amenazas que fueron tomando forma e identidad, pasaron por un proceso de identificación donde a través del discurso se hizo evidente el objetivo de securitizar. Fue así que el discurso, representó uno de los mecanismos fundamentales para ampliar la agenda de amenazas existenciales. Se argumentó además, que se trataba de una guerra contra la “civilización”; pero acaso, ¿existe solamente una civilización?, de manera autoritaria, el presidente Bush y sus asesores neoconservadores determinaron que “los ataques del 11-S constituyeron en realidad un ataque contra todos los países civilizados”, lo cual forma parte de una serie de oposiciones binarias para apropiarse del lado positivo: lo que no es civilización se identifica con la ‘barbarie’, esto es era el mundo islámico[17]. 

La cuestión “Irak”

Se recurrió a profundizar el “nosotros”, otorgándose una identidad de los buenos “el eje del bien”, de esa manera se iba preparando el camino para construir la identidad del “otro”, es decir, de los “malos”, en este caso Irak. Dentro de la dinámica securitizadora siguieron ciertas políticas y discursos para exaltar los valores norteamericanos, cuyo efecto sirvió para aumentar los apoyos y cohesión interna de los grupos. Progresivamente, el enemigo iba tomando forma, Bush, un año después del 11-S, incorporó una dimensión significativa que serviría como sostén para vincular al régimen de Saddam Hussein, normativa y conceptualmente, con la amenaza terrorista.

Se asoció al “enemigo” con aquellos Estados que desarrollaban Armas de Destrucción Masiva (ADM). Durante su discurso de West Point del 1 de junio de 2002, el presidente Bush declaró: “Hoy nuestros enemigos ven las ADM como una opción. Para los “rogue states” (estados canallas) estas armas son herramientas de intimidación y agresión militar contra sus vecinos. Estas armas pueden también permitir a estos Estados intentar chantajear a los EE.UU. y sus aliados para evitar nuestro rechazo a su comportamiento agresivo. Tales Estados ven estas armas como la mejor forma de alcanzar la superioridad convencional de los EE.UU.”[18]

Ese mismo día, se incorporó también al discurso el concepto de Guerra Preventiva, declarando: "no podemos defender Norteamérica esperando lo mejor... Si esperamos que las amenazas se materialicen completamente, habremos esperado demasiado... Debemos llevar la batalla al enemigo, interrumpir sus planes, y enfrentar las peores amenazas antes de que ellas emerjan"[19]. Estas declaraciones iban abonando y de alguna manera advirtiendo lo que se venía, y la posterior aplicación de medidas extraordinarias. Se argumentó a la supervivencia, como justificación de la aplicación de la National Security Strategy of the United States of America (NSS 2002) más conocida como Doctrina Preventiva de la Seguridad Nacional. Esta doctrina plantea atacar primero antes de ser atacado, eliminando enemigos o futuras amenazas, o decidir iniciar una guerra bajo la prerrogativa de “la autoridad soberana de los EE.UU.”

En esa línea, el presidente Bush abogó por la violación de una de las normas más elementales del derecho internacional, la agresión externa. Así como, relaciono la postura de EE.UU. en la Guerra Fría con la guerra contra el terror, y afirmaba también la posición unilateralista como “benevolente”, por el hecho de representar los valores morales universales: "porque la guerra contra el terror requerirá resolución y paciencia, también requerirá un propósito moral firme. De esta manera nuestra lucha es similar a la Guerra Fría.... La verdad moral es la misma en cada cultura, en todo momento, y en cada lugar... Estamos en un conflicto entre el bien y el mal, y EE.UU. llamará al mal por su nombre."[20], llámese Corea del Norte, Afganistan, Irán y particularmente Irak, que fueron denominados como el “eje del mal”.

Esa concepción apocalíptica de la política exterior de la lucha entre “el bien y el mal”, o en palabras del presidente Bush, “o se está con ellos o con nosotros” encuentra basamento en un moralismo absolutista basado en la religión protestante. Además del 11-S, hay otros factores que influyeron para la construcción de la identidad de EE.UU., así como para la formulación de nuevas doctrinas como la NSS 2002. Entre estos factores se encuentra el peso político e influencia de la ideología neoconservadora, especialmente el “think tank”, Proyecto para un Nuevo Siglo Americano (PNAC), del cual surge la Doctrina Bush de las guerras preventivas. La visión de este think tank, financiado por la industria armamentística y petrolera en Medio Oriente, es que EE.UU. tenía que ejercer mayor preponderancia, dado el momento unipolar, sustentado en la supremacía militar. Las ideologías aportan un cierto confort psicológico al individuo, ya que eliminan gran parte de la incertidumbre que supone vivir en un mundo complejo, facilitan su proceso cognitivo y le aportan una explicación asumible de la realidad, y de cuáles deben ser sus pautas de actuación.[21]

De hecho, la elite neoconservadora del PNAC, una semana después del 11-S publicaron una carta abierta al presidente Bush en la cual consideraban fundamental la ofensiva internacional que EE.UU. activaría en la lucha contra el terrorismo y otras amenazas: “Estamos de acuerdo en que el objetivo clave, lo que no significa que sea el único objetivo, de la actual guerra al terrorismo debe ser, capturar o matar a Osama Bin Laden, y destruir su red de asociados. (…) Puede ser que el gobierno iraquí haya facilitado algún tipo de asistencia al reciente ataque en los EE.UU. Pero incluso si las evidencias no vinculan directamente a Irak con el ataque, cualquier estrategia que apunte a la erradicación del terrorismo y sus patrocinadores debe incluir un decidido esfuerzo para remover a Sadam del poder en Irak. Un fracaso a la hora de acometer este esfuerzo constituye una temprana y quizás decisiva rendición en la guerra al terrorismo internacional”.[22]

Esta visión se materializó en la NSS 2002 que reafirma el derecho de EE.UU. a tomar “acciones preventivas para defenderse, incluso en el caso de que se desconozca la hora y el lugar en que se cometerá el ataque enemigo. La declaración de Bush que precede al documento de la NSS 2002 establece que “finalmente, los EE.UU. usarán este momento de oportunidad para extender los beneficios de la libertad a través del mundo” (Bush, 2002: iv) lo cual refleja la influencia de la ideología neoconservadora para sacar provecho de esa ventana de oportunidad como fue el 11-S, para considerar no solo al terrorismo como nuevo enemigo sino también aquellos Estados que se opusieran a sus intereses o desafiaran su statu quo de preeminencia mundial.

La identidad que fue construyendo EE.UU. se puede atribuir a la influencia de la visión y pensamiento neoconservador. Al autoproclamarse un rol universalista, mesiánico y unilateralista para salvar al mundo del “mal”. La Administración Bush basó su guerra en la defensa de objetos referentes de diferente índole, pero sobre todo utilizó categorías como la democracia, la libertad, la seguridad, que constituían variables importantes en el discurso de securitización dirigido hacia las audiencias.

Irak ha sido un problema sin resolver para EEUU. El interés de Irak no nace con el 11-S, desde el fin de la primera Guerra del Golfo (1990-1991) ya había una campaña de difusión desde el gobierno y los medios de comunicación de proyectar una imagen de Hussein como tirano que constituía una amenaza existencial. Para 1998, el PNAC insistió a la Administración Clinton, que el cambio de régimen en Irak debía ser un objetivo prioritario de la política exterior estadounidense, por el hecho que representaba una amenaza para “la seguridad y los intereses norteamericanos” a la vez que mencionaban el peligro que “una significante porción de las fuentes mundiales de petróleo” se mantuviera en manos enemigas[23]. Para ello apoyaban una intervención armada en Irak argumentando el unilateralismo. Irak tenía una función que cumplir en la ideología neoconservadora desde antes del 11-S, así como, ya se hacía referencia a operar fuera del marco de la ONU (romper reglas).

Para la Administración Bush, la “cuestión Irak” ya era tema de agenda desde antes de llegar al poder. Con el 11-S, Irak se ubicaría dentro del “eje del mal”. Los principales argumentos que la Administración Bush utilizó para movilizar la securitización de Irak fueron la violación a las 16 resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU), la posesión de ADM, las violaciones a los derechos humanos y la relación con las redes terroristas, especialmente AlQaeda.

En palabras de Bush: “Irak sigue haciendo alarde de su hostilidad hacia (EE.UU.) y apoyando el terror. El régimen iraquí ha conspirado para desarrollar ántrax, gas nervioso y armas nucleares desde hace más de una década (…) Éste es un régimen que aceptó las inspecciones internacionales y luego expulsó a los inspectores. Éste es un régimen que tiene algo que ocultar al mundo civilizado. Estados como éstos, y sus aliados terroristas, constituyen un “eje del mal” que se arma para amenazar la paz del mundo”[24].

Las intenciones de la Administración con respecto a Irak se confirmaron en septiembre de 2002, en Naciones Unidas, donde argumentaron, la violación por parte de Irak de las resoluciones internacionales, planteando que la “comunidad internacional” debía responder a ese desafío: “Si este régimen fuera a proveer estas armas a sus aliados terroristas, entonces los ataques del 11-S, sería un preludio a horrores mucho mayores(...) Debemos elegir entre el mundo del miedo y el mundo del progreso. No podemos hacer una pausa y no hacer nada mientras que los peligros aumentan. Debemos pararnos por nuestra seguridad y por los derechos y las esperanzas de la humanidad. Por herencia y por opción, los EE.UU. lo harán”[25].

A nivel nacional, Bush representó a Hussein como un dictador cruel y maléfico, basándose en la invasión de Kuwait, así como, difundía el miedo a una posible guerra nuclear. Eso generó, en alguna medida, mayor nivel de respaldo de la opinión pública norteamericana para librar la guerra para derrocar al “dictador”. A través del discurso de las diferentes administraciones estadounidenses, se le personificó a Hussein, incluso hasta su muerte, como un demonio. La propaganda mediática y gubernamental fue fundamental para la movilización de la securitización sobre la amenaza que representaba Irak. Después de septiembre de 2002, los EE.UU. era el único país del mundo donde el 60% de la población creía que Irak era una amenaza inminente. Así como, el 50% de la población de EE.UU en 2003, estaba persuadida de que Irak fue el responsable del 11-S[26]. Esto demuestra desde una perspectiva constructivista que la seguridad, así como toda amenaza se construye políticamente. Siguiendo a Buzan, securitizar un asunto es necesariamente una cuestión política. Se reforzó la identidad unilateralista de Estados Unidos. Esto reflejaba el característico punto de no retorno de todo proceso de securitización: “si no lo resolvemos, todo lo demás será irrelevante”[27].

La Administración Bush buscó convencer a la ONU para obtener apoyo moral y la legitimidad necesaria para la preservación de “sus” objetos referenciales. En varios discursos Bush reconoce “creer” en la misión de la ONU, pero que las naciones “libres” han esperado muchos años para el desarme del régimen de Irak y no han sido retribuidos en su “buena fe”[28]. Bush también justificaba la solicitud de apoyo de las naciones, garantizándoles mayor seguridad después de la transformación de Irak. La imagen de Saddam que se difundía ante la opinión pública internacional era de líder irracional. Ante las presiones de la Administración Bush, el 8 de noviembre de 2002 se aprobó por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la resolución 1441 que respaldaba las condiciones de EE.UU. por la cual se declaró a Irak en violación de sus obligaciones internacionales, se le impuso un régimen reforzado de inspecciones y se le advirtió de “graves consecuencias” en caso de no acatar.

A pesar que a inicios de 2003, la ONU confirmaba que no habían encontrado pruebas que demostrarán la posesión de ADM. De alguna forma, el lenguaje “ambiguo” de la resolución favoreció a EE.UU., con ello, la diplomacia continuaría por otros medios, como señaló Clausewitz en su momento, “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. En marzo de 2003, EE.UU. actuó como un actor revisionista y ataco unilateralmente a Irak, justificando el incumplimiento de la resolución 1441 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU). La Administración Bush decidió utilizar la fuerza contra Irak, valiéndose de la potestad que le otorgó el Congreso y del apoyo parcial de la opinión pública estadounidense. EE.UU. actuó como un actor revisionista respaldado en su NSS 2002, restando importancia de la aprobación del CSNU, quienes en su mayoría condenaron la acción unilateral de guerra que violaba la Carta de la ONU.

La llamada Operación “Iraqi Freedom” contó con el apoyo de una coalición de países, especialmente de Inglaterra. La operación tardó alrededor de 44 días para derrocar el régimen baathista. Irak se presentó como una antítesis a la identidad de EE.UU. la cual se fue moldeando como amenaza existencial a ciertos objetos referentes (seguridad nacional/internacional, la libertad, la “civilización”, el “bien”…).

A pesar que se amplificó la amenaza, Irak resulto ser vulnerable, de rápida ocupación y no representaba una gran potencia nuclear, como la Administración Bush lo sostenía. El 1 de mayo de 2003, desde el portaviones Abraham Lincoln (símbolo del poderío militar), el presidente Bush anunciaba “misión cumplida” para anunciar el fin de las grandes operaciones militares en Irak.
El presidente Bush vestido de piloto, filmado por las principales cadenas de noticias, a través de las cuales se difundiría la imagen del líder “guerrero”. En su discurso, se refirió precisamente a las imágenes que proyectaron los media post-Operación, estatua de Saddam cayendo, Iraquíes celebrando la “libertad”, etc. No queda duda que las imágenes han sido cruciales en la construcción de la guerra contra el terror. Las imágenes televisadas del 11-S hasta los bombardeos en Irak, quedaran registradas en la psiquis colectiva de la aldea global, gracias a los medios de comunicación que tienen la capacidad de difundir al instante los acontecimientos, pero sin oportunidad de comprenderlos por la cantidad y volatilidad de la información. En el contexto de guerra, la imagen adquiere una nueva función: la de articular narrativas, lo que, en última instancia, puede hacerla coincidir con el propósito último de la propaganda: “beneficiar a quien la origina” [29]. 

Los medios de comunicación, principalmente las cadenas estadounidenses, funcionaron también como actores y mecanismos securitizantes con una gran influencia en la percepción de esta guerra. A pesar que desde el 11-S, la guerra contra el terror, se colocó como un boom mediático, y paso a ser manejado como un espectáculo para las principales cadenas de televisión estadounidense. Existían otras visiones de otros medios, a diferencia de la I Guerra del Golfo, y reflejó la cruda realidad de la guerra y sus consecuencias para la población de Irak. La disponibilidad de información alternativa influyó en el rechazo de la opinión pública internacional, así como norteamericana, por lo cual la imagen de triunfo de EE.UU. en esta guerra, no fue internalizada como se esperaba.

Conclusiones


El 11-S representó una ventana de oportunidad para el proceso de securitización de Irak, por el hecho de construir un nuevo enemigo. Para ello, la Administración Bush recurrió a todos los recursos para ir desdibujando al nuevo enemigo y con ello justificar la redefinición de la política exterior, materializada en la NSS 2002 y 2003. El régimen de Irak fue tomando forma a medida que se le vinculó con el terrorismo, las ADM, “rogue states”. Así como, a través de la representación de una imagen de Saddam Hussein, como enemigo de la libertad y la paz mundial. La construcción discursiva de Irak dependió de una mezcla de diferentes tradiciones de la política exterior estadounidense para la redefinición de EE.UU. en el mundo. Del aislacionismo se desprende el rol unilateral; al realismo, se le atribuye la guerra preventiva (sin prudencia); y la imagen mesiánica de EE.UU. para extender la democracia a todo el planeta, corresponde al liberalismo e idealismo. Toda esta retórica discursiva empleada por la Administración Bush facilitó el proceso de securitización del régimen de Saddam Hussein, para pasar de una identificación de la amenaza al movimiento de securitización que consistía en obtener el apoyo y legitimidad para la guerra.

La doctrina de guerra preventiva fue colocada ante la opinión pública como la mejor forma de derrocar a Saddam Hussein, tras el argumento de “supervivencia”, que el riesgo de no actuar a tiempo, contra amenazas terroristas, traería graves consecuencias para la seguridad nacional de EE.UU. y del mundo. Para la dinámica securitizadora de la amenaza, la Administración Bush se basó en este tipo de discursos para fomentar el miedo y aumentar el grado de amenaza que representaba Irak. El discurso fue fundamental en las diferentes etapas del proceso de securitización (definición, movilización y la implementación de medidas extraordinarias) para que la audiencia (tanto nacional como internacional) aceptara la invasión a Irak.

Un factor facilitador de la securitización a nivel interno fue el discurso de guerra que se “vendió” como una excusa por el 11-S. Para Bush, construirse la imagen del presidente de “guerra”, entre apoyos y fuertes críticas, le aseguró la reelección. Muchos de los que votaron por Bush en 2004 resaltaban su liderazgo y fe religiosa. El factor religioso fue usado por Bush para dar mayor sentido a la guerra.

En el discurso de Bush, no quedaba claro si la guerra era contra el terrorismo, contra Irak o contra Hussein. No obstante, la securitización de Irak se centró en la posesión de Armas de Destrucción Masiva (ADM), las cuales nunca se encontraron. Esa discrepancia de objetos referentes generó resistencias en la audiencia internacional, particularmente de Francia y Rusia, miembros permanentes del CSNU, así como, a nivel de la opinión pública internacional, se realizaron diferentes campañas y concentraciones en diferentes países en desacuerdo a la guerra. A pesar de ello, esta circunstancia no fue un impedimento para que EE.UU. actuase al margen de la ONU, y con el apoyo de una coalición “ah-hoc”, atacar Irak. Priorizando una lógica unipolar con ambiciones imperialistas.

En los discursos de Bush siempre estuvo presente la supuesta defensa del interés mundial. Pero no era más que un recurso, una “noble mentira” para justificar la guerra. El por qué de la invasión a Irak, trasciende el derrocamiento del régimen hacía causas más geopolíticas y económicas. Probablemente, los objetos referenciales reales, no la libertad ni la paz, que se podían leer entre líneas aludían a lograr un reposicionamiento de EE.UU. y aliados, en Medio Oriente y Eurasia, y así expandir sus intereses de todo tipo enmascarados en una cruzada “moral”. La Administración Bush mostró un claro interés por el control de recursos como el petróleo. Irak es el segundo país con mayores reservas de “oro negro” en el mundo. Atrás de la ideología y la remoción del “tirano” existían beneficiosos contratos de reconstrucción, apertura y control de la economía iraquí y de sus reservas de petróleo. Por estos factores y muchos otros, era necesario construir una narrativa del peligro de Irak para justificar una guerra necesaria desde los intereses de la elite de EE.UU.

Estos acontecimientos tuvieron fuertes consecuencias para el orden internacional, por el hecho que EE.UU. construyó y fortaleció su imagen hegemónica-imperial “benevolente” pero fue percibido como un Estado revisionista. Además, pasó a considerarse una amenaza para el propio el orden liberal occidental vigente, quebrando las reglas de forma ilegítima. La guerra de Irak evidenció también un multilateralismo débil, en particular la ONU que fue incapaz de tomar una posición clara sobre la guerra. Pero se probó que el derecho internacional es una cuestión de argumentación. Es clara la necesidad de una reforma profunda a la ONU, especialmente el Consejo de Seguridad, dado que EEUU es el miembro más poderoso e interviniente al interior del mismo, lo que muchas veces ha obstruido el funcionamiento o buena aplicación de los capítulos de la Carta de Naciones Unidas, debido a su poder de veto. La legitimidad de la capacidad de EE.UU. para anticiparse a amenazas fue refrendada tras la Guerra de Irak por el Grupo de Alto Nivel de la ONU y respaldada, en buena medida por la idea de la “responsabilidad de proteger”. Bush vendió la idea de la guerra, como un bien público global.

Las políticas emprendidas por la Administración Bush generaron rechazo y hostilidad. La identidad de liderazgo de EE.UU. y su “soft power” del fomento de las democracias, se debilitaron y ha cosechado más enemigos cargados de fundamentalismo anti-estadounidense, lo cual fortalece la virulencia del terrorismo, fenómeno que se hace cada vez más complejo debido a la globalización.

La Operación Libertad liderada por EE.UU. en Irak nunca se completó. Después de dar por terminada la breve campaña militar para derrocar al régimen, el presidente Bush en su discurso, la denominó, “misión cumplida”. Pero el “nation building” quedo a medio camino. La administración Bush creó una profecía autocumplida sobre Irak. Después de la intervención, hasta nuestros días, le siguió un escenario de guerra interna y de insurgencia donde lo que reina es el desastre y la ingobernabilidad, convirtiéndose Irak en un ambiente propicio para el accionar de las redes terroristas. La promesa de “libertad” para Irak se esfumó.
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[1] Wendt, Alexander. Anarchy is What States Make of It: The Social Construction of Power Politics (1992)

[2] Wendt, Alexander. Social Theory of International Politics, Cambridge, Cambridge University Press, 1999.

[3] Jervis, Robert. Perceptions and misperceptions in International Politics, Princeton University Press, 1976, p. 13

[4] Buzan, B., Wæver, O. & de Wilde, J. Security: A new framework for analysis. Boulder: Lynne Rienner. 1998

[5] Beck, Ullrick, “La democracia y sus enemigos. Textos escogidos”, pag. 12. Ed. Paidos, Barcelona, 1995

[6] Tokatlian, Juan. “No debemos buscar rivales, sino socios” Períodico La Nación del 10/12/05 disponible en: http://www.lanacion.com.ar/EdicionImpresa/politica/nota.asp?nota_id=763535.

[7] Kaldor, Mary. Las nuevas guerras: violencia organizada en la era global, Madrid, Tusquets. 2001

[8] Rumsfeld, Donald. Beyond this War on Terrorism. The Washington Post, November 1, p. A35

[9] Bush, George W. Discurso del Presidente durante su arribo a la Base Aérea de Barksdale. 11 de septiembre de 2001. Disponible en: http://www.whitehouse.gov/news/releases/2001/09/20010911.1-html.

[10] Bush, George W. Address to the Nation (Remarks in Washington, DC: September 11, 2001). Disponible en http://www.whitehouse.gov/news/releases/2001/09/20010911-16.html.

[11] Bush, George W. Observaciones del Presidente, 12 de septiembre de 2001. Disponible en: http://www.whitehouse.gov/news/releases/2001/09/20010912-4.html.

[12] Bush, George W. Discurso durante el Día Nacional de la Plegaria y el Recuerdo por las víctimas de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. 13 de septiembre de 2001. Disponible en: http://www.whitehouse.gov/news/releases/2001/09/20010913-7.html.

[13] Ibidem

[14] Bush, George W. Discurso del Presidente sobre el terrorismo en el Congreso. 21 de septiembre de 2001. Disponible en: www.nytimes.com/2001/09/21/national/21BTEX.html.

[15] Lozada, Mireya. El otro es el enemigo: imaginarios sociales y polarización. Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, V. X. 2, pp. 195. 2004.

[16] Bush, George W. Discurso del Presidente sobre el terrorismo en el Congreso. 21 de septiembre de 2001. Disponible en: www.nytimes.com/2001/09/21/national/21BTEX.html.

[17] León Gross, Teodoro. El lenguaje y la guerra. Subordinación de los medios al discurso político ante el ataque sobre Irak. Disponible en: http://www.ehu.es/zer/zer15/articulo_2.htm

[18] Strategy to Combat Weapons of Mass Destruction. Diciembre de 2002. Disponible en: http://www.fas.org/irp/offdocs/nspd/nspd-wmd.pdf

[19] Bush, George W. Discurso del Presidente durante graduación de la Academia Militar. 1 de junio de 2002, Disponible en: http://www.whitehouse.gov.news/releases/2002/06/20020601-3.html.

[20] Idem

[21]Torres, Manuel. La Influencia de la Ideología Neoconservadora de la gestación y conducción de la Guerra de Irak. 1 UNISCI Discussion Papers, Nº 15 . Octubre 2007. Disponible en: http://www.ucm.es/info/unisci/revistas/UNISCI15_Torres.pdf

[22] Project for the New American Century. Letter to President Bush on the War on Terrorism. September 2001. Disponible en: http://www.newamericancentury.org/Bushletter.htm

[23] Dallanegra Pedraza, Luis. La invasión de EUA a Irak. Instituto de Investigación en Ciencias Sociales (IDICSO) Facultad de Ciencias Sociales, Universidad del Salvador. Julio 2003. http://www.salvador.edu.ar/csoc/idicso/docs/sdti006.pdf

[24]Bush, George W. Discurso “Estado de la Unión", 29 de enero de 2002. Disponible en: http://www.usembassy.org.ec/lincolnirc/esp/temasactualidad/2001/wwwftemaa12.pdf

[25] Bush, George W. Discurso ante las Naciones Unidas sobre Irak. 12 de septiembre de 2002. Disponible en http://www.nytimes.com/2002/09/12/politics/12AP-PTEX.htm.

[26] Chomsky, Noam. 2003. “Irak es justamente una prueba de calentamiento”, entrevista de Noam Chomsky con V.K. Ramachandran, 21 de marzo de 2003.Disponible en: http://sisyphe.levillage.org

[27] Buzan, B., Wæver, O. & de Wilde, J. Security: A new framework for analysis. Boulder: Lynne Rienner. 1998

[28] Bush, George W. Address to the Nation on War with Iraq (Remarks in Washington, DC: March 17, 2003), disponible en http://www.whitehouse.gov/news/releases/2003/03/20030317-7.html.

[29] Taylor, Philip M. “Propaganda and Information Operations”, Taiwan Defense Affairs, 2, 1, pp. 80. 2001

21 jun 2011

Declaración de organizaciones de la sociedad civil centroamericana e internacional ante los gobiernos de Centroamérica, el SICA y la Cooperación Internacional

Representantes de diversas organizaciones de la sociedad civil centroamericana e internacional relacionadas con los temas de seguridad ciudadana y prevención de la violencia, reunidos en Guatemala el 20 y 21 de junio, con el auspicio de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), de DIAKONIA (Suecia) y de la Coalición Centroamericana para la Prevención de la Violencia Juvenil (CCPVJ) y, ante la oportunidad que brinda la próxima reunión del Sistema para la Integración Centroamericana (SICA) para abordar el tema de Seguridad Ciudadana en Centroamérica, reconocemos que:

Junto con la pobreza e inequidad, el crimen y la violencia están entre los principales problemas que afronta la sociedad centroamericana. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Latinoamérica es la segunda región más violenta del mundo, con una tasa de homicidios dos veces más alta que el promedio mundial y comparable con las tasas de regiones en África devastadas por las guerras. La violencia es la principal causa de muerte entre Latinoamericanos de 15 a 44 años de edad.

Por su parte, Centroamérica, particularmente Honduras, El Salvador y Guatemala, se ha convertido en la región del mundo con mayores niveles de violencia ordinaria. Según datos del informe sobre Desarrollo Humano para América Central del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), a pesar de las diferencias notables entre países, la tasa promedio de homicidios para 2008 fue de 33 asesinatos por cada cien mil habitantes, tres veces mayor que el promedio mundial.

El incremento de la violencia es notablemente más preocupante en la región conocida como el ‘triángulo norte’ donde las tasas de homicidio llegaron a 58 en Honduras, 52 en El Salvador y 48 en Guatemala ese mismo año. La violencia proviene de diversas fuentes incluyendo el crimen callejero, la violencia intrafamiliar, las pandillas juveniles, el narcotráfico y las bandas del crimen organizado.

El efectivo abordaje de la inseguridad, la prevención de la violencia y la seguridad pública son temas de mayor preocupación en Centroamérica. Los Gobiernos y entidades regionales están desarrollando programas sobre el tema. Por su parte, la cooperación internacional está proporcionando apoyo y asistencia técnica y la sociedad civil - las universidades, las organizaciones comunitarias, las redes de servicio social y las iglesias, entre otras organizaciones - está activamente involucrada en programas de prevención de la violencia e iniciativas contra el crimen. Sin embargo, el rápido incremento de la violencia en todas sus manifestaciones en la región ha dificultado la elaboración de estrategias de largo plazo y la coordinación entre los distintos sectores gubernamentales y no gubernamentales para implementar políticas con el propósito de mejorar la situación de inseguridad y reducir las tasas de criminalidad y de violencia.

Otro obstáculo para el avance de políticas más integrales ha sido el énfasis que han puesto algunos gobiernos de la región en la aplicación de políticas de mano dura que han resultado ser ineficaces y contraproducentes para frenar el problema de la violencia y mejorar los índices de seguridad.

Sabemos que, reconociendo la gravedad de la situación de seguridad ciudadana, varios donantes bilaterales y multilaterales (España, Estados Unidos, Suecia, Holanda, Alemania, Dinamarca, Finlandia, Canadá, Japón, la Unión Europea, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, la Organización Panamericana de la Salud) están desarrollando y financiando una variedad de programas y proyectos en materia de seguridad ciudadana, Estado de Derecho, aplicación de la ley, pandillas, y prevención de la violencia juvenil, intrafamiliar y violencia contra la mujer. Estos programas y proyectos están encaminados a apoyar tanto iniciativas nacionales y regionales, como programas a nivel local y de la sociedad civil; además, están propiciando la participación de la misma en la toma de decisiones en el esfuerzo del Sistema de la Integración Centroamericana.

Por tanto:

a) Reconocemos a los Gobiernos centroamericanos, a la comunidad donante y al SICA por el desarrollo de esfuerzos para articular una estrategia regional de seguridad ciudadana, acorde a la realidad de nuestros países, que debería incorporar iniciativas desde el ámbito local hasta el ámbito nacional y regional en correspondencia con la necesidad de mejorar los procesos de análisis, planificación y coordinación.

b) La efectividad y sostenibilidad de esta estrategia requiere que los Gobiernos, la cooperación bilateral y multilateral y la sociedad civil desarrollen una visión integral, consensuada, coordinada y de largo plazo para garantizar la seguridad ciudadana y la reducción de la violencia en la región.

c) Esta estrategia requiere además articular la gama de experiencias, servicios y destrezas institucionales ya existentes que hacen énfasis en el fortalecimiento institucional, las reformas policiales, el fortalecimiento del sector judicial, y programas de prevención y rehabilitación. Todo ello desde el ámbito local hasta el ámbito nacional y regional.

d) La estrategia debería obligar a revisar el rol funcionalmente asignado a las Fuerzas Armadas en la lucha contra la violencia y el crimen organizado, tareas que deben ser cumplidas exclusivamente por los cuerpos de policía y sus equipos especializados, a la luz de las disposiciones constitucionales vigentes.

Proponemos las siguientes líneas para la acción:

A nivel gubernamental.

Que los Estados establezcan reformas fiscales destinadas a fortalecer la inversión pública para la seguridad ciudadana, obtener recursos humanos especializados, materiales y financieros para abordar el problema desde la prevención integral, reducción del daño, rehabilitación y reinserción social.

Las acciones que están siendo desarrolladas mediante este proceso tienen que empezar por reconocer que la reducción de la violencia y la criminalidad y el mejoramiento de la seguridad ciudadana requieren de un enfoque integral que trasciende el problema del narcotráfico y otras expresiones de la criminalidad organizada.

Los Estados deben declarar la adicción a substancias psicotrópicas como un problema de salud pública, promoviendo, asimismo, programas preventivos y de reducción del daño en centros de salud, escuelas, comunidades y medios de comunicación.

A nivel de la empresa privada

El sector privado debe sumarse a los esfuerzos gubernamentales en la prevención de la violencia y el combate al crimen. Su contribución a través de las políticas fiscales, de la responsabilidad social corporativa y de numerosas iniciativas privadas son fundamentales para fortalecer la prevención de la violencia y seguridad ciudadana.

Los medios de comunicación social deben dar un tratamiento menos sensacionalista al tema de la violencia y la criminalidad y deben acompañar la construcción de una cultura de paz que fomente una convivencia armónica y pacífica.

A nivel de la sociedad civil

Los organismos de la sociedad civil, las iglesias, los grupos comunitarios, los investigadores y los activistas que trabajan con jóvenes y la niñez en riesgo, en fortalecer las comunidades, y que brindan asesoría en estrategias para el fortalecimiento institucional, son un sector clave en el esfuerzo por prevenir la violencia y fortalecer la seguridad ciudadana. Se debe propiciar la participación activa y sistemática de estos grupos, cuyas estrategias han incidido efectivamente en mejorar la situación a nivel comunitario. Además, es fundamental la aplicación de estrategias y alianzas a nivel comunitario, especialmente en zonas de riesgo o zonas críticas para que sean parte activa en la solución del problema.

Cultura de paz

Hay muchos esfuerzos importantes en la prevención social de la violencia en Centroamérica. Pero se requiere colocar estos esfuerzos en el marco más amplio de la construcción de una cultura de paz.

En primer lugar, los Estados deben reforzar el cumplimiento efectivo de los instrumentos internacionales relativos a la niñez, la adolescencia y la juventud, en la formulación y aplicación de las políticas públicas integrales, para lo cual deben garantizar una asignación presupuestaria descentralizada que impulse el desarrollo local y permita la articulación de las diversas instituciones públicas, el sector privado y la sociedad civil.

Se requiere también trascender los esfuerzos aislados en la prevención de la violencia para dar lugar a una estrategia cultural y educativa de largo plazo que involucre la participación de los Estados y de la sociedad civil y que cuente con una inversión social planificada. Los fundamentos de esta estrategia cultural están en la observación y cumplimiento integral de los derechos humanos, en la incorporación en las políticas públicas de los enfoques de género y construcción de una masculinidad desligada de la violencia, y en el respeto y reconocimiento a las diversidades étnicas y sexuales. Parte esencial de esta estrategia es una reforma educativa que incluya contenidos educativos orientados a la prevención de la violencia desde la familia y la escuela, programas de retención escolar, programas dirigidos a promover la resolución de conflictos, de reinserción social y atención a jóvenes en riesgo y en conflicto con la ley y programas de generación de empleo.

Fortalecimiento institucional

El fortalecimiento de las instituciones responsables de la aplicación de la ley es fundamental para la provisión de la seguridad ciudadana en Centroamérica. La creación de unidades antinarcóticos o antipandillas especializadas no es sostenible en el marco de una institucionalidad tan precaria como la existente. El enfoque de un fortalecimiento institucional articulado e integral, a nivel nacional y regional, debe empezar por la cadena de operadores de justicia, para garantizar su independencia operativa y financiera y un funcionamiento eficaz, que contribuya a la erradicación de la corrupción y la impunidad, y en algunos casos a la necesidad de depurarlos.

La estrategia de seguridad ciudadana de Centroamérica debe conducir a la profesionalización de la policía, incluyendo la creación y/o el mejoramiento de la carrera policial, los mecanismos de control interno y externo, la orientación transversal de policía comunitaria, el enfoque de género y derechos humanos; la inteligencia policial y la investigación criminal. A su vez es necesario fortalecer la capacidad de los Estados para el control efectivo del tráfico de armas de fuego y sus municiones, acompañado de la promoción de campañas de desarme y destrucción de armas a nivel comunitario, municipal, local y nacional.

La privatización de la seguridad es un tema complejo generado a partir del debilitamiento de los cuerpos policiales. Los Estados deben intentar revertir un proceso que ha permitido que la seguridad privada invada los espacios y funciones de la seguridad pública, facilitando la adopción de acciones que aprovechen la capacidad instalada de las empresas de seguridad privada a través de la coordinación y el control institucional.

El respeto a los derechos humanos y a las garantías procesales es imprescindible en la seguridad ciudadana. Hay una historia lamentable en la región de abusos a los derechos humanos perpetrados por las fuerzas de seguridad pública y las fuerzas armadas. Los donantes deben estudiar cuidadosamente las denuncias de abusos asegurándose que su apoyo no termine patrocinando la violación de los derechos fundamentales.

Se requiere crear y fortalecer mecanismos internos y externos de control de los centros penitenciarios. Es necesario rescatar el enfoque de reeducación y reinserción revisando la situación social de los privados de libertad. Los centros de máxima seguridad para criminales altamente peligrosos, deben implementar el enfoque de justicia penal restaurativa, que les prepare para una reinserción social más efectiva y eficiente.

Monitoreo y evaluación

El desarrollo de una estrategia centroamericana para la seguridad ciudadana que ha empezado requiere un proceso de seguimiento, monitoreo y evaluación que garantice la participación efectiva de la sociedad civil con experiencia en el tema de prevención de violencia y seguridad ciudadana tanto en referencia a la Comisión Regional de Seguridad Ciudadana como la Comisión de Prevención de Violencia Juvenil del SICA.

A su vez, cualquier mecanismo de seguimiento resultante de la Conferencia Internacional debe incluir un mecanismo independiente de consulta y participación de organizaciones de la sociedad civil centroamericana con experiencia en temas de prevención de la violencia y seguridad ciudadana.

Por tanto, demandamos condicionar la cooperación a:

a) Una estrategia de comunicación abierta desde los Gobiernos y la región sobre el tema de seguridad ciudadana en donde la participación de los diferentes sectores sea tomada en cuenta, especialmente la de los jóvenes y las comunidades más afectadas.

b) Que se hagan planteamientos integrales que incluyan la prevención, reducción del daño, rehabilitación social de niños, niñas, adolescentes, jóvenes, familias y comunidades, evitando la militarización como alternativa para la disuasión y fortalecimiento la institucionalidad e inteligencia policial en lo local, nacional y regional. Dada la importancia de la prevención social en la construcción de una cultura de paz, demandamos que la tercera parte de los recursos asignados de la Estrategia estén orientados a la prevención social, reducción del daño, rehabilitación y reinserción.

c) Una reforma fiscal que permita generar ingresos para abordar el fenómeno de la violencia desde una perspectiva integral.

d) La conformación de equipos especializados en un abordaje científico del fenómeno de la violencia en todas sus manifestaciones, lo que implica inversión en recursos humanos capacitados y que se tome en cuenta las experiencias existentes en las organizaciones de la sociedad civil.

e) Fortalecer la institucionalidad haciendo la depuración necesaria de las personas que en los diferentes estamentos del Estado se han plegado a la corrupción.

f) Que el consumo de drogas sea tomando en cuenta desde una perspectiva de salud pública, enfocando la importancia en la prevención y en la reducción del daño como estrategia y no solo enfocarlo desde la cero toleranciay considerando alternativas de despenalización.

g) Que el crimen organizado (narcoactividad, tráfico de armas, de personas y otros) sea abordado tomando en cuenta la realidad geopolítica y Centroamericana impulsando un modelo adecuado a la región.

Ciudad de Guatemala, 21 de junio de 2011

Internacional: Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA); DIAKONIA (Suecia); Plataforma Holandesa. Regional: Coalición Centroamericana para la Prevención de la Violencia Juvenil (CCPVJ).Guatemala: Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG); Asociación Manos que te Apoyan (AMA); Sociedad Civil para el Desarrollo de la Juventud (SODEJU-FUNDAJU); Religiosos Terciarios Capuchinos; Asociación para la Prevención del Delito (APREDE); Grupo Ceiba; Fundación Demos; Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala (ICCPG); Fundación Myrna Mack (FMM); Alianza Joven; Instancia de Monitoreo y Apoyo a la Seguridad Pública (IMASP); Instituto de Enseñanza para el Desarrollo Sostenible (IEPADES); INTERPEACE. El Salvador: Centro de Formación y Capacitación para los Procesos de Atención a Situaciones de Sufrimiento Social (CFC PASSOS); Equipo Nahual; Instituto Universitario de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (IUDOP-UCA); Fundación Salvador del Mundo (FUSALMO); Fe y Alegría El Salvador; Movimiento de Jóvenes Encuentristas (MOJE); Servicio Social Pasionista (SSPAS); Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (IDHUCA); Instituto de Estudios de la Mujer “Norma Virginia Guirola de Herrera” CEMUJER; Sistema de Asesoría y Capacitación para el Desarrollo Local (SACDEL); Instituto de Investigación, Capacitación y Desarrollo de la Mujer (IMU); Fundación Quetzalcoatl.Honduras: Casa Alianza; Centro de Prevención, Tratamiento y Rehabilitación de las Víctimas de la Tortura y sus Familiares (CPTRT); Asociación Jóvenes Hondureños Adelante Juntos Avancemos (JHA-JA); Centro para la Inclusión Social y la Democracia Participativa; Proyecto Paz y Justicia. Nicaragua: Centro de Prevención de la Violencia (CEPREV); Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP).Costa Rica: Fundación Arias para la Paz.