20 jun 2010

BRIC: una sigla pegadiza no implica poder real

Por JOSEPH NYE. POLITOLOGO, UNIVERSIDAD DE HARVARD


Los periodistas siguen prodigando atención a los llamados países BRIC (Brasil, Rusia, India y China), pero yo sigo sintiendo escepticismo ante ese concepto. Goldman Sachs acuñó el término en 2001 para señalar las oportunidades de beneficios en los denominados “mercados en ascenso”. La proporción del PBI mundial representada por los BRIC pasó del 16 por ciento en 2000 al 22 por ciento en 2008. Colectivamente, tuvieron resultados mejores que la media en la posterior recesión mundial. Juntos, representan el 42 por ciento de la población mundial y un tercio del crecimiento económico mundial en los diez últimos años.

En junio de 2009, los ministros de Asuntos Exteriores de los cuatro países se reunieron por primera vez en Ekaterimburgo (Rusia) para transformar una sigla pegadiza en una fuerza política internacional. Los BRIC cuentan con el 42 por ciento de las reservas de divisas mundiales y en Ekaterimburgo el presidente ruso, Dmitri Medvedev, se ocupó de declarar que “no puede haber un sistema mundial de divisas logrado, si los instrumentos financieros que se usan están denominados en una sola divisa”.

Luego de la reciente crisis financiera, Goldman Sachs elevó la apuesta y formuló la proyección de que el PBI combinado de los BRIC podría superar al de los países del G-7 en 2027, unos diez años antes de lo que en un principio se había creído. Semejantes extrapolaciones simples de las tasas de crecimiento económico actual con frecuencia resultan equivocadas a consecuencia de acontecimientos imprevistos, pero, sean cuales fueren los méritos de esa proyección económica lineal, el término BRIC sigue teniendo poco sentido para las evaluaciones a largo plazo de las relaciones entre las potencias mundiales.

Si bien una reunión de los BRIC puede ser conveniente para coordinar tácticas diplomáticas a corto plazo, ese término agrupa países muy diferentes que tienen profundas divisiones. Tiene poco sentido incluir a Rusia, antigua superpotencia, junto a tres países en desarrollo. De los cuatro miembros, Rusia tiene la menor población y la más alfabetizada y una renta por habitante mucho mayor, pero -y esto es más importante- muchos observadores creen que Rusia está en decadencia, mientras que los otros tres están ascendiendo en cuanto a recursos de poder.

En la actualidad, Rusia no sólo padece más las consecuencias de la recesión mundial, sino que, además, afronta graves desventajas a largo plazo: falta de exportaciones diversificadas, gravísimos problemas demográficos y de salud y, como ha dicho el propio Medvedev, una necesidad urgente de “modernización”.

Como señaló recientemente The Financial Times, tan sólo dos decenios atrás “Rusia era una superpotencia científica, que hacía más investigaciones que China, la India y Brasil juntos. Desde entonces se ha quedado rezagada no sólo respecto del crecimiento científico fuera de serie de China, sino también del de la India y Brasil”.

Cuando examinamos detenidamente las cifras, el núcleo de la sigla BRIC resulta ser el aumento de los recursos de China, pero el papel de Brasil resulta una sorpresa agradable. Cuando se inventó la sigla BRIC, The Economist objetó que “un país con una tasa de crecimiento tan exigua como sus mallas de baño, que era presa de cualquier crisis financiera que hubiese por ahí, con inestabilidad política crónica y cuya infinita capacidad para despilfarrar sus evidentes posibilidades era tan legendaria como su talento para el fútbol y
los carnavales, no parecía cuadrar junto a esos titanes en ascenso”.

Ahora, como observa The Economist, “en ciertos sentidos, Brasil supera a los otros BRIC. A diferencia de China, es una democracia. A diferencia de la India, no tiene insurgentes, conflictos religiosos ni vecinos hostiles. A diferencia de Rusia, no exporta sólo petróleo y armas y trata a los inversores extranjeros con respeto”.

Desde que puso freno a su inflación y aplicó reformas del mercado en el decenio de 1990, Brasil ha mostrado una impresionante tasa de crecimiento económico de un 5 por ciento, aproximadamente. Con un territorio casi tres veces mayor que el tamaño de la India, con el 90 por ciento de sus 200 millones de habitantes alfabetizado, un PBI equivalente al de Rusia y una renta por habitante de 10.000 dólares (tres veces la de la India y casi dos veces la de China), Brasil tiene recursos de poder impresionantes.

En 2007, el descubrimiento de inmensas reservas de petróleo frente a sus costas fue una premonición de que Brasil llegaría a ser una potencia importante en la esfera energética. Pero Brasil, como los demás BRIC, afronta también varios problemas graves. Ocupa el puesto 75° de entre 180 países en el índice de impresiones sobre la corrupción de Transparencia Internacional (frente al 79° de China, el 84° de la India y el 146° de Rusia).

El Foro Económico Mundial clasifica a Brasil en el 56° puesto de entre 133 países desde el punto de vista de la competitividad económica (frente al 29° de China, el 49° de la India y el 63° de Rusia). La pobreza y la desigualdad siguen siendo problemas graves. El coeficiente de Gini que corresponde a Brasil es 0,57 (1 es la mayor desigualdad), frente a 0,45 de los Estados Unidos, 0,42 de China, 0,37 de la India y 0,42 de Rusia.

Así, pues, ¿hasta qué punto deben los analistas tomarse en serio el término BRIC? Como indicador de las oportunidades económicas, deben acogerlo con interés, aunque tendría más sentido si Indonesia sustituyera a Rusia.

Desde el punto de vista político, China, la India y Rusia se disputan el poder en Asia y Brasil y la India han sufrido las consecuencias de la infravaloración de la divisa de China. De modo que intuyo que no es robable que la de los BRIC llegue a ser una seria organización política de Estados con una mentalidad de liderazgo permanente.


Copyright Clarín y Project Syndicate, 2010.

30 abr 2010

Diplomacia ciudadana para la construcción de la paz

Por Josep Mayoral Antigas (*)

GRANOLLERS, Abr (IPS) Todos los actores son necesarios para la construcción de la paz, y cada uno debe desarrollar su propio rol. Desde el mundo municipal estamos convencidos de que los gobiernos locales, la administración más cercana a la ciudadanía, tienen un papel clave en el fomento de la paz y el entendimiento entre las diferentes culturas.

¿Cómo se trabaja por la paz desde los municipios? Promoviendo la convivencia, el respeto a la diferencia y la resolución pacífica de los conflictos dentro de la propia ciudad, juntamente con un claro compromiso en la acción exterior. Construir la paz en el ámbito local quiere decir fomentar la cohesión social, promover los valores cívicos y prevenir los conflictos. Y a la vez articular una estrategia de relaciones exteriores, de trabajo en red con otras ciudades, coherente con las propias políticas municipales. Contando con un activo imprescindible: la ciudadanía. Articulando políticas con la sociedad civil. Porque la ciudad es, necesariamente, un proyecto colectivo.

En un mundo global, necesitamos pensar y actuar local y globalmente al mismo tiempo. Desde las ciudades trabajamos en la búsqueda de soluciones a problemas globales considerados fundamentales, como las migraciones, el cambio climático o la sostenibilidad ambiental. Problemas globales que se manifiestan a escala local, a los cuales desde los ayuntamientos hemos hecho frente, buscando soluciones creativas e innovadoras, adaptadas a cada caso, a situaciones diversas.

Algunas de estas soluciones vienen dadas por la propia naturaleza de los gobiernos locales. Estos parten de una singularidad que hace que puedan actuar de manera específica en la construcción de la paz tanto dentro del propio municipio como en las relaciones internacionales, hecho que completa la acción de otros agentes. Las ciudades
aportan flexibilidad para adaptarse mejor y más rápidamente a cada circunstancia; la singularidad, porque cada ciudad es diferente y ha podido desarrollar soluciones propias; la capilaridad, que permite llegar a puntos donde
otros organismos no pueden; y la complementariedad con otras ciudades, con las políticas regionales o estatales.

Un factor indispensable es la implicación de la ciudadanía a través de sus redes como un valor añadido, así como la capacidad de personalizar las políticas de cooperación, para hacerlas más cercanas y actuar en red ganando fuerza. Y, evidentemente, la proximidad, porque las políticas surgen de la relación directa con las personas, de la
resolución de los problemas expresados por la ciudadanía. Porque el futuro debe escribirse desde la proximidad. Es, pues, desde el municipalismo, desde las actuaciones de los gobiernos locales, donde las estadísticas se
humanizan y se convierten en personas.

La capacidad de respuesta y la experiencia acumulada sitúa a los gobiernos locales en una posición fundamental para el trabajo en red con otras ciudades, que permite el intercambio de experiencias y de buenas prácticas así como profundizar en el conocimiento de las otras realidades. Por eso es necesario que avancemos en este camino, en la búsqueda de soluciones a problemas comunes. Debemos dotarnos de marcos de trabajo conjuntos, resaltando el papel de las ciudades y estableciendo mecanismos que garanticen la participación del mundo local en la toma de decisiones internacionales.

En este sentido, la diplomacia municipal ofrece a las ciudades y a la ciudadanía la posibilidad de participar de una nueva manera en las relaciones internacionales. Un espacio para trabajar, juntamente con los gobiernos de los Estados, organismos internacionales y organizaciones de la sociedad civil, en la construcción de la paz.

Un ejemplo de trabajo en red es una de las organizaciones municipalistas más grandes, Mayors for Peace, Alcaldes por la Paz. Liderada por Hiroshima y Nagasaki, cuenta con más de 3.600 ciudades adheridas de 135 países y regiones de todo el mundo. Es una agrupación de ciudades que trabajan por la paz y el desarme a dos niveles:
colaborando con gobiernos y organizaciones internacionales para lograr compromisos globales que nos permitan avanzar hacia un mundo más justo y en paz (a través del avance hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio o bien promoviendo el desarme en todas sus variantes), y trabajando dentro del propio municipio por la convivencia, la resolución pacífica de los conflictos y la educación por la paz.

Este mes de mayo tendrá lugar en la sede de Naciones Unidas de Nueva York la Conferencia para la revisión del Tratado de No Proliferación de armas nucleares. Y, Alcaldes por la Paz, participará activamente en representación de millones de ciudadanos que han expresado su deseo de vivir en un mundo más justo, solidario y en paz. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Josep Mayoral Antigas, alcalde de Granollers y vicepresidente de Alcaldes por la Paz.

15 abr 2010

Las increíbles profesiones del futuro


Cirujanos de aumento de memoria, policías del clima, granjeros verticales, o pilotos, guías y arquitectos... ¡espaciales! Ésas son algunas de las opciones en las que habrá de formarse si quiere un trabajo en el futuro.
Leer más: http://www.bbc.co.uk/mundo/cultura_sociedad/2010/04/100414_profesiones_futuro_2030_pl.shtml

7 mar 2010

Foreign Aid and Salvadoran Corruption

The Wall Street Journal

Foreign Aid and Salvadoran Corruption

The World Bank should audit former President Tony Saca.

  • By MARY ANASTASIA O'GRADY

Columnist's name
San Salvador, El Salvador
In the midst of the financial turmoil that rocked the international capital markets last year, the World Bank proudly announced a new $250 million "assistance package" for this country. A few months later a scandal erupted over why a similar amount of money was never accounted for on the government's books.
In case you missed the connection, let me put it another way: While developed countries have been giving aid to El Salvador to try to make the nation better off, Salvadoran politicians are suspected of dipping into the national till to make themselves better off.
What's wrong with this picture? That question could be asked about foreign aid more broadly. But it is especially relevant for this country, which has been progressing through enlightened economic liberalization for 20 years but is now at risk of being derailed by corruption.
The alleged corruption took place under former right-of-center President Tony Saca, who left office after a five-year term last June and has since been expelled by the Arena Party. The World Bank program we refer to was implemented in July, under the new FMLN government of President Mauricio Funes. But there is a link: As yet, Mr. Funes's government has shown no interest in investigating what happened to all that dough. Instead the ruling party appears to be using the threat of investigation to get Mr. Saca to help them win votes in Congress. It doesn't get much more cynical than that.
amcol0308
Associated Press
El Salvador's President Maurcio Funes, right, with his predecessor Tony Saca.

All this may seem like the kind of inside baseball in a tiny Central American country that is hard to get worked up about. But the lessons are important.

This country only voted for the left-wing but moderate Mr. Funes and his more hard-core vice president—an unrepentant former Marxist guerrilla—by a narrow margin. It did not elect an FMLN-controlled Congress. But in October, 12 congressmen known to have close ties to Mr. Saca crossed the aisle and began voting with the FMLN.

If a corrupt political class here suddenly begins dragging this country backward toward collectivism and authoritarianism it will foster poverty, underdevelopment and dysfunctional institutions. That's not good for U.S. security interests or the developed world more broadly, and it is the reason why foreign aid to a suspect political system is injudicious.

When Mr. Saca took office in 2004, El Salvador looked like it might become the first country in 
Latin America to crawl out of poverty under a democratically elected government. Its reforms opened markets and increased competition. The result, according to the United Nations Development Program, was that the number of households in poverty was around 35%, down sharply from 60% in 1991 at the end of the civil war. The poverty rate even sank a bit lower to around 31% by 2005.

Since then it has been trending up, and Mr. Saca bears much of the responsibility. He damaged development in a number of ways, including blocking a new gold mining operation and letting an important port project languish. Worse, transparency decreased. I asked him, in an interview here three weeks ago, to respond to charges that he misused some $250 million in government funds during his time in office. He denied misuse but admitted that around $200 million were rerouted from Congress's budget to a pool of discretionary funds under his control during his presidency. He said he can't recall exactly how it was allocated, but that it was used for "roads, hospitals and emergencies."

It is true that Salvadoran presidents have long had the power to use surplusesfrom the budget for discretionary spending. But under Mr. Saca the order of magnitude changed. Former presidents did not lay their hands on more than $2 million or $3 million over their tenures. Mr. Saca multiplied that number by one hundred.

The slush fund gave him enormous power, and his critics say he was not shy about using it. People inside Arena say he used the money to get control of the party. That's only an allegation, but it is irrefutable that during his presidency he became the Arena boss.
"People used to join Arena because they believed in its values," one disgruntled Salvadoran told me. "But under Saca, everybody got paid." He was the first Arena president who also maintained the presidency of the party.

All of this could be cleared up if El Salvador had an independent body to review the discretionary spending. But the "court of accounts" is not independent. It is under the control of a small political party—the National Conciliation Party—that has been granted its power by the legislature in return for its vote. The public has to trust the court of accounts' assessment that Mr. Saca did no wrong.

If the World Bank really wants to help El Salvador, maybe it should offer to audit Mr. Saca's books. That would be a giant step toward development.


Write to O'Grady@wsj.com
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10 nov 2009

20 años después de la Caída del Muro de Berlín: Más allá del Fundamentalismo de Mercado




Por Eric Hobsbawn (*)
LONDRES, Nov (IPS) El breve siglo XX fue una era de guerras religiosas entre ideologías seculares. Por razones más históricas que lógicas el siglo pasado fue dominado por la oposición entre dos tipos de economía mutuamente excluyentes: el “socialismo”, identificado con las economías planificadas centralmente del tipo soviético, y el “capitalismo”, que cubrió todo el resto.
Esta aparentemente oposición fundamental entre un sistema que buscó eliminar la búsqueda de lucro de la empresa privada y otro que procuró eliminar toda restricción del sector público sobre el mercado nunca fue realista. Todas las economías modernas deben combinar lo público y lo privado de variadas maneras y de hecho lo hacen. Las dos tentativas de cumplir a rajatabla con la lógica de esas definiciones de “capitalismo” y de “socialismo” han fracasado. Las economías de planificación comandada por el Estado de tipo soviético no sobrevivieron a los años 80 y el “fundamentalismo del mercado” angloestadounidense, entonces en su apogeo, se hizo pedazos en 2008.
El siglo XXI tendrá que reconsiderar sus problemas en términos más realistas. ¿De qué manera ha afectado el fracaso a los países anteriormente comprometidos con el “modelo socialista”? Bajo el socialismo ellos no fueron capaces de reformar sus sistemas de economía planificada, aunque sus técnicos tenían plena conciencia de sus defectos fundamentales, que eran internacionalmente no competitivos y seguían siendo viables sólo en la medida en que estuvieran aislados del resto de la economía mundial.
El aislamiento no pudo ser mantenido, y cuando el socialismo fue abandonado, ya fuera por el colapso de los regímenes políticos, como ocurrió en Europa, o por el propio régimen, como sucedió en China y Vietnam, esos Estados se zambulleron en lo que a muchos pareció como la única alternativa a disposición: el capitalismo en su entonces dominante forma extrema del libre mercado.
Los resultados inmediatos en Europa fueron catastróficos. Los países de la ex Unión Soviética no han superado aún sus efectos. Afortunadamente para China su modelo capitalista no se inspiró en el neoliberalismo angloestadounidense sino en el mucho más dirigista de los “tigres” del Este asiático. China lanzó su “gran salto adelante” económico con escasa preocupación por sus implicaciones sociales y humanas.
Este período está ahora llegando a su fin, tal como ocurre con el dominio del liberalismo económico angloestadounidense, aunque todavía no sabemos que cambios traerá la actual crisis económica mundial cuando sean superados los efectos de la sacudida de los últimos dos años. Una sola cosa es clara, hay un importante desplazamiento de las viejas economías del Atlántico Norte hacia el Sur y sobre todo hacia Asia del Este.
En esta situación, los Estados ex socialistas (incluyendo aquellos todavía gobernados por partidos comunistas) enfrentan muy diferentes perspectivas y problemas.
Rusia, habiéndose recobrado hasta cierto punto de la catástrofe de los años 90, quedó reducida a un fuerte pero vulnerable exportador de materias primas y energía, y hasta ahora ha sido incapaz de reconstruir una base económica más balanceada.
La reacción contra los excesos de la era neoliberal ha llevado a cierto retorno a una forma de capitalismo de Estado con una reversión a aspectos de la herencia soviética. Es evidente que la simple “imitación del Occidente” ha dejado de ser una opción. Esto es todavía más obvio en China, que ha desarrollado su capitalismo poscomunista con considerable éxito. Tanto es así que futuros historiadores bien podrían ver a China como el verdadero salvador de la economía del mundo capitalista en la actual crisis.
En resumen, ya no es posible creer en una única forma global de capitalismo o de poscapitalismo.
Sin embargo, modelar la economía futura es quizás el asunto menos importante de nuestras preocupaciones. La diferencia crucial entre los sistemas económicos radica no en sus estructuras sino en sus prioridades sociales y morales. A este respecto veo dos problemas críticos:
El primero es que el fin del comunismo ha significado el súbito fin de los valores, hábitos y prácticas sociales con los cuales han vivido varias generaciones, no sólo de los regímenes comunistas sino también los del pasado precomunista y que han sido ampliamente preservados bajo tales regímenes. Excepto para los nacidos después de 1989, se mantiene en todos un sentimiento de alteración y desorientación social, aún cuando los apuros económicos ya no predominan en la población poscomunista. Inevitablemente, pasarán varias décadas antes de que las sociedades poscomunistas encuentren un modo de vivir estable en la nueva era, y de que puedan ser erradicadas algunas de las consecuencias de la alteración social, de la corrupción y del crimen institucionalizados.
El segundo problema es que tanto el neoliberalismo occidental como las políticas poscomunistas que ha inspirado deliberadamente subordinan el bienestar y la justicia social a la tiranía del Producto Interno Bruto, sinónimo del máximo y deliberadamente desigual crecimiento. De esta manera se socavan, y en algunos países ex comunistas se destruyen, el sistema de seguridad social, los valores y los objetivos del servicio público. Tampoco existen bases para el “capitalismo con rostro humano” de Europa de las décadas posteriores a 1945 ni para satisfactorios sistemas poscomunistas de economía mixta.
El propósito de una economía no debe ser el lucro sino el bienestar de toda la gente, así como la legitimación del Estado es su pueblo y no su poder. El crecimiento económico no es un fin en sí sino un medio para crear sociedades buenas, humanas y justas. Lo que importa es cómo y con qué prioridades combinemos los elementos públicos y privados en nuestras economías mixtas. Esta es la cuestión política clave del siglo XXI. (FIN/COPYRIGHT IPS)
(*) Eric Hobsbawm, historiador y escritor británico.

1 nov 2009

Panamá un país multicultural...


Panamá país de migrantes


DARMA ZAMBRANA/PILAR CALDERÓN 

Desde la colonia, inmigrantes, extranjeros y locales, poco a poco le han dado forma a la panameñidad, una mezcla de razas, culturas, religiones y lenguas que hoy conviven y se enriquecen en la Panamá del siglo XXI.
A 106 años de la constitución de Panamá como estado independiente “la identidad panameña continúa siendo una historia sin resolver, una gran incógnita que no ha podido ser despejada aún”, al decir del antropólogo y sociólogo Stanley Heckadon, hijo de un norteamericano y una chiricana y prueba viviente de la diversidad cultural panameña. Para Raúl Leis, sociólogo, escritor y comunicador de ascendencia española y colombiana, la identidad panameña es una suma de identidades que conviven entre sí, se comunican, interactúan, se retroalimentan y producen un aprendizaje recíproco que genera la multiculturalidad que caracteriza a Panamá.

Según el Informe global sobre Desarrollo Humano de 2009 “Superando barreras: movilidad y desarrollo humanos”, casi mil millones de personas, es decir una de cada siete, son migrantes externos o internos. “Vivimos en un mundo extremadamente móvil donde la migración no es solamente inevitable, sino también una dimensión importantísima del desarrollo humano”, dice el informe preparado por el PNUD y presentado recientemente en Bangkok. El estudio señala además que -contrariamente a lo que se cree comúnmente- “la migración puede mejorar el desarrollo humano de quienes se desplazan, de las comunidades de destino y de los que permanecen en su lugar de origen”.

Y eso, precisamente, es lo que ha pasado con Panamá, un país que como muchos otros incluidos los Estados Unidos, es un claro ejemplo de una nación consolidada por las fuerzas migratorias que han llegado a ella desde la época colonial. Hernán Porras, el primer panameño graduado en antropología y autor en 1953 del primer estudio sobre el tema y del artículo “Papel histórico de los grupos humanos en Panamá”, reconoce tres grupos humanos en el Panamá de la colonización hasta fines del siglo XIX: el aborigen, “que ante la invasión y colonización española fue conquistado, eliminado y marginalizado”; el blanco aventurero de la conquista, con sus tres variantes -latifundista, campesino y capitalino- y finalmente el africano, que llegó con el español, dividido en tres grupos: el cimarrón, el esclavo rural y el doméstico. Según Porras, tanto el africano como el indígena eran casi marginales y el verdadero Panamá lo construyeron el comerciante blanco de la zona de tránsito (el eje Panamá – Colón) y el campesino blanco interiorano, descendiente de español y católico.

Las grandes corrientes migratorias, sin embargo, llegaron a Panamá a finales del siglo XIX y comienzos del XX de la mano de las grandes obras de infraestructura: el ferrocarril, el canal francés y el canal americano que, junto con una economía cuyo énfasis radicaba en el comercio y los servicios, crearon un polo de atracción para migrantes de todas partes del mundo. Según señala Raúl Leis, en ese entonces Panamá no tenía la capacidad para responder a la demanda de mano de obra de estos monumentales proyectos “por lo cual se generó una migración inducida, por cuotas y así llegaron jamaiquinos, europeos, (griegos, españoles e italianos), asiáticos y antillanos”.

Heckadon, por su parte, afirma en su ensayo “Convergencias étnicas en la nacionalidad panameña” que “el ferrocarril y el canal son hitos en la formación de la sociedad panameña contemporánea y su incorporación a la economía mundial. Hasta la mitad del siglo XIX (Panamá) era una sociedad colonial, ensimismada, pequeña, que cambiaba lentamente. Repentinamente llegaron las portentosas obras que nos unieron al mundo moderno y con ellas llegan miles de extranjeros trayendo sus culturas. De esta coexistencia surgirían nuevos mestizajes étnicos, culturales y acentuarían el cómo hacer para vivir juntos”.

LA FORJA DE LA PANAMEÑIDAD

“La movilidad generalmente aporta nuevas ideas, conocimientos y recursos, tanto para los migrantes como para los países de origen, que pueden complementar e incluso mejorar el desarrollo humano y económico”, asevera el Informe del PNUD. Y Panamá es una clara muestra de ello.Éste, por ejemplo, es uno de los países de la región donde más arroz se come porque la costumbre, como el grano, fue traída por los chinos que llegaron a la construcción del ferrocarril y adoptada por los panameños. También es común oírle decir a un panameño “hoy comimos buco pocotón” o admirativamente “¡buco pocotón!” mirando a una mujer generosa de formas. Ese “buco” es un panameñismo derivado del francés “beaucoup” que significa 'mucho', heredado de la presencia francesa en la época de la construcción del primer proyecto canalero.

“Esta interrelación”, dice Leis, “es lo que llamamos interculturalidad y es nada más y nada menos que la capacidad de las culturas de negociar espacios imaginarios de una integración, que puede ser positiva o negativa”.

A partir de la Segunda Guerra Mundial se produce un cambio fundamental en la escasa vinculación que tenía el Panamá de tránsito (ciudad de Panamá, Colón y alrededores del Canal) con el Panamá rural e indígena, y esto se constituye en un hecho importante para entender el flujo migratorio de entonces. “Estados Unidos”, relata Heckadon, “realizó una enorme inversión para defensa del Canal, construyendo más de 300 instalaciones militares. Al no haber mano de obra en Panamá llegaron hondureños, salvadoreños y nicaragüenses en una reedición de las migraciones de principios del siglo XX, de la construcción del canal francés y del ferrocarril, pero con una importante variante: una masiva y sin precedentes migración de gente joven proveniente del interior del país”.

Precisamente otro de los aspectos que subraya el informe es que “la mayoría de los migrantes no atraviesa fronteras nacionales, sino más bien se desplaza dentro de su propio país: 740 millones de migrantes son migrantes internos y casi cuadruplican la cifra de migrantes internacionales”. En el caso de Panamá, el interiorano que va llegando a la capital en busca de mejores oportunidades, llega primero al centro de la ciudad pero después busca espacio en los alrededores y va formando barrios enteros como San Miguelito, donde se establecen grupos como los santeños que llegan en la actualidad a unas 300 mil personas. “Y se empezaron a generar pugnas con migrantes internacionales como los antillanos por el control de ciertos servicios como conductores de 'pangas' y taxis”, señala Heckadon. Poco después empieza la migración indígena que va creando barrios periféricos como Kuna Nega y Loma Cová ocupadas por migrantes de Kuna Yala, mientras en Curundú se sitúan los darienitas y chocoes colombianos. “Los indígenas son los migrantes más pobres con un 95% de pobreza y un 70% de pobreza extrema”, advierte Leis.

LOS PEROS DE LA DIVERSIDAD

Tal como el resto del Caribe, Panamá se consolida como un lugar especialmente multicultural, producto de muchas mezclas. “Esta diversidad”, señala Leis, “ofrece una mayor riqueza cultural, pero esta suma de identidades requiere ciertos referentes como un mapa, un estado, una literatura nacional, música, ciertas fiestas colectivas, un territorio, una bandera. Por eso, como hasta hace unos años Panamá no tenía un territorio integrado por la existencia en su seno un enclave colonial (las bases militares estadounidenses), la consigna de los panameños era “una sola bandera, un solo territorio”.

“Panamá hoy”, continúa Leis, “es una cultura en construcción que progresivamente ha ido avanzando, es un país cosmopolita donde existe una relativa tolerancia a la diversidad, pero donde subsiste un racismo sumergido” que no se reconoce pero que permanece en el insonsciente del panameño y que sale a flote cuando se usan apelativos como “chombo” para denominar al negro antillano o “comecoco” al negro colonial.

Para Stanley Heckadon, la experiencia transitista ha hecho al panameño algo indiferente con el extraño, lo cual es un obstáculo a la hora, por ejemplo, de desarrollar el turismo. “Quizás yace en la experiencia transitista”, aventura Heckadon, “el surgimiento de una cultura que no promueve la excelencia y el buen servicio sino más bien la conformidad con la mediocridad y la búsqueda de la ganancia especulativa a corto plazo”.

Para Heckadon, “Panamá es un país físicamente pequeño pero extraordinariamente diverso” y la mezcla de esas variadas y continuas corrientes migratorias, que ha recibido en diferentes etapas de su historia y todavía persisten, le proporciona a la nación unas características muy particulares que son la esencia de la panameñidad.

Panamá es un país físicamente pequeño pero extraordinariamente diverso.

25 sept 2009

Le conviene a Centroamérica una moneda común?


El economista Jorge Barboza, aborda la temática intentado dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Se justifica 
que los países centroamericanos tengan monedas propias?.  ¿Cuáles opciones monetarias tienen estos países?. ¿No sería más conveniente que tuvieran  una moneda común, ya sea propia o una divisa como el US dólar, el Euro o el Yen?.
Una de las conclusiones a las que llega el artículo es que por el reducido tamaño de las economías centroamericanas  individualmente  y la visión de conjunto que se tiene  de las economías  de la región  desde el exterior (Centroamérica),  son elementos importantes que favorecen la adopción de una moneda  común  centroamericana,  de curso legal en todos los países


Leer artículo completo: www.secmca.org/NOTAS_ECONOMICAS/articulo25sep2009.pdf