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28 feb 2014

Recursos naturales y asociación para el desarrollo (Honduras)


Por Dr. H. Roberto Herrera Cáceres

Nuestra búsqueda del desarrollo es infructuosa porque seguimos vías equivocadas o ilusorias, cuando el camino verdadero es el que vincula la riqueza proveniente de los recursos naturales con el propósito o fin de nuestra organización estatal. Ya, desde 1825, el Sabio centroamericano José Cecilio del Valle nos recuerda, a todas las generaciones, lo siguiente: “El Gobierno que trabaja incesantemente en la conservación de la paz y la tranquilidad general de los pueblos, se ocupa con igual celo de su riqueza y prosperidad. Mira lo uno como calidad necesaria para gozar los bienes de la asociación política, ve en lo otro el objetivo final de esta misma asociación”.

Los recursos naturales son patrimonio del pueblo y, en consecuencia, los actos y contratos para su extracción y utilización deben ser transparentes; su exploración y explotación requieren ser racionales y ambientalmente sostenibles; y su producción aplicada a generar crecimiento económico inclusivo y bienestar nacional. Hacer o permitir lo contrario es mantener o facilitar corrupción, inestabilidad económica, conflictos sociales y daños ambientales y ecológicos, con grave perjuicio del mismo soberano de esos recursos.

Como se reafirma en la Visión de País y Plan de Nación para Honduras: “La conflictividad social alrededor del aprovechamiento, la protección y la conservación de los recursos naturales se ha acentuado durante la última década, siendo especialmente evidente en el sector hidro – energético, el sector forestal y la minería”. ”El uso de malas prácticas en el aprovechamiento de los recursos naturales del país, los enfoques de aprovechamiento con visión eminentemente extractiva, las deficiencias en los procesos de licenciamiento, supervisión y auditoría ambiental, así como la limitada participación social y comunitaria, hacen que el patrimonio natural del país vea limitada sus posibilidades de servicio al desarrollo económico y social y que se propicie, cada vez con mayor celeridad, un proceso de pérdida progresiva de calidad y valor que debe ser revertida”. Por lo que necesitamos apremiantemente valorizar nuestro patrimonio natural con el objetivo de: “Lograr un aumento significativo de la aportación económica y social de los recursos naturales a la reducción de la pobreza, el desarrollo humano y la generación de prosperidad para la sociedad hondureña”.

Se está promoviendo cada vez más las energías renovables, el resurgimiento de actividades mineras y el comienzo de la exploración que, en los años por venir, a nuestro juicio, será reveladora de la existencia de petróleo y gas en cantidad y calidad apropiadas para iniciar su producción comercial. Si actuamos con sabiduría, podremos así construir la plataforma de nuestro bienestar y progreso futuro.

Por ello, el Estado de Honduras debe ser previsor y, desde ahora, asegurar estratégicamente la buena gobernanza de esos recursos, con énfasis en aquellos cuya disponibilidad se reduce con la explotación, para que, en armonía con la naturaleza, se promueva y mantenga altos niveles de inversión; genere empleos vinculados con la industria extractiva y otros de importancia para el futuro de las comunidades; así como oportunidades de incorporar valor agregado nacional, fomentar la energía renovable y diversificar fuentes de trabajo e ingreso que sustenten el desarrollo local y nacional.

Hacer lo que se debe hacer en esa dirección implica, en consecuencia, el concurso activo, concertado y efectivo de buena gobernanza de los recursos, transparencia, inversión productiva, seguridad social, ambiental, jurídica y rendición de cuentas, con el fin de tener impacto positivo en la reducción de la pobreza, el crecimiento económico y desarrollo humano. Sinergia y efectividad que legitiman a todo Gobierno para tomar decisiones sobre la exploración y explotación de los recursos naturales con la determinación clara de avanzar sostenidamente hacia el objetivo constitucional de fortalecer y perpetuar el Estado de Derecho que asegure a los habitantes el respeto de su dignidad y bienestar económico y social.

Es así interés del pueblo soberano que esa interrelación esté presente en todos y cada uno de los eslabones de la cadena de valor, desde la toma de decisión de realizar actividades extractivas en un marco ambientalmente sostenible, pasando por la negociación y conclusión de contratos o concesiones, la supervisión de la producción y de los pagos e ingresos provenientes de esas actividades, hasta la utilización de los mismos para promover el crecimiento económico inclusivo y el desarrollo nacional sostenible.

Es ineludible mirar con ojos nuevos, descubrir y seguir esa ruta cierta que, para gobernantes y gobernados, es imperativa dado que conduce a atender la necesidades y dignidad de la población que es eje del desarrollo y fin o propósito de nuestro Estado de Derecho.

Hay que innovar y cambiar para poner fin a las malas prácticas y contraproducentes enfoques del pasado en la gestión de los recursos naturales y facilitar la buena gobernanza con la combinación de las potencialidades y cooperación solidaria de los diversos sectores del Estado y un mayor y activo esfuerzo de control ciudadano, reafirmando también, por este medio, la vigencia efectiva del Estado democrático de Derecho en Honduras.

En el ámbito nacional, la constitucionalidad, legitimidad y el fundamento socio – económico de esa verdad requieren impostergablemente de decisiones y políticas de Estado que retomen dicha ruta y que guíen realmente su implementación efectiva, mediante el impulso sostenido del Gobierno, Sector Privado y Sociedad Civil en asociación tripartita para el desarrollo de Honduras, con el apoyo complementario de la cooperación internacional.

En el ámbito regional, concurren igualmente esos elementos determinantes que se consignan en la Alianza para el Desarrollo Sostenible de Centroamérica, en la cual “asumimos la responsabilidad para un mejor aprovechamiento y manejo eficiente de los recursos de nuestra región” y llamamos a un cambio de actitudes, políticas y acciones que permita redefinir “integralmente las relaciones entre la comunidad internacional y los países del istmo de manera mutuamente beneficiosa”.


    Tegucigalpa, Honduras, Centroamérica, febrero 2014.





12 jul 2013

En vísperas de las elecciones presidenciales en El Salvador (2014)


Por Walter Murcia

 “Esto es unidad, porque unidad somos todos”...

 "No vamos a hacer falsas promesas”

 “siempre voy a estar al lado de las familias salvadoreñas, ese es mi compromiso…para la delincuencia no hay tregua"

Las anteriores frases son extractos de las declaraciones hechas por los principales  candidatos que corren por la presidencia en El Salvador; país que celebrará elecciones presidenciales en febrero del próximo año. A pesar que en el Código Electoral  se disponga que no se puede hacer campaña política, sino hasta 3 meses antes de la fecha de elecciones. Y gracias a que el Código Electoral (recien reformado) no define claramente que se entenderá por propaganda. Los principales candidatos, Salvador Sánchez Céren, candidato por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN); Norman Quijano, por Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y Elías Antonio Saca, por el Movimiento Unidad, parecen haber iniciado la mal llamada “contienda electoral”, expresión que alude más a una especie de lucha centrada en los votos del electorado.

La forma que toman las elecciones como “contienda” tiene su razón de ser. Principalmente en un país como El Salvador donde la democracia se reduce a lo minimalista, a lo procedimental: las elecciones. Amén también al tipo de partidos políticos que no han logrado institucionalizarse como verdaderas instituciones representativas de los intereses de la población, sino que son más bien, una especie de maquinarias electorales. 

En la campaña adelantada que se vive en El Salvador, los partidos políticos y sus candidatos van poco a poco activando todos sus recursos para atrapar todos los votos posibles.

Los candidatos ya se encuentran en campaña. No piden directamente el voto, pero en sus discursos, entrevistas en medios de comunicación, spots, redes sociales, se autoproclaman futuros presidentes de El Salvador. Y aprovechan en esos espacios, para referirse a sus promesas de campaña respecto a los principales problemas del país, es decir, inseguridad, desempleo, pobreza, bajo crecimiento económico, endeudamiento, y podría seguir la lista…

Para cualquiera de los 3 candidatos que llegue al poder. Quien sea, recibirá un país con serios desafíos en materia de gobernabilidad. 

Cada uno de los candidatos, como sucede en este tipo de procesos electorales venden al electorado su visión de país, y recrean una especie de “país de las maravillas” presentándose  como “mesías” para sacar al país del estancamiento en que se encuentra.

Norman Quijano, candidato por el partido ARENA (partido que gobernó el Ejecutivo durante 20 años - 1989-2009), quien es también Alcalde de San Salvador, centra su campaña invitando al electorado a “recuperar a El Salvador”. Pero no queda claro para quién lo van a recuperar.  Si para la cúpula partidaria que perdió el Ejecutivo en 2009; para quienes les voten o para gobernar pensando como nación. En materia de seguridad, Quijano no cree en la tregua entre pandillas, que el gobierno actual, quiera o no aceptar apoya y la ha convertido en su estrategia de seguridad. En cambio Norman, quien en su juventud fue un atleta, le apostaría a la prevención a través del deporte. No obstante, para un problema tan complejo  se requiere además de prevención, una estrategia integral centrada en la seguridad humana y en fortalecer a las instituciones de los sectores, seguridad y justicia. Pero también promover la educación y la cultura, una gran deuda en este país.

Sánchez Céren, el profesor y ex guerrillero, miembro de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) una de las organizaciones que conformaron el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en el conflicto armado que atravesó El Salvador. Y quien actualmente es Vicepresidente de El Salvador, y en su momento fungió también como Ministro de Educación. Para este candidato, El Salvador transita por una época histórica. De esa manera caracteriza al actual gobierno del FMLN. Es cierto lo de histórico, por primera vez llega la izquierda al poder luego de firmarse los Acuerdos de Paz.  Pero lo cierto es que para buena parte de la población, el "cambio" que se prometió no se materializó como se vendió en la campaña electoral. Sánchez Céren, le apuesta a la continuidad de los programas sociales y propone que para eliminar el circulo vicioso de bajo crecimiento en este país, se le apueste a la productividad nacional.

Algunos opinan que el actual gobierno, no es en su totalidad un gobierno del FMLN, dada la distancia del Presidente Mauricio Funes con el partido que lo llevo al poder. Lejos de estos argumentos, Funes deja una lección importante para quien sea el próximo presidente de El Salvador: intentar gobernar para El Salvador y no respondiendo a un determinado partido político o sector. Digo "intentar" porque Funes llega al poder apoyado por el movimiento "Amigos de Mauricio" y como una especie de pago de favores, ha colocado a algunos de esos "amigos" más allegados en puestos claves dentro de su gobierno. Además de otorgarles ciertas preferencias en licitaciones públicas como el caso de la empresa de seguridad privada COSASE. 

Pero en líneas generales, se ha presentado como el "presidente de los salvadoreños" y no de un partido (por lo menos en el imaginario discursivo). Al contrario de lo que caracterizó a los gobiernos de ARENA que claramente respondían a los intereses de la cúpula empresarial y dirigentes del partido. 

Es clave que el próximo presidente busque acuerdos con todos los sectores de la sociedad. Todos!

El tercer candidato, Elías Antonio Saca, conocido popularmente por Tony Saca, fue presidente de El Salvador  entre 2004-2009. Es empresario de medios y a pesar de concluir su mandato en 2009, se dedicó a través de sus cadenas de radios a proyectarse sutilmente en la política salvadoreña. Este candidato por el movimiento Unidad, argumenta que la falta de liderazgos en el país, lo llevo a lanzar nuevamente su candidatura. Se presenta como una opción para romper con la polarización en el país. Teniendo en cuenta que las elecciones presidenciales en El Salvador históricamente se definieron entre los partidos tradicionalmente mayoritarios, ARENA y el FMLN. Saca confía en convertir al movimiento Unidad en la primera fuerza política del país.

La gestión de Saca como presidente se caracterizó por un gobierno con “sentido humano” donde “lo social era la base de todo”.  Así como fue cercano a la gente, también se puso en evidencia que fue un gobierno cercano a la corrupción: obras inconclusas, funcionarios de su gobierno con conexiones con el crimen organizado, narco-barriles, narco-funcionarios… de acuerdo con los cables diplomáticos dados a conocer por Wikileaks, la Embajada de Estados Unidos en El Salvador desconfiaba de la probidad de Saca, por ello, los flujos de cooperación internacional de este país se redujeron.

De izq a der: Tony Saca, Salvador Sánchez Céren y Norman Quijano.


Así las cosas, entre  estos tres candidatos se encuentra el futuro presidente de El Salvador. A menos de 7 meses para celebrar las elecciones, los candidatos tienen el gran desafío de no ofrecer más de lo mismo. Sin embargo, no se observan mayores cambios en las promesas de campañas, que  van desde la necesidad de reactivar el agro hasta la promesa que la selección de fútbol de El Salvador clasifique a un mundial.

En democracias minimalistas, el ciudadano solo importa en período de elecciones. En El Salvador, tal cosa ocurre. En tiempos electorales, los candidatos están conscientes de las necesidades de la población. Realizan giras por todo el país, se vuelven cercanos al “pueblo”, parecen tener claridad de lo que conviene para el país. Pero pasadas las elecciones se vuelven como cáscaras vacías. Las promesas se esfuman.

Los tiempos cambian. La sociedad salvadoreña tiene una gran responsabilidad en la forma como se ha venido haciendo política en este país. Valdrá la pena que la ciudadanía consulte  a los candidatos cómo se concretarán las promesas de campaña, exigiendo propuestas de políticas públicas claras.  

Es positivo para la democracia salvadoreña que en los últimos años, han surgido diferentes expresiones desde la sociedad civil particularmente de jóvenes que reclaman mayor acción de parte de las instituciones del Estado y que se respete la institucionalidad. A pesar de ello, los políticos descaradamente continúan abusando de su poder y manejan al Estado a su conveniencia. Por lo que el reto para este tipo de organizaciones será además de quejarse. Proponer y actuar conjuntamente con sus pares, sobre la base de las necesidades del país, y no sobre agendas partidarias de corto plazo.

Valdría la pena que la sociedad salvadoreña asuma su parte. Y esto empieza por entender que la democracia no solo se limita al ritual de las elecciones cada cierto período, y que los "políticos" no vean al Estado, como el gran botín. 

Todo esto puede sonar idealista. Pero si no se comprende que la democracia no se constuye sola sino que requiere participación ciudadana y avanzar en lo que supone el mundo democrático (rendición de cuentas, transparencia, libertad de expresión, derechos humanos, etc.)  Se cae en la simpleza de castigar o premiar a quienes nos representan en cada elección. Limitando a la democracia, que va más allá de las elecciones, a una fiesta "cívica", a un ritual. El divorcio entre el ciudadano y la política  no permite que la llama del “espíritu democrático” que se enciende en vísperas de elecciones perdure en el tiempo y se transite a una democracia más allá de su dimensión electoral.



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(Aclaración: son 5 candidatos inscriptos. Pero en este artículo solo se hace referencia a los 3 candidatos principales que de acuerdo a las últimas encuestas estarían disputando la presidencia)

8 jul 2013

Los espíritus...

Así como en cada diciembre se despierta una especie de “espíritu navideño” (para quienes celebran). Algo parecido ocurre en cada elección política. Previo a las elecciones, cobra fuerza cierto “espíritu democrático”. Lo que tienen en común estos dos tipos de “espíritus” es que son efímeros. Tanto la navidad como la democracia responden a ciertas coyunturas, además que se han adaptado a la lógica de mercado. La navidad se traduce a regalos; la democracia, a elecciones y votos.