10 oct 2012

El factor “Dios” en la política exterior de la Administración Bush

Por Walter Murcia


A más de 10 años  de los atentados del 11-S, es difícil olvidar esa imagen de los aviones estrellándose contra uno de los símbolos más importantes de la comunidad occidental y el capitalismo financiero. Como dice el evangelio de San Mateo, “todo fue en un abrir y cerrar de ojos”.  Dichos atentados además que pusieron en evidencia el regreso de la religión a la política internacional en clave de violencia globalizada. Reflejo también las divisiones existentes entre civilizaciones. 

Vivimos en un mundo de imágenes, las cuales construyen significados e identidad, así como justifican acción. Para algunos, la palabra fundamentalista, automáticamente la relacionan al mundo árabe-musulmán. A pesar que es  en los Estados Unidos donde surge dicho término. Por lo que vale la pena preguntarse, si cuando Estados Unidos invade o ataca otro país, y apela al nombre de Dios, disfrazándolo de libertad, no cae en el mismo nivel de la yihad islámica. 

Como señala Mark Juergensmeyer, las ideas e imágenes de violencia no son monopolio de una sola religión, cualquier culto puede aportar la base ideológica para estos ataques en el entorno global contemporáneo.  Los fundamentalistas protestantes que toman literalmente la Biblia, amparados en ideas como el “pueblo elegido”, buscan que Estados Unidos cumpla su papel mesiánico en el mundo a la espera de la segunda venida de Cristo. 

En el cristianismo, a pesar de tener como referencia a Jesús quien predicó amor y tolerancia. Predominan diferentes corrientes de pensamiento, pero quizás predomina entre los grupos más radicales, una visión apocalíptica del mundo, una lucha entre el bien y el mal. Este ensayo hace un acercamiento al cristianismo fundamentalista  protestante en Estados Unidos y resalta cómo Bush, un “nacido de nuevo”, se vale del contexto que dejan los atentados, e incorpora el factor “Dios” a sus discursos para justificar y legitimar la guerra contra el terrorismo, como parte de un mandato divino, pero que tiene otras consecuencias.

La Fe en la identidad nacional estadounidense

No se podría entender el comportamiento de los Estados Unidos en el sistema internacional tanto en el pasado como en el presente, sin tomar en cuenta el papel que han tenido los preceptos protestantes, los cuales fueron parte fundamental en la configuración de este país como nación. Desde los primeros colonizadores conocidos como los “Padres Peregrinos” existía una autopercepción de “pueblo elegido” (el nuevo Israel de Dios) otorgado para ellos, por la providencia. A partir de entonces, va a cobrar fuerza la identidad mesiánica de Estados Unidos desde una clave escatológica, mesiánica y milenarista. “La llegada de los nuevos colonos a América significaba la segura derrota de Satanás…”[1] Cuando los líderes revolucionarios hablaban de “libertad” usaban un término que ya tenía implicaciones religiosas: se asociaba con la gracia divina, la libertad de los hijos de Dios, el libre acceso a los Evangelios, entre otras. Estaba relacionado con temas como el reino de Dios, en que terminaría toda opresión, y con el mito de un pueblo elegido que llegaría a ser el instrumento divino en la transformación del mundo.[2]

Con el tiempo, con más impulso a partir de la revolución norteamericana, el factor “Dios”  se fue entretejiendo con los valores, identidad y cultura política norteamericana, con lo que Lipset ha definido como el credo americano: el antiestatismo, individualismo, populismo e igualitarismo[3]. América inglesa fue poblada por hombres que, después de haberse sustraído a la autoridad del papa, no se habían sometido a ninguna supremacía religiosa. Llevaban, pues, al Nuevo Mundo (al Nuevo Israel)  un cristianismo que yo no podría pintar mejor que llamándolo democrático y republicano.[4] Esta dimensión pública religiosa es expresada en un conjunto de creencias, símbolos y rituales a los que Robert Bellah, denominó la “religión civil americana”. Se ha llegado a equiparar la revolución norteamericana con el final del Éxodo, y la Declaración de Independencia con la Biblia. En la mentalidad americana esta muy presente la idea de la muerte como sacrificio como parte esencial de la religión (ejemplo: el monumento Arlington National Cementary). Y así otros símbolos, como el himno nacional, los billetes, que incorporan la fe como parte de los valores que han sido interiorizados por la sociedad estadounidense.

Dada esa carga “espiritual” que caracteriza a esa sociedad, no es casualidad que en esta nación haya surgido un concepto, muy de moda en nuestros días, el fundamentalismo. El cual sintéticamente puede ser definido como una lectura rígida de las escrituras fundacionales. Mientras una parte de la tradición protestante de Estados Unidos comenzó a adoptar premisas racionalistas en la interpretación bíblica, otras vertientes comenzaron a nuclearse en torno al principio de la infalibilidad de las Escrituras Cristianas, como principio absoluto. Dicha corriente es conocida como evangélica en el ámbito anglosajón.[5]

Como una reacción frente al modernismo se produjo una reacción que se aferraba a la Biblia como única referencia ética, política y cultural. A comienzos del siglo XX, algunos protestantes comenzaron a llamarse “fundamentalistas” para distinguirse de los liberales, que en su opinión estaban tergiversando la fe cristiana. Entre 1910 y 1915, los magnates del petróleo, Liman y Milton Stewart, fundadores del Instituto Bíblico de Los Ángeles, financiaron un proyecto destinado a educar a los creyentes sobre los dogmas establecidos y para lo cual publicaron una colección de doce folletos titulada “The Fundamentals: A Testimony of the Truth”, que planteaban una interpretación literal de los fundamentos de la fe cristiana, la inminencia del regreso de Jesucristo, y el pensamiento protestante contra la modernidad y el liberalismo. Estos libros se enviaron gratuitamente a todos los pastores, profesores y estudiantes de teología de los Estados Unidos.[6]

El fundamentalismo de principios del siglo XX es el eje político en el que se vertebran las posiciones de gran parte del conservadurismo político-religioso en los Estados Unidos. Este fundamentalismo, en dos aspectos es una herencia del puritanismo: defiende la importancia del respeto a la ley divina a nivel de la comunidad y el destino manifiesto del pueblo elegido y predestinado.[7] Este movimiento institucionalizado en 1919-20 congregaría una serie de movimientos,  no solo a protestantes-evangelistas, sino también a algunos grupos católicos. Durante muchos años, los evangelistas protestantes americanos se mantuvieron al margen de la política. En lugar de desaparecer, empezaron a fundar nuevas organizaciones y redes dirigidas por una nueva generación de evangelistas. Los fundamentalistas también crearon sus propios imperios editoriales y de radiodifusión. Cuando llegó la televisión en los cincuenta, Billy Graham, Rex Humbard y Oral Roberts iniciaron sus ministerios como “telepredicadores” y remplazaron a los viejos evangelistas itinerantes.[8]

Al paso de unas décadas, de un movimiento de protesta, paso a transformarse en un movimiento socio-religioso, de profundas implicaciones políticas. Particularmente en reacción a los movimientos contracultura de finales de los sesenta. El fundamentalismo y conservadurismo se agrupó en torno a un movimiento denominado la “Derecha Cristiana”[9], que se constituyó en un grupo de interés clave  en el interior del partido republicano para incidir en temas como la prohibición del aborto y la prohibición de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Este grupo lo integran el movimiento evangélico blanco, compuesto por fundamentalistas, calvinistas, carismáticos, incluso cristianos “nacidos de nuevo”. Y se conforma por organizaciones como la Mayoría Moral, la Voz Cristiana, la Mesa Redonda Religiosa y la Coalición Americana por Valores Tradicionales, Liga de América, Cruzada cristiana, entre otros.

Dentro de las figuras más importantes que fundaron la Derecha Cristiana se encuentran Richard Viguerie, Paul Weyrich, Howard Phillips, así como reconocidos tele-evangelistas, Pat Robertson y Jerry Falwell. Este último, fue el  fundador de la Mayoría Moral, que buscaba un nuevo despertar religioso centrado en la renovación de la clase dirigente norteamericana que permitiera reorientar a la nación en el cumplimiento del mandato divino de iluminar al mundo. Para este predicador fundamentalista, Estados Unidos se encontraba en declive porque había dado la espalda a los valores morales y religiosos.  La nueva derecha estaba de acuerdo con el unilateralismo de Estados Unidos en las relaciones internacionales y el militarismo, en línea de revitalizar el papel mesiánico que se atribuía a ese país.

El liderazgo de la nueva derecha cristiana se expresó al ser el soporte religioso de la campaña presidencial de Ronald Reagan en 1980. Esta agrupación concebía la lucha anticomunista como una cruzada religiosa contra el ateísmo. Falwell respaldó explícitamente al programa “guerra de las galaxias” orientado a la construcción de un escudo antimisilístico. Algunos grupos eran enemigos de cualquier acuerdo con la URSS, a la que siempre habían considerado un “imperio satánico”. Para el predicador James Robison, “cualquier prédica pacifista previa al retorno (de Cristo) es una herejía… va contra la palabra de Dios; es anticristiana".[10]

La  Nueva Derecha Cristiana cultivó estrechos vínculos con Israel, mediante un discurso que enfatizó la tradición común vetero-testamentaria, y las relaciones entre el milenarismo y el mesianismo judío como justificación del papel rector norteamericano en el mundo.[11] Dicha alianza ha sido respaldada por pastores y teólogos fundamentalistas, tomando en cuenta que para el cumplimiento de la promesa bíblica de la segunda venida del Mesías, debe existir un estado de Israel –judío. Por otro lado, otros cristianos se sienten obligados a aceptar a Israel, por lo establecido en el Génesis 12:3: «Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra. Basado en este versículo, y otros intereses, se justifica el respaldo político de la derecha cristiana a toda política exterior norteamericana proisraelí.

Derek H. Davis propone cinco claves para entender las bases ideológicas de la Derecha Cristiana: a) Calvinismo, es el fundamento de base, puesto que la regeneración que se persigue está siempre referida a cómo entiende tal evento el calvinismo. b) La Ley Mosaica es la que debe regir las conductas individuales, familiares, eclesiásticas, económicas y gubernamentales. c) La existencia de Dios, la verdad de la Biblia, etc. son incontestables. d) Orden social descentralizado: minimizar el Estado y dar el poder al individuo, a la familia, a la iglesia y a las estructuras locales. e) Pos milenarismo: es la creencia de que Cristo retornará después de un periodo de paz de mil años, como se describe en el Apocalipsis.[12]

El “revival” de la violencia sagrada
El siglo XXI inicia con los ataques terroristas del 11-S en Estados Unidos, como un estreno de película, millones de personas fueron parte de dicha tragedia a través de las cadenas globales de noticias que transmitieron en vivo dicho acontecimiento. Desde un inicio la tragedia fue calificada como terrorismo y automáticamente se relacionó con lo árabe y musulmán. No era el primer atentado terrorista en territorio estadounidense, pero no habían sido de tal magnitud. Posterior a los atentados, se identificó que los responsables formaban parte de una célula terrorista islámica yihadista (Al Qaeda).

Para algunos representantes del mundo protestante en Estados Unidos, los ataques terroristas fueron un castigo de Dios, una señal de los últimos tiempos. Los resultados de esta tragedia se han circunscrito no  sólo en atemorizar a la población civil sino en la búsqueda de apoyo político y  re-encauzarlo hacia una causa mítico-apocalíptica generando fervor y  entusiasmo.[13]  El contexto marcado por alta dosis de milenarismo, significó una ventana de oportunidad para que los sectores de la derecha cristiana conservadora reaparecieran en la escena política. Falwell y Robertson aprovecharon la tragedia para reocupar el espacio mediático. Los círculos cristianos fundamentalistas desarrollaron una teología de Armagedón[14], que hablaba de una lucha atómica final entre el reino de Dios y el reino del mal.

La predicación del oficio religioso en honor de los caídos el 11 de septiembre fue encargada al reverendo Billy Graham, que hizo un llamamiento al arrepentimiento de Estados Unidos. Dijo que si Estados Unidos quería volver a vivir bajo la protección del Dios "de Israel", tenía que arrepentirse de sus pecados y seguir defendiendo el derecho del Estado de Israel a existir[15], manifestando: “Hemos pecado contra el Dios Todopoderoso (…) te hemos escupido en tu propia cara. La Suprema Corte te ha insultado una y otra vez. Señor, han expulsado tu Palabra de las escuelas. En las escuelas del Estado han prohibido que los niños puedan levantar una plegaria antes de hacer un examen. Han expulsado todo lo que tiene que ver contigo de la mejor forma que han podido y varias organizaciones han venido a las cortes a solicitar que se prohíba el conocimiento de Dios en la arena pública de Estados Unidos. ¡Perdónanos!”.

En la misma ceremonia, Jerry Falwell mencionó: “Yo creo que los paganos, los abortistas, los feministas, los homosexuales y lesbianas, quienes están activamente tratando de hacer de sus prácticas un estilo de vida alternativo, además de la gente de la Unión de Libertades Civiles de América (ACLU), la gente de People For the American Way, y todos aquellos que han tratado de secularizar a Estados Unidos, yo los señalo a la cara y les digo que ellos han ayudado a que todo esto [los atentados del 11 de septiembre] suceda(…).

Las explicaciones y creencias en términos apocalípticos no es algo nuevo en ese país. Para la guerra civil (1861-1865) los estadounidenses del norte creían que el conflicto purificaría a la nación; los soldados cantaban “la gloria del advenimiento del Señor”[16]. Los predicadores hablaban de un inminente apocalipsis, de una  batalla entre la luz y la oscuridad, entre la libertad y la esclavitud. Preveían un nuevo designio divino y un nuevo hombre que surgiría, como un ave fénix.[17]

Aunque Estados Unidos sostiene la separación de la religión y la política, ningún presidente se ha declarado indiferente a la religión. Más del 90% de norteamericanos afirma creer en Dios, un 82% cree en la vida eterna, el cumplimiento dominical es de un 60%, y otro 60% dice que cada día reza. Aproximadamente un 60% de la población se declara protestante, un 25% católica, y el resto de otras confesiones.[18] George W. Bush, llega a la presidencia por un amplio apoyo de la derecha cristiana. Bush, al igual que Carter son "cristianos renacidos". Antes de llegar a la presidencia, Bush le manifestó al predicador Robinson en 1998: “He oído una llamada. Sé que Dios quiere que me presente a las elecciones presidenciales”[19].

El 11-S marco una redefinición de la política exterior y de seguridad de Estados Unidos. A partir de estos acontecimientos se fue construyendo la imagen de nuevos enemigos y amenazas, así como nuevas alianzas. “La construcción del enemigo ha sido vital para la formulación de la política exterior de los EE.UU. durante buena parte del siglo XX, y ha sido una construcción fundamental para que EE.UU. tuviera una política consistente. Cuando careció de enemigos, se dispersó y tuvo políticas erráticas”[20].  Por lo que el terrorismo con rostro de islamismo fundamentalista se convirtió  en el nuevo  enemigo. Esa construcción fue tomando forma a través de los discursos del presidente Bush y las estrategias y documentos de política, en los cuales se incorporaron elementos teológicos, referencia a Dios, al papel mesiánico y excepcional del “pueblo elegido”.

Posterior al 11-S, Bush consideró que los acontecimientos fueron una desgracia nacional, "Ha sido un acto de guerra. La libertad y la democracia han  sido atacadas....El terrorismo contra nuestro país no quedará impune. Aquellos que han cometido estas acciones y aquellos que las protegen pagarán un precio muy alto por lo que  han hecho...[21]”  La guerra que nos espera es una lucha monumental entre el bien y el mal... Será larga y sucia... Aquellos que nos han atacado han elegido su propia destrucción.... Dios está con nosotros.... Dios bendiga América”.[22] La “guerra contra el terrorismo” parecía cada vez más que era interpretada como una operación de redención global.

La Administración Bush se valió de diferentes recursos para influir en la opinión pública nacional como internacional para obtener los apoyos necesarios que dieran la legitimidad de la guerra. Tanto Afganistán e Irak dan cuenta de esa lógica. La política exterior de Bush apeló a un mensaje con sentencias apocalípticas, morales y teológicas, como alusiones entre “el bien y el mal”, y otros elementos de la doctrina evangélica para que muchos cristianos concibieran a su propia nación como responsable de una misión divina. El pensamiento apocalíptico se alimenta del fundamentalismo protestante. Imágenes de catástrofes, terrorismo y guerras son las favoritas de la industria cultural norteamericana que se han encargado de ir recreando en el pensamiento colectivo, para que coincidan con un escenario que coincida con los “últimos días”.

El fundamentalismo religioso siempre ha estado vinculado al milenarismo y a la mentalidad apocalíptica del fin del mundo. Se alimenta de la literatura apocalíptica de la Biblia que se encuentra en  libros como Isaías, Ezequiel y Daniel. Esta visión maniquea del fundamentalismo se puede encontrar en el Apocalipsis 16,16-21 que habla del Armagedón como el lugar de la gran batalla en el que quedará manifiesto para siempre el triunfo del bien y la destrucción del mal. Algunos fundamentalistas cristianos suponen que la conflictividad en el Medio Oriente, es un prerrequisito para el retorno del Mesías.[23]  Según un sondeo de Time/CNN, el 59% de los norteamericanos piensan que los acontecimientos descritos en el Apocalipsis se van a producir, y el 25% cree que los atentados del 11 de septiembre estaban predichos en la Biblia.[24]

Kepel no se equivocaba en su planteamiento de que “Dios vuelve a la política". No existe duda, que a través de la religión se han instrumentalizado diferentes intereses a lo largo de los tiempos. “Dios” es lo que la sociedad hace de él, existen muchos “Dioses”. Diferentes gobiernos en el nombre de Dios han legitimado actos violentos. A partir del 11-S esto se puso de manifiesto en la política del presidente Bush. Al plantear en tono profético, un eje del bien y del mal, daba la pauta para incluir a los países que consideraba una amenaza para su seguridad internacional. La religión presta argumentos que pueden resultar cómodos y eficaces. El ejemplo más claro de la justificación religiosa de la violencia se encuentra en la decisión de invadir Irak en 2003. Se busco por todos los medios satanizar al enemigo, Saddam, armas de destrucción masiva, violaciones a los derechos humanos, factores esencialmente políticos y no religiosos. Nada raro, parte de la  tradición estadounidense de incluir en su política exterior una dosis de "fe" en su misión mesiánica ante el mundo.

A pesar que muchos países se opusieron a la invasión de Irak, Bush se lanzó a la guerra con el apoyo de movimientos religiosos evangélicos que habían cobrado fuerza en los años de la primera guerra del Golfo. Como los grupos de la Derecha Cristiana, Coalición Cristiana y el Sionismo Cristiano que ejercen una gran influencia en la política nacional y la política exterior de este país, sobretodo hacia Medio Oriente, región en la que tienen intereses no solo de tipo religiosos sino también de tipo económico. Es evidente que en la guerra de Irak, hubo una  mezcla de  intereses  económicos, como en las cruzadas.

 A pesar del apoyo recibido a nivel domestico por agrupaciones religiosas, dicha operación militar realizada en Irak en nombre de la paz, no tenía ninguna legitimidad frente a la comunidad internacional. Como pasa en este tipo de acontecimientos, la guerra contra el terrorismo estaba y continúa firmemente enraizada en mentiras y violencia[25]. El recurso a la religión otorgo un mayor margen de legitimidad a las acciones emprendidas por este país a nivel nacional principalmente. Desde su autoproclamación como “pueblo elegido”, Estados Unidos tiene la misión de llevar sus principios universales por todo el mundo, como Johan Galtung menciona, por mandato de Dios y responsabilidad “cuasi-divina”. Es claro entonces que nos encontramos frente a un fenómeno de "religionización de la política", a partir del cual la religión constituye un recurso de excelencia en el cual se basan y justifican las acciones desarrolladas en términos de política exterior. Para Estados Unidos, la construcción del bien y el mal, la definición del "otro", se encuentra influida entre aquellos países que aceptan o no, las disposiciones del orden liberal occidental, como el libre mercado, la "democracia liberal" y el american way of life. 
  
Claro esta  que el factor religioso que actúa a un nivel sutil del sistema de creencias, no agota la explicación para comprender la política exterior seguida por Bush. Es obvio que las continuas referencias de George W. Bush a la Biblia, a la religión, a Dios, como garantía pública de sus decisiones no definen en su totalidad los verdaderos intereses en política exterior, como garantizar la seguridad de Israel, el petróleo y reposicionarse en Medio Oriente. Pero sí, dan pautas de  interpretación de como se ven los Estados Unidos en el mundo.

Los ataques del 11-S fueron una expresión de resistencia frente a los procesos de expansión territorial, económica y cultural de Estados Unidos y Occidente en el Medio Oriente. El mundo occidental piensa que su modelo democrático y de economía de mercado es el mejor, incluso que es el único civilizado y desea extenderlo a lo largo y ancho del planeta, sin tener en cuenta y respetar las particularidades de cada sociedad. 

Estados Unidos al verse como un “pueblo elegido” y al hacer una lectura fundamentalista de "su verdad", al hacer una separación entre un “ellos” y un “nosotros”, conduce fácilmente a la brutal virulencia de las guerras de religión, a las cruzadas cristianas o a una respuesta radical de la yihad islámica. Para muchos musulmanes, es occidente el verdadero y continuo agresor contra el que han de defenderse y, en esa defensa propia, se permiten, según el Corán, guerras. Un círculo vicioso de violencia y odio para nunca acabar. 

La guerra contra el terrorismo no ha dado los resultados esperados, por el contrario, tanto en Afganistan como Irak, ha crecido el odio de muchos ciudadanos principalmente de las nuevas generaciones,  frente a las acciones de Estados Unidos y lo más grave aún es que ha aumentado el grado de radicalización de la yihad islamista. Después de las intervenciones militares de EE.UU, le siguió un escenario de guerra interna y de insurgencia donde lo que reina hasta estos días, es el desastre y la ingobernabilidad, convirtiéndose a Irak en un ambiente propicio para el accionar de las redes terroristas y del crimen organizado. La política anti-islam de la Administración Bush podría considerarse también en otra especie de terrorismo, aunque “legalmente” justificado y bendecido por el “Dios” de Estados Unidos.

Algunas consideraciones

En las distintas religiones la paz es inherente a las mismas, lo cierto es que históricamente las religiones han estado relacionadas con distintos conflictos. Dado que las religiones no son ni violentas ni pacíficas se pone en evidencia, particularmente para el caso de Estados Unidos que el factor “Dios” fue funcional como ideología legitimadora de poder para justificar la violencia y la guerra contra el terrorismo. 

El anhelo de paz es un componente en la dimensión espiritual de todas las religiones, tal como se puede encontrar en los evangelios:“Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5, 9). El primer mensaje de Cristo resucitado a los apóstoles consiste, precisamente, en el deseo de paz (Juan 20, 19-29; Lucas 24,36).

Para los Estados Unidos, los ataques del 11-S representaron un ataque contra todos los “países civilizados”, lo que no es civilización se identificó con la ‘barbarie’, esto es, el mundo islámico.[26] Bush desde antes de llegar a la presidencia manifestó que su inspiración era Jesucristo. Las guerras posteriores y la intolerancia ante el mundo árabe-musulman, así como la cruzada mesiánica militar, no recogen ni una mínima el mesianismo de Jesús. El mesianismo de Jesús, sus buenas nuevas no se apoyaban en la fuerza ni en la «violencia», sino en la proclamación de la paz. [27] Sin embargo, a nivel general existe mucho desconocimiento del Jesús histórico, y más bien, los grupos fundamentalistas se han encargado de reforzar la imagen del Jesús que dio la vida por el mundo, al estilo de producciones como  "La Pasión de Cristo". Borg destaca que la sabiduría de Jesús era una enseñanza alternativa y subversiva, el desenvolvimiento de Jesús en su contexto histórico representaba una actividad  concreta de desafío a las clases dominantes[28].

Jesús se desmarca y revoluciona la ley judaica: «Habéis oído que está dicho: ‘Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo (Lev. 3, 18; Deut. 23, 6). Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos haced el bien  a quienes os odian, y orad por quienes os persiguen y calumnian, como hijos que sois de vuestro padre que está en los cielos, el cual hace salir el sol sobre buenos y malos, y llueve sobre justos e injustos (Mateo 5, 43-46).

Existen muchos cristianos fundamentalistas que esperan con “gozo” la venida de Jesús, el “rapto” y la gran tribulación (el crujir de dientes). Estas creencias de los últimos tiempos justifica a que Estados Unidos, como la “nueva Israel” cumpla un rol mesiánico. Muchos cristianos al interpretar literalmente la Biblia, añoran “los cielos  nuevos y la tierra nueva” (Is 65,17; 66,22), mientras el mundo cada vez se va convirtiendo en un escenario de guerras y mayor intolerancia entre las civilizaciones y comunidades religiosas. Mientrás muchos esperan la intervención divina para que reine la paz en el mundo. Como consecuencia de una interpretación literal de las escrituras.

Kung señala que es “imposible sobrevivir sin una ética mundial. Imposible la paz mundial sin paz religiosa. Imposible la paz religiosa sin diálogo de religiones”. A pesar que con los avances de la globalización y las comunicaciones podría avanzarse en una especie de apertura entre las religiones, que favorezcan el intercambio y la transmisión de conocimientos entre éstas. En los últimos años, estos avances han sido utilizados para llevar a cabo ataques terroristas y guerras anti-terroristas. Cada religión monoteísta se sitúa en compartimentos estancos, en los que han delimitado, en algunos casos, su propio territorio, han construido quienes son los “buenos”, los “salvos”, etc. abundando las muestras de intolerancia. 

La verdad absoluta que defienden algunas religiones es a juicio de Charles Kimball, la  raíz de la mayor violencia que las religiones desencadenan en el mundo y en la convivencia entre los seres humanos.[29]

Es curioso como en los Estados Unidos, una sociedad multicultural, compuesta por una diversidad de religiones se ha logrado que se respete y tolere de cierta forma al “otro”, aunque esto no quiere decir que no exista el racismo, la discriminación y la violencia. Pero en buena medida, se ha sabido manejar.  Al extrapolarlo al escenario internacional una de las claves para superar los conflictos entre religiones, sería implementar en cada país políticas educativas y culturales del estudio de las religiones e incentivar el intercambio cultural entre ellas. 







[1] Ortega y Medina, Juan A. Destino Manifiesto. Sus razones históricas y su raíz teológica. Alianza Editorial Mexicana. México D.F., 1989. Pág. 16.
[2] Ruth  H. Bloch, Visionary Republic: Millenial Themes in American Thought (1750-1800), Cambridge (Reino Unido), 1985,  pp. 81-88
[3] Martin Lipset, La división continental. Los valores y las instituciones de los Estados Unidos y Canadá. FCE, México, 1993, pág. 45.
[4] Alexis de Tocqueville La democracia en América, México, F.C.E., 1994 (7ª reimpr.), p. 287
[5] Gilberto A. Bustamante. Puritanismo y Radicalismo Religioso en Estados Unidos: del Mayflower a la  Mayoría Moral. http://www.hojaderuta.org/imagenes/Identidad_y_Fundamentalismo_Protestante.pdf
[6] Karen Armstrong: Los orígenes del fundamentalismo en el judaísmo, el cristianismo y el Islam, Tusquets editores, Barcelona, 2004. Pág. 225.
[7] Bernadette Rigal-Cellard.  Ètudes, septiembre de 2003, Nº 3993, pp. 153-162.
[8] Karen Armstrong (2004)  Op. Cit. Pp. 276
[9] Samuel S. Hill y Dennis E. Owen. The New Religious Political Right in America. Abingdon, 1980.
[10] Paul Boyer, Christianity and the West, 1400-1700, Oxford y Nueva York, 1985.
[11] Isaac Caro. Fundamentalismos  islámicos.  Guerra  contra Occidente y América Latina; Editorial Sudamericana; Santiago; 2001.
[12] Derek H. Davis, Barry Hankins: New Religious Movements and religious Liberty in America. Baylor University Press, 2003; pp. 116.
[13] Kepel, G. (2002). “Los Hechos del 11 de Septiembre de 2001”. En El Mundo Después del 11 de Septiembre de 2001.  (Compilación). Barcelona, Editorial Península. pp. 25-43.
[15] Idem
[16] Charles Royster, The Destructive War: William Tecumseh Sherman, Stone-wall Jackson and the Americans, Nueva York, 1991, pp. 82.
[17] Charles B. Stronzier, Apocalypse: On the Psychology of Fundamentalism in America, Boston, 1994, pp. 173-174 y 177.
[18] El dios de Bush
[20] Juan Tokatlian. “No debemos buscar rivales, sino socios” Períodico La Nación del 10/12/05 disponible en: http://www.lanacion.com.ar/EdicionImpresa/politica/nota.asp?nota_id=763535.
[21] George W. Bush  ante los militares destinados en Afganistán, el 21 de noviembre de 2001.
www.whitehouse.gov
[22] Discurso de George W. Bush del 20 de septiembre de 2001. www.whitehouse.gov
[23] Rammy M. Haija. El looby Armagedon: el cristianismo-sionista dispensacionalista y la conformación de la política de EEUU de América hacia Israel- Palestina.  http://www.serviciosesenciales.com.ar/articulos/rammy-haija.pdf
[24] Ibrahim Warde. La inquietante alianza entre la derecha cristiana norteamericana y la derecha judía. http://www.mundoarabe.org/la_alianza_entre_la_derecha_cristiana_y_la_derecha_jud%C3%ADa_en_ee_uu_.htm
[25] Lee Griffith.  The War on Terrorism and the Terror of God, o.c., pp. 88
[26] Teodoro León Gross. El lenguaje y la guerra. Subordinación de los medios al discurso político ante el ataque sobre Irak. Disponible en:  http://www.ehu.es/zer/zer15/articulo_2.htm
[27] Willard M. Swartley . Covenant of Peace: The Missing Peace in New Testament Theology and Ethics, William B. Eerdmans Publishing Company, Grand Rapids/Cambridge 2006, pp. 15-19, 21-22.
[28] Marcus l. Borg. “Jesus and Eschatology: A Reassessment”, en En Charlesworth James H. and Weaver Walter P. (ed): Images of Jesus Today. Valley Forge: Trinity Press, 1994; pp. 42-67.
[29] Ch. Kimball, Whem religion becomes Evil, San Francisco, Harper, 2002.

3 oct 2012

Atlas de la violencia en El Salvador (Fundaungo)


Atlas de la violencia en El Salvador
(2005-2011)

El presente resumen ejecutivo representa un esfuerzo para promover una mayor divulgación del “Atlas de la Violencia en El Salvador (2005-2011)”. En el mismo se han sistematizado las estadísticas oficiales sobre los homicidios ocurridos en El Salvador desde el año 2005 hasta el 2011, y sobre los principales delitos ocurridos en el período 2007-2011. Esta
publicación se realiza con dos características novedosas: (a) desde una perspectiva territorial, es decir, elaborando cuadros, gráficos y mapas que permitan visualizar las cifras no solamente a nivel nacional, sino también a nivel departamental y municipal; y (b) presentando la información para varios años, de manera que sea posible identificar las principales tendencias.

20 sept 2012

Negociaciones de Paz en Colombia

A inicios de septiembre de 2012, representantes del gobierno de Colombia y las FARC firmaron el “Acuerdo marco general para la terminación del conflicto”, que establece un procedimiento para llegar a un acuerdo final de paz.
Este acuerdo tiene sus antecedentes en una serie de conversaciones exploratorias que se llevaron a cabo durante 6 meses en la Habana, con el acompañamiento de Cuba y Noruega, en las que se construyo una visión compartida de la visión del conflicto entre las partes.
El Acuerdo firmado se basa en 5 puntos: 1. Desarrollo rural; 2. Garantías para el ejercicio de la oposición política y la participación ciudadana; 3. El fin del conflicto armado y reintegración de las FARC a la vida civil; 4. Narcotráfico; 5. Derechos de las victimas.

El Acuerdo firmado no contempla el cese de las operaciones militares contra la guerrilla.

En las siguientes fases del proceso, los gobiernos de Cuba y Noruega serán anfitriones y garantes. Venezuela y Chile, serán acompañantes.

27 ago 2012

The Privatization of Violence and Security (ISN)


27 Aug 2012
There is a long and well-established tradition of using civilians to support defense and security policies. Prior to 1858, for example, the British East India Company used its 200,000-strong private army to impose ‘company rule’ over vast tracts of the Indian sub-continent. However, what differentiates the historical use of civilians from today’s private military and security contractors (PMSCs) is the extent to which states are increasingly outsourcing operations that were once the sole responsibility of traditional armed forces.
Indeed, the outsourcing of military activities to PMSCs began to increase after the end of the Cold War. Statistics compiled by the Congressional Research Service suggest that over 5,000 American civilian personnel were deployed during the Second Gulf War (1990-1991). Since then, the number of private contractors deployed in support of post-conflict operations has dramatically increased. It has been estimated, for example, that by 2009 there were 74,000 civilian contractors operating in Afghanistan. (The number of uniformed personnel at the time was 55,000.) The ratio of civilian contractors to regular armed forces, however, is not significant just in and of itself – it also reflects the gradual expansion of services provided by PMSCs. Civilian personnel have increasingly assumed responsibility for the protection of supply chains and staff training, to name but two examples.
Accordingly, the privatization of defense and security has become a highly lucrative business. For example, in 2005 the Departments of State, Defense and Homeland Security seemingly spent $390 billion on services provided by PMSCs. Our partners at the Center for Security Studies (CSS) subsequently and additionally estimated that the value of US logistics contracts over the coming decade (2010-2020) could reach $150 billion. Indeed, such figures suggest that the private defense and security industry is thriving even against the backdrop of declining defense expenditures among the majority of Western states.
Now, while arguments are regularly made that private contractors offer cost-effective and valuable support to supposedly less bloated militaries, relying on them has led to controversy, as illustrated by the incident in 2007 when contractors from Blackwater USA opened fire on civilians in Baghdad, killing 17 Iraqis in the process. (The contractors later claimed that the convoy they were guarding had come under attack from either direct or indirect fire, a claim that was later refuted by an Iraqi government inquiry.)
Such incidents have not only led to outright criticism of the use of civilian personnel to support military operations, they have also raised concerns over the transparency and accountability of PMSCs when they are actually assigned specific tasks. And despite attempts to regulate the industry, questions remain not only over whether the privatization of security is cost-effective, but also whether it is ethically sound. In order to cast greater light on these debates, we begin this week by hearing both sides of the PMSC debate. On Wednesday and Thursday we then test the validity of the pro-con arguments, first by looking at the industry’s performance in Iraq and then in Afghanistan. Finally, we conclude the week by looking at the growing efforts to regulate and monitor the activities of private military and security companies more effectively on the international level.

9 ago 2012

El Regímen Internacional de Control de Drogas


Por Walter Murcia.

En los últimos años, ha venido ganando terreno el argumento  que el paradigma de “guerra contra las drogas” ha fracasado, particularmente a partir de informes como el de la Comisión Global de Drogas de 2009. 

El “mundo libre de drogas” al que han venido aspirando los estados desde hace más de cincuenta años sobre la base de la Convención Única de Estupefacientes (1961), solo ha quedado en el papel y en los discursos, los plazos acordados por eliminar ciertas drogas tampoco se han cumplido. Al contrario, ha aumentado el consumo, la disponibilidad y cada vez aparecen más drogas nuevas. La aplicación del enfoque prohibicionista ha provocado consecuencias negativas y altos costos para muchos países. 

Desde inicios de los 90, algunos Estados han intentado incidir para cambiar las reglas del juego del régimen. Con el propósito de buscar soluciones al problema de las drogas, países como México argumentaban que se prestará mayor atención al consumo. Bolivia ha buscado legalizar los usos tradicionales de la hoja de coca. Y así, otros países han venido proponiendo alternativas que apuestan por la despenalización, políticas de reducción de daños y la incorporación de un enfoque de derechos humanos. La rigidez del régimen y las líneas de división entre los Estados no ha permitido que se logre un consenso sobre la necesidad de revisión y ajustes de las normas vigentes.

Este ensayo intenta hacer una aproximación del régimen internacional de control de drogas, estructurándose en tres partes. En primer lugar, da cuenta de los instrumentos jurídicos y las instituciones que sustentan al régimen, así como se destacan una serie de factores que imposibilitan la efectividad del régimen. En segundo lugar, se abordan las diferencias existentes entre los enfoques que promueven la integridad del régimen y los enfoques alternativos que han surgido dada la anomia del régimen. Y por último, se cierra con una serie de consideraciones sobre las posibilidades de cambio o continuidad del régimen.

LAS BASES DEL REGIMEN Y SUS LIMITACIONES

La arquitectura institucional sobre la que se organiza el actual régimen de fiscalización internacional de drogas se desarrolló formalmente a partir de la creación de la ONU al finalizar la II Guerra Mundial[1]. No obstante, sus antecedentes se registran con la Convención Internacional del Opio de 1912, que constituye el primer Tratado en materia de fiscalización internacional de drogas[2]. A partir de entonces se ha configurado un régimen internacional que se basa en tres Convenciones. El pilar fundamental es la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes que establece las directrices de las políticas contra las drogas actuales y limita el consumo de opiáceos, coca-cocaína, marihuana y las drogas sintéticas a usos “médicos y de investigación científica”. Se incorporan nuevas disposiciones que no constaban en los tratados precedentes, creando una tolerancia cero más estricta y un sistema de control más orientado al prohibicionismo[3]. 

Como reacción al aumentó del consumo recreativo de drogas como las metanfetaminas, extasis, mezcalina y lsd en los años 60, se suscribe el Convenio sobre Sustancias Sicotrópicas en 1971 que es­tablece directrices para la cooperación internacional y para la acción contra el tráfico ilícito. Respecto al consumo ilegal, las partes se comprometieron a tomar medidas adecuadas para enfrentarlo, pero sin obligaciones definidas. 

Por otro lado, en respuesta a la expansión del tráfico internacional y el fortalecimiento de las redes de narcotraficantes, se suscribió la Convención de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas en 1988, la cual obliga a las partes firmantes a penalizar todos los aspectos relacionados con el tráfico ilícito de drogas: el cultivo, la fabricación, la distribución, la venta, la posesión, el blanqueo de dinero, etc. Y a “garantizar que las autoridades competentes de cada estado traten dichas actividades ilícitas como delitos graves”, establece directrices para medidas de confiscación de activos, extradición, asistencia legal mutua y otras formas de cooperación[4]. 

Para lograr la aplicación universal de todas las disposiciones de los tratados y la aplicación práctica de las medidas de fiscalización necesarias, también forman parte de la arquitectura institucional, la Comisión de Estupefacientes (CE), que es el principal organismo encargado de la formulación de políticas del sistema de fiscalización de estupefacientes de la ONU. La CE está conformada por 53 representantes de Estados miembros suscriptores de la convención Única de 1961. Su mandato consiste en brindar soporte técnico a los Estados miembros para el análisis de la situación global de drogas, conocer asuntos relacionados con el cumplimiento de las convenciones, controlar las listas de clasificación de sustancias sujetas a fiscalización internacional y tiene el mandato de proponer enmiendas, nuevos tratados o declaraciones por iniciativa propia o de cualquier Estado miembro. 

La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) es un órgano independiente cuasi judicial con funciones de control internacional del cumplimiento de las convenciones sobre drogas.[5] La JIFE fiscaliza la oferta legal de drogas controladas requeridas para uso científico y médico en los países miembros por medio de un sistema de licenciamiento diseñado para evitar que la producción de fuentes ilícitas se filtre hacia el tráfico ilícito. La Junta generalmente no recurre a medidas más allá de las advertencias en sus informes anuales. Tanto la CE y la JIFE se apoyan en la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) que cumple funciones de secretaría técnica. La ONUDD coordina actividades internacionales de control de drogas, entre ellas, programas de reducción de demanda, desarrollo alternativo y fortalecimiento policial y judicial para la reducción de la oferta y la interdicción del tráfico ilícito de drogas. 

Existe una adhesión casi-universal de los Estados a las tres Convenciones, las cuales marcan las pautas de comportamiento y obligaciones de los Estados en relación con la normativa y políticas de control de drogas. “Los Estados que pasan a ser parte en los tratados tienen la obligación de aprobar leyes apropiadas, adoptar las medidas administrativas y de represión necesarias y colaborar con los organismos de fiscalización internacional de drogas y con otros Estados parte en los tratados. Así pues, las medidas de fiscalización concebidas a nivel internacional se traducen en medidas de fiscalización nacional que aplican los Estados a título individual en el marco de sus respectivos ordenamientos jurídicos[6]”. Se obliga a los Estados a penalizar y sancionar como delitos graves la posesión, compra o cultivo de drogas y brindar cooperación internacional a otros países en los casos judiciales más graves, incluyendo en ciertos casos la extradición[7]. Esto implica para los Estados la obligación de ajustar sus políticas nacionales a la normativa internacional.

De acuerdo con la JIFE (2011) el régimen de fiscalización es un excelente ejemplo de la forma en que el multilateralismo puede aportar beneficios a la humanidad, previniendo el uso indebido de drogas y el daño que causa, y asegurando a la vez una disponibilidad suficiente de drogas para las necesidades médicas y científicas, en particular para el tratamiento del dolor y las enfermedades mentales.”[8] Sin embargo, el actual régimen que permanece intacto desde hace 50 años, se ha visto limitado tanto por las incongruencias de las Convenciones, así como por las consecuencias “no buscadas” del enfoque prohibitivo de drogas que lo hacen ineficaz. 

Las principales incoherencias y ambigüedades del régimen de prohibición de drogas que más sobresalen tienen que ver con[9]: 

1. La clasificación de drogas prohibidas incluye sustancias que tienen usos no psicoactivos y no incluye otras que sí los tienen. La Convención de 1961 establece cuatro listas de drogas sujetas a diferentes niveles de control. Esta limitación tiene efectos importantes, pues no permite diferenciar entre drogas blandas y duras y no distingue la diferencia entre usuarios y adictos. Según Jay Sinha, “la clasificación de las diversas plantas y sus produc­tos derivados (no los precursores químicos usados para su procesamiento) en las listas de control más estrictas también se caracterizan por no haberse realizado según estudios científicos sino partiendo de la idea de que todos los estupefacientes eran peligrosos hasta que se demostrara lo contrario[10]”.

2. Se enfatiza en la prohibición de sustancias de origen vegetal y descuida aquellas de fabricación química. El consumo general de drogas se ha mantenido, pero se disparó la demanda de sustancias no sometidas a fiscalización internacional, como la piperazina y la catinona. Además, se imitan los efectos del cannabis mediante cannabinoides sintéticos, también conocidos como "spice" (Onudd, 2012).


3. Criminaliza o ignora usos tradicionales o religiosos, que son regulados por mecanismos específicos en estas sociedades. La hoja de coca fue incluida en la lista I, con la lista IV la más restrictiva. Uno de los objetivos que había fijado la Convención de 1961, fue “abolir” la masticación de la hoja de coca en un período de 25 años, es decir, para 1989. Ignorando que en países como Bolivia y Perú son tradiciones culturales. Sin embargo, si se excluyeron el alcohol y el tabaco que causan millones de muertes. Según un informe de la OMS, “el consumo de hojas de coca no parece provocar efectos negativos sobre la salud y, en cambio, posee una función terapéutica, ritual y social positiva en las comunidades indígenas andinas"[11]. 

4. La política policial internacional de perseguir a los jefes de los grupos de traficantes, extraditarlos y aplicarles máximas penas destruyendo las multinacionales de crimen organizado dedicadas al narcotráfico no han resuelto el problema. Además que se da un desplazamiento de mercados, “cuando la represión aumenta en un lugar, los traficantes buscan otros mercados[12]”.


5. La militarización como formula para combatir las mafias y la producción se ha demostrado ineficaz en donde se ha aplicado. El Plan Colombia presentado como un éxito y modelo está lejos de serlo.

6. La política de encarcelamiento masivo de traficantes al menudeo y consumidores de drogas ha provocado en muchos países un factor importante de sobrepoblación y hacinamiento carcelario. Estados Unidos es el país con mayor cantidad de presos en el mundo, muy buena parte de estos son recluidos por tráfico y consumo de drogas[13].

7. El respeto a la dignidad humana es parte esencial de los propósitos de la ONU, no obstante, el régimen excesivamente punitivo no ha logrado cumplir sus objetivos de salud pública y ha dado lugar a un sinnúmero de violaciones de los derechos humanos. La criminalización de los consumidores crea obstáculos para provisión de atención sanitaria. En algunos países aunque la pena de muerte es una violación del derecho internacional humanitario, cerca de treinta países en el mundo sancionan infracciones relacionadas con drogas con la pena capital[14].

PROHIBICIONISMO VERSUS PRAGMATISMO


Durante los últimos años han aumentado las críticas que afirman que los fondos dedicados a la ‘guerra contra las drogas’ se han malgastado y que el régimen de fiscalización de drogas, en lugar de favorecer la salud y el bienestar de las naciones, podría haber agravado la situación. A inicios de los noventa muchos países no satisfechos con los resultados del régimen, empezaron a ejercer cierta presión para que se consideraran otras aristas que no contemplaban los tratados, así como colocar en agenda las desigualdades en cuanto a los costos y beneficios entre los miembros del régimen.

En el marco de las sesiones especiales de la Asamblea de la ONU (1998 y 2008)[15], se ha avanzado en la incorporación de principios básicos como el de responsabilidad compartida, reducción de la demanda, así como de buscar mayor coherencia con el enfoque de derechos humanos. Sin embargo, el enfoque predominante sigue siendo el prohibitivo. Las primeras líneas de fractura en el régimen se constituyen en la comprensión que tienen los diferentes países acerca del problema de las drogas. Mientras el Norte sostiene que la demanda se puede reducir más eficazmente por medio de la interdicción, el Sur argumenta que la represión debe dirigirse a restringir la demanda en los mercados del norte.

Se calcula que unos 230 millones de personas, o el 5% de la población adulta del mundo, consumieron alguna droga ilícita por lo menos una vez en 2010 (ONUDD, 2012). Se ha puesto como meta para el 2019 haber reducido considerablemente el opio, el cannabis y la cocaína. Mientras eso ocurre cada vez crece el poder económico de los carteles, que gracias a la prohibición generada poseen el monopolio de la violencia y el negocio. Los países que se están alejando del paradigma dominante consideran que la toxicomanía es un problema que hay que aprender a manejar sin necesidad de estigmatizar el consumo moderado, y confían en que su regulación legal, tanto por mecanismos públicos como privados, ofrece alternativas eficaces de prevenir y controlar sus consecuencias sociales[16], otros agregan que lo que se busca es reducir las ganancias de los carteles.

Para los que defienden el “status quo”, las deficiencias en los resultados obtenidos hasta ahora son consecuencia de la aplicación inadecuada de los acuerdos existentes para la fiscalización de la droga. Otros países han insistido en la necesidad de procesos de “revisión”, “valoración general” e “intentar nuevas estrategias” dado los fracasos del enfoque cero tolerancia. Muchos países exigen alternativas políticas, otros ya han optado por una “deserción blanda” del régimen optando por estrategias alternativas para el tratamiento de las drogas para reducir la delincuencia, la violencia y la corrupción en sus países.

La Comisión Global de Políticas de Drogas (2011) recomienda comenzar con la transformación del régimen mundial de prohibición de drogas. Remplazar las políticas y las estrategias de drogas orientadas por la ideología y la conveniencia política, por políticas económicas responsables y estrategias basadas en la ciencia, la salud, la seguridad y los derechos humanos – y adoptar criterios apropiados para su evaluación. Revisar la clasificación de drogas que ha resultado en obvias anomalías como la defectuosa categorización del cannabis, la hoja de coca y el MDMA (éxtasis)[17].´

Cualquier intento de flexibilizar el régimen internacional vigente es visto por los prohibicionistas como amenaza a la integridad del régimen. A pesar que la idea de Bolivia es reivindicar sus derechos, y buscar una convergencia entre su cultura nacional y el sometimiento al régimen. Bolivia ha vuelto a solicitar su adhesión a la Convención, pero con una reserva sobre la prohibición del uso de la hoja de coca en Bolivia para fines tradicionales[18]. Para el presidente de la JIFE “este paso sin precedentes” de Bolivia, “va contra el objeto fundamental y el espíritu” de la Convención. No obstante, la posición de Bolivia ha sido “rechazar los juicios inaceptables”, señalando que “la JIFE y su Secretaria, de acuerdo a su mandato, debería limitarse a sugerir consultas, establecer un diálogo y solicitar explicaciones de los Estados”[19]. 


La sensación de haber alcanzado un punto muerto en el campo de las políticas de drogas ha dado pie a la aparición de grupos de presión que reivindican un cambio en la fiscalización internacional de drogas que implicaría suavizar el régimen prohibicionista – por ejemplo, modificando las Convenciones existentes en materia de fiscalización de drogas – y conceder mayor importancia a las medidas para la reducción del daño asociado al uso indebido de drogas[20]. Dentro de los límites políticos del régimen algunos Estados han optado por estrategias de reducción de daños[21], la integración de los principios de los derechos humanos y varios Estados han adoptado políticas más tolerantes en relación con el consumo de cannabis a pesar de que los tratados de la ONU lo sitúen en la misma categoría que la heroína. La despenalización de la marihuana se ha convertido en un punto neurálgico en los debates sobre la política internacional de fiscalización de drogas. El cannabis es la sustancia ilícita más consumida mundialmente: existen entre 119 y 224 millones de consumidores de cannabis en todo el mundo[22]. 

En algunos países, como Holanda, Suiza, Bélgica, Luxemburgo, España, Portugal, Irlanda, Reino Unido, República Checa, Canadá, Australia, y en algunos estados en los Estados Unidos, se han producido cambios en las leyes para despenalizar la posesión del cannabis en cantidades pequeñas[23], sobre la base de un enfoque de salud pública y no represivo. En estos países se tienen índices de consumo problemático mucho más bajos que países con leyes muy severas y gran inversión en cárceles y policías.[24] 

En los últimos años, en América Latina, ha tomado auge el debate frente a la búsqueda de alternativas para el tratamiento a las drogas particularmente tras la Sexta Cumbre de las Américas, en la que el tema se incluyó por primera vez. Algunos países del Sur, como es el caso de Argentina, Chile y Uruguay están discutiendo la posibilidad de legalizar el consumo. El caso de Uruguay es especial se busca optar por un mercado de marihuana controlado y legalmente regulado por el Estado, tanto para fines médicos como recreativos, incluyendo el cultivo y la distribución. Sin embargo, esta acción es vista como un reto al régimen internacional de control de drogas. 

Para el Director de ONUDD, "si se confirma, se trataría de un cambio decepcionante"[25]. Y agregó: "El cánnabis no es una droga tan inocente como algunos nos lo quisieran hacer creer"[26]. Estos Estados que optan por una ‘deserción blanda’, es decir, que han decidido apartarse de la línea prohibicionista de las convenciones manteniéndose, a la vez, dentro de lo que consideran que son los límites de los compromisos de los tratados, la Junta señala que “el levantamiento de los controles sobre el uso de las drogas sería una cínica abdicación de la responsabilidad que tiene el Estado de proteger la salud de sus ciudadanos y equivaldría a aceptar que una parte de cada generación ha de perderse por la adicción de las drogas”[27].
Toda está dinámica refleja que tal y como esta planteado el régimen los beneficios y costos no se reparten de manera uniforme. Algunos países pueden estar satisfechos con el statu quo, mientras otros pueden considerar que están asumiendo costos altos y recibiendo beneficios mínimos, o sea que tienen pocos incentivos para preservar el statu quo[28].

A la vez los enfoques pragmáticos que los países están adaptando pueden ser entendidos tanto como una señal de desgaste del régimen o bien una etapa de cambios en el actual régimen internacional de control de drogas. Si se tratara de un desgaste, desde hace años el régimen se podría encontrar en esa situación, principalmente por su obsolescencia. Pero si se tratase de un espacio para el cambio exigirá algún tipo de revisión de los tratados. El PNUFID en su primer Informe señaló que “las leyes incluidas las convenciones internacionales no son inamovibles y pueden modificarse si la voluntad democrática de las naciones así lo desea[29]”

¿POSIBILIDADES DE CAMBIO?

Convenciones cargadas de incongruencias, graves consecuencias  del enfoque prohibicionista, la tendencia de muchos países a una “deserción blanda” del régimen, países que  optan por alternativas centradas en la salud pública y no en lo militar-policial, son parte de las realidades que reflejan las disfuncionalidades del régimen. Pero, ¿qué hace que el régimen sobreviva? Una respuesta se puede encontrar en quienes son los artífices del régimen. 

A partir del Convenio Único de 1961 se reflejó las preferencias y aspiraciones principalmente de Estados Unidos, en su calidad de potencia mundial. Este país lideró la creación de Instituciones como la ONU, por lo que su influencia en la fiscalización de estupefacientes fue casi automática. “Durante más de medio siglo, los Estados Unidos habían estado abogando por la fiscalización internacional de los estupefacientes. Tal es el caso que la Comisión Internacional sobre el Opio, se reunió en Shanghai en 1909 por iniciativa de los Estados Unidos, país que en gran medida fueron responsables de la concreción, tres años después, de la primera Convención Internacional sobre el Opio, firmada en La Haya”. (…) Algunos analistas y expertos en la materia afirman que  “la idea de una Convención Única había sido una iniciativa estadounidense”[30].

Al analizar este tipo de normativa internacional se pone de manifiesto, que el establecimiento de las normas internacionales emerge de la búsqueda de políticas auto-interesadas. Muchas veces el derecho internacional es sobrestimado de sus reales capacidades, ya que desde esta perspectiva, el éxito o fracaso dependerá de cálculos racionales de los Estados. Es claro que para Estados con poder político y económico, la construcción de regímenes específicos les genera ganancias y les reduce los costos de coordinación y transacción, a la vez que pueden verse autolimitados. El régimen establecido hace 50 años encajó con el lanzamiento oficial de la guerra contra las drogas del presidente Nixon (1969-1974). A partir de entonces se estableció al narcotráfico como una amenaza para sus intereses nacionales y estratégicos.

El modelo recurrente es el mismo desde que Estados Unidos internacionalizara su “guerra contra las drogas”. Primero, se etiqueta como amenaza para la seguridad nacional el tráfico de drogas y otras cuestiones relacionadas, como el crimen organizado y el lavado de dinero, y después el campo de batalla se traslada al resto del mundo bajo el nombre de “guerra contra...”. Para asegurarse de que la guerra se lleva a cabo según sus normas, Estados Unidos es capaz de imponer su agenda política al resto de la comunidad internacional, ya sea multilateral o bilateralmente, gracias a sus incomparables recursos y su poder diplomático[31]. A través de las Convenciones, Estados Unidos ha determinado el comportamiento de los Estados para que se adapten a su lucha antinarcóticos.

La norma vigente basada en el enfoque prohibicionista impone serias restricciones a los países para manejar sus políticas relacionadas con las drogas reduciendo su espacio de acción. El régimen es una especie de camisa de fuerza, ya que aunque los países preferirían (por mejores o peores razones) implementar otro tipo de políticas, estos se ven constreñidos en su comportamiento. El régimen tiene un importante papel en la regulación del mercado lícito de fármacos. Por tanto, las partes no signatarias tendrían grandes problemas para conseguir el acceso a medicamentos básicos como la morfina[32].

Por otro lado, el costo que implica no observar una norma, se puede traducir en medidas de coacción aplicadas por los Estados Unidos, por ejemplo, reducción de fondos de cooperación. Por lo que se aplica la tesis que los Estados no respetan el Derecho porque los tratados poseen “fuerza obligatoria”, sino porque “temen represalias de parte de otro Estado o algún tipo de perdida en términos de reputación, o porque temen un fallo de coordinación[33]”. Por lo que los costos de abandonar el régimen son altos principalmente para países pobres. De esa manera, los Estados están dispuestos a aceptar las normas del régimen si consideran que el precio del cumplimiento es más ventajoso que el del incumplimiento.


Esto no quiere decir que la posibilidad de un cambio en el régimen actual sea imposible. Hay que tener en cuenta que los regímenes van cobrando vida propia en los cuales convergen intereses, aunque no siempre comunes. Pero que a través de la negociación y argumentación política y jurídica, diferentes países han logrado cambiar las reglas del juego en diferentes áreas de las relaciones internacionales. Pero sería ingenuo pensar y esperar  un cambio sustancial es vital sin que se tome en cuenta la posición de Estados Unidos frente al tema de control de drogas. Partiendo que es, junto a otras potencias como Rusia, "guardianes del regímen"...  

No obstante, eso no ha impedido como el caso de muchos países europeos, que en Estados Unidos algunos Estados como Washington desafían el statu quo prohibicionista. En los últimos años, en algunos estados de ese país han aprobado leyes para despenalizar la posesión de marihuana para uso personal y médico. Y cada vez, entre los estadounidenses crece el apoyo público para legalizar la marihuana  —del 36% a favor en 2006 al 50% en 2011, según una encuesta de Gallup[34]. Asimismo, en la Estrategia Nacional para el Control de Drogas de 2012 se establece un incremento en el financiamiento a programas de prevención y tratamiento. Algunas señales que  marcan un giro sustancial en la política interna en materia de control de drogas en ese país. Habría que sucede con este tema en cuanto a las  relaciones de Estados Unidos, por ejemplo con los países de América Latina y la lucha contra el narco, seguirá la misma receta?  

Ante esta realidad, donde cada vez el paradigma dominante no parece dar frutos,  Estados (pequeños) como los de América Latina tendrían que ir revisando sus políticas sobre drogas, y a un nivel internacional incidir para buscar cambios, sobre la base de una posición común. Teniendo en cuenta que son estos países donde la guerra contra las drogas deja más huella: violencia, corrupción, consumo, debilidad estatal, etc.  El contexto es propicio para que los Estados latinoamericanos aprovechen los márgenes de negociación que permiten este tipo de regímenes sobre la base o punto de partida que el paradigma dominante ha demostrado ser un fracaso. Basta ver lo convulso que se ha vuelto el triángulo norte de Centroamérica para tener una idea al respecto.

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[1] Perez Salazar, Bernardo. El Sistema Internacional de Fiscalización de drogas: Un Estado de cosas para cambiar. Novum Jus, Vol. 3, N° 2 julio-diciembre 2009. Pp. 153-188 http://portalweb.ucatolica.edu.co/easyWeb2/files/105_3332_el-sistema-internacional-de-fiscalizacian-de-drogas-un-estado-de-cosas-para-cambiar._El_sistema_internacional[1].pdf

[2] Antecedentes jurídicos del régimen internacional de drogas: Convención Internacional del Opio (1912); Acuerdo sobre la fabricación, el comercio interior y el uso de opio preparado ( 1925); Convención Internacional del Opio (1925); Convención para limitar la fabricación y reglamentar la distribución de es­tupefacientes(1931); Convención para la Supresión del Tráfico Ilícito de Drogas Peligrosas (1936); Protocolo sobre Fiscalización Internacional de Drogas sintéticas (1948), que somete a fiscalización internacional ciertas drogas no comprendidas en la Convención del 13 de julio de 1931 para limitar la fabricación y reglamentar la distribución de estupefacientes.

[3] Bewley-Taylor, The United States and International Drug Control 136–164.

[4] ONU: Comentarios a la Convención de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas, E/CN.7/590, p. 48.

[5] Este órgano se integro por primera vez en 1968 y está conformado por 13 miembros elegidos por el ECOSOC. Tres de ellos son elegidos de una lista nominada por la OMS y los diez restantes de una lista nominada por los gobiernos de los Estados miembros.

[6] JIFE. Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes. Mandato y actividades. Abril 2012. http://www.incb.org/pdf/brochures/INCB-Brochure_June-2012/INCB-Brochure_2_April_2012_Spanish.pdf

[7] Pérez Salazar, Bernardo. Op. Cit Pp. 157

[8] JIFE. Informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes correspondiente a 2011. Ihttp://www.unodc.org/documents/southerncone//Topics_drugs/INCB/INCB%202011/2011_INCB_ANNUAL_REPORT_spa_PDF.pdf

[9] Tokatlian, Gabriel. (et al.) Drogas y Prohibición: una vieja guerra, un nuevo debate. Buenos Aires (2010).

[10] The History and Development of the Leading International Drug Control Conventions», Special Committee on Illegal Drugs of the Canadian Senate, 2001, p. 6, citado en M. Jelsma: «Drugs in the un System: The Unwritten History of the 1998 United Nations General Assembly Special Session on Drugs» en The International Journal of Drug Policy vol. 14 No 2, 2003.

[11] World Health Organization. WHO/UNICRI Cocaine Project. http://www.tni.org/archives/docs/200703081409275046.pdf

[12] Thoumi, Francisco. La normatividad Internacional sobre Drogas y la Evaluación de los resultados de la UNGASS. Julio 2008. http://razonpublica.com/index.php/conflicto-drogas-y-paz-temas-30/395-la-normatividad-internacional-sobre-drogas-y-la-evaluacie-los-resultados-de-la-sesispecial-d.html

[13] “Estados Unidos debe invertir cada año 50.000 millones de dólares (36.000 millones de euros) en sus cárceles y en algunos estados esto supone un 10% del presupuesto. Nueva York, por ejemplo, destina unos 70.000 dólares (50.000 euros) por recluso que ingresa en el penitenciario de Rikers Island, una cantidad muy superior a lo que invierten estudiantes por una licenciatura en una universidad pública”. Pereda, Cristina F. Estados Unidos rebaja las penas de cárcel por posesión de drogas. Noviembre 2011. http://internacional.elpais.com/internacional/2011/11/07/actualidad/1320677714_061497.html

[14] De acuerdo con Amnistia Internacional en Indonesia, Malaisia, Singapur y Tailandia, los informes indican que un alto porcentaje de las condenas a muerte se han dictado contra personas declaradas culpables de delitos por drogas. Amnesty International. Comunicado de Prensa “Acabar con la Pena de Muerte por Delitos relacionados con Drogas”. junio 2009. http://www.amnesty.org/es/for-media/press-releases/acabar-pena-muerte-delitos-relacionados-droga-20090622

[15] En la Sesión Especial de la Asamblea de la ONU de 1998, se estableció el compromiso de un mundo libre de drogas. 10 años después en la II Sesión Especial de la Asamblea General ONU 2008 se reconoció que los compromisos se alcanzaron parcialmente.

[16] Pérez Salazar, Bernardo. Op Cit. 176

[17] Comisión Global de Políticas de Drogas. Guerra a las Drogas. junio 2011. Pp. 3

[18] Los 184 países que forman parte de la Convención Única sobre Estupefacientes tienen un año de plazo, hasta enero de 2013, para decidir sobre la readmisión de Bolivia, que debe ser sometida a votación en el Consejo Económico y Social de la ONU.
http://www.elmundo.es/america/2012/03/12/noticias/1331553224.html

[19] Respuesta de Bolivia a la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE). Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado Plurinacional de Bolivia. Febrero 2012. Extraído de Transnational Institute
http://www.druglawreform.info/es/temas/desclasificacion-de-la-hoja-de-coca/item/3226-respuesta-de-bolivia-a-la-junta-internacional-de-fiscalizacion-de-estupefacientes-jife

[20] El informe dedicó un capítulo al “Debate sobre regulación y legalización”, escrito con la intención de ir “más allá de la retórica que suele acompañar a este asunto”. Tomado de Jelsma, Martin. Las Drogas en el sistema de la ONU: la historia no escrita de la UNGASS sobre el problema mundial de las drogas. Abril 2003. http://www.tni.org/sites/www.tni.org/archives/archives/jelsma/unwritten-s.pdf

[21] Los programas más comunes son la ditribución de jeringas esteriles para usuarios drogodependientes y prevenir el contagio de enfermedades como el VIH y la Hepatitis C.

[22] ONUDD. Informe Mundial sobre las Drogas. Resumen Ejecutivo 2012.

[23] es principio de derecho internacional que la definición de los delitos sea facultad exclusiva de los Estados.

[24] Jelsma, Martin. El Desarrollo de la fiscalización internacional de estupefacientes. Febrero 2011 Transnational Institute.

[25] Fedotov, Yuri. Declaraciones del Director La Oficina contra la Droga y el Delito (ONUDD) dio a conocer su informe anual. Durante la presentación del reporte, Yuri,

[26] Sitio Andino. ONU: el proyecto uruguayo para legalizar la marihuana es “decepcionante”. Junio 2012. http://www.sitioandino.com/nota/42207-onu-el-proyecto-uruguayo-para-legalizar-la-marihuana-es-decepcionante/

[27] ONUDD 2003 pp. 3

[28] Walsh, John. Bolivia, Colombia y el fin del consenso global sobre la guerra contra la droga. 15 abril 2012. http://www.druglawreform.info/es/weblog/item/3368-bolivia-colombia-y-el-fin-del-consenso-global-sobre-la-guerra-contra-la-droga

[29] Programa de las Naciones Unidas para la Fiscalización Internacional de Drogas, World Drug Report,
(Oxford University Press, 1997,) p. 199

[30] Declaración de H. L. Giordano (Estados Unidos de América), Representante estadounidense en la conferencia para negociar la Convención Única de 1961 E/CONF.34/24, Official Records of the United Nations Conference for the Adoption of a Single Convention on Narcotic Drugs, United Nations 63.XI.4.

[31] Transnational Institute. Regímenes mundiales de control. http://www.tni.org/es/archives/acts_enforce

[32] Harry G. Levine, “Global Drug Prohibition: Its Uses and Crises”, International Journal of Drug Policy, 14 (2003) 147–148.

[33] Goldsmith, Jack & Posner, Eric, The Limits of International Law, Oxford University Press (2005)

[34] Nadelmann, Ethan. El debate para legalizar las drogas alza vuelo en América Latina. http://www.elcato.org/el-debate-para-legalizar-las-drogas-alza-vuelo-en-america-latina